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En Argentina, esto es noticia

Los lectores de LA ARENA están acostumbrados a ver en sus páginas los avisos que publican tantas personas y familias en agradecimiento por la atención recibida en el hospital Lucio Molas. Son textos breves pero sentidos, sinceros, que dejan ver, a través de la carga de dolor que invariablemente llega con la necesidad de acudir a un establecimiento hospitalario -como paciente o familiar-, una suerte de alivio por el buen desempeño de profesionales, auxiliares y autoridades, y la calidad de las prestaciones que allí se brindan.
Desde lo estrictamente periodístico puede cuestionarse el hecho de que un organismo público que funciona correctamente merezca ser destacado en un medio. Por lo general, en el ámbito de esta profesión, se acepta la regla que señala que noticia es lo que sale de la norma: un accidente, un robo, una hazaña deportiva, un funcionario -o un empresario- venal… Ergo, no entraría en la categoría de noticia el hecho de que en un hospital los enfermos reciban una buena atención.
Pero estamos en Argentina, viviendo -o padeciendo- un proceso político que, con una fuerte carga ideológica, cuestiona, estigmatiza y subestima al Estado en casi todas sus funciones; excepto, claro está, en la de brindar seguridad, el gran desvelo de las clases pudientes.
La llegada del macrismo al gobierno nacional volvió a sumergirnos en las cenagosas aguas neoliberales. Otra vez los argentinos estamos bajo el fuego cruzado de la poderosa maquinaria propagandística oficial que, a través de los medios de comunicación hegemónicos, pretende convencernos de que esconder millones de dólares en guaridas fiscales es un acto patriótico, que los CEOs de las corporaciones económicas defienden los intereses públicos aunque hasta ayer nomás estaban del otro lado del mostrador, que la educación privada es lo mejor para nuestros hijos y, en cambio, la pública es un lugar al cual «se cae» por falta de mérito, que las astronómicas ganancias de unos pocos van a «derramar» sobre el conjunto…
Desde luego, la salud pública no podía escapar de esta cruzada conservadora. Los brutales recortes presupuestarios, la degradación del Ministerio de Salud al rango de Secretaría -algo que ningún gobierno democrático se atrevió a hacer- o la compra de vacunas deliberadamente por debajo de las necesidades son algunas muestras de lo que puede hacer un gobierno que piensa al Estado en función de los negocios para una elite y no de los servicios para toda la población.
Frente a este panorama general, el agradecimiento que tanta gente plasma de las más diversas formas -los avisos son solo una de ellas- por la alta calidad de la atención médica y humana que recibe en el Lucio Molas no puede dejar de destacarse. Quien haya recorrido nuestro país habrá podido observar que en muchas otras provincias la calidad de la salud pública está muy lejos de los estándares que se alcanzaron en la nuestra, con todas las críticas que aún puedan formularse. No es para festejar a modo de triunfo deportivo; al contrario, es para lamentar.
En Noruega, el buen funcionamiento de un hospital público no es noticia. En una modesta provincia del interior argentino bajo este ciclo neoliberal, sí lo es.