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Emsu, un largo camino a casa

LA SEMANA PAMPEANA

I – La década del 30, señalan los más lúcidos ensayistas e historiadores santarroseños, representó una coyuntura fundacional para muchas de las instituciones que, andando el tiempo, tendrían un papel central en la formación de un definido carácter ciudadano. Junto con el nacimiento de la Cooperativa Popular de Electricidad y el diario La Arena, referencias ineludibles en la historia de la ciudad y de la provincia, surge una generación de dirigentes municipales que marcará a fuego a las generaciones futuras al tiempo que creará en el vecindario una arraigada expectativa sobre el rol municipal.

II – Es que, junto con la cooperativización de la prestación del servicio eléctrico y de un vigoroso periodismo que la defiende, surge ineludiblemente unida a este avance del vecindario en la conciencia social, una saga de creaciones municipales que se meten de lleno, en línea con la idea de la CPE, a disputarle el abastecimiento de la ciudad al mero afán de lucro para reivindicarlo como un área de incumbencia del Estado municipal. La creación de la panadería y de la carnicería municipal como respuesta al encarecimiento injustificado del precio del pan y de la carne, expresa no sólo una medida de coyuntura, sino todo un programa político que se propone avanzar sobre los negocios que el liberalismo reinante creía incumbencia exclusiva del capital privado y su justificación en la ganancia.

III – El rol del Estado municipal tiene en Santa Rosa, a partir de esa década, un lugar central y va conformando un paisaje económico donde a la panadería y carnicería municipales se suma el Mercado Municipal y los más antiguos servicios de prestación municipal de los servicios de barrido, limpieza, recolección de residuos y alumbrado público.

IV – De la mano de una campaña larga y persistente contra el papel del Estado y su supuesta ineficiencia, se asestó, en los 90, con la irrupción del neoliberalismo de la mano de menemismo y sus representantes locales, un golpe a este desarrollo de una autoconciencia en la propia capacidad del vecindario para autoprestarse servicios. Esa irrupción neoliberal permitió la llegada de actores extranjeros. Más de medio siglo después de la expulsión de la Sudam y su reemplazo por la CPE vecinal, el peronismo neoliberal lugareño entregó la prestación de los servicios de gas y telecomunicaciones a las multinacionales y los servicios municipales a grandes empresas nacionales. Millones se fugaron de la provincia a partir de esa irrupción que llegó a hacer peligrar hasta el rol del cooperativismo en la prestación del servicio eléctrico con las famosas turbinas a gas que se alentaba que llegaran de la mano de una multinacional.

V – Treinta años después, quienes alguna vez creyeron en la bondad de semejante entreguismo al capital privado, extranjero o nacional, hoy no pueden menos que reconocer que el resultado ha sido desastroso. Una fuga masiva de recursos y una prestación mediocre o mala de servicios que, si se hubiera confiado a los propios vecinos organizados en el Estado o las cooperativas, la realidad sería otra. Años de malos servicios y de abusos en las tarifas, permiten afirmar hoy que ha renacido aquélla confianza pionera en las propias fuerzas que nunca debió perderse en aras de una ilusión de eficiencia, muy neoliberalmente, impuesta como sentido común engañoso.

VI – Esa autoconfianza nunca se perdió en el movimiento cooperativo ni en el periodismo que surgió con él y lo sostuvo. La lucha por acceder a los vedados servicios de telefonía, internet y telecomunicaciones y su concreción luego de años de lucha, mantuvieron en alto las banderas. Al movimiento político le costó más, pero llegó, de la mano de su dirigencia más lúcida. Para reafirmar que ese mandato histórico santarroseño no distinguía partidos, lo inició el radicalismo con la reestatización de los servicios de recolección, barrido y limpieza y lo acaba de continuar el peronismo con la estatización del servicio de transporte urbano de pasajeros.

VII – En estos días de pandemia, este regreso de la ciudad al llamado que, desde la historia hicieron los pioneros para confiar en las propias fuerzas y utilizar el Estado y la solidaridad como herramientas, tiene mucho sentido. Muestra un camino. Con un país y un mundo que ha sido arrasado por una clase social y económica que en política ha demostrado ser rapaz e inepta, la salida es, ningún país hoy lo duda, con más Estado y más solidaridad. Como comprobaron con lucidez y tenacidad, y nos legaron, un puñado de dirigentes lugareños desde la modesta aldea que era la Santa Rosa de los años 30. (LVS)