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¿En defensa de la educación pública?

Acosado por la despiadada interna de su partido, en cuyas filas abundan los que rechazan la postulación a una segunda gestión presidencial y le reprocha sus años al frente del gobierno nacional, Mauricio Macri ha optado por lo que consideró un golpe de impacto en la opinión pública. Por cierto que lo fue aunque en sentido contrario al pensado. Es que Macri y sus asesores acaban de dar a conocer -y no es broma- la creación de una fundación destinada al apoyo de la educación pública y, de paso, con críticas laterales al manejo oficial de la pandemia.
Como no podía ser de otra manera, las ironías abundaron en el campo de la política y de los medios. Muchos no dejaron de señalar que el emprendimiento lleva el nombre del propio expresidente, una figura muy desprestigiada; o que el logotipo elegido tiene los mismos colores y diseño similar al de un popular sitio de búsqueda en internet.
La actividad a promover -educación- fue una de las más desatendidas por Macri durante su presidencia: redujo el presupuesto del área en casi un 30 por ciento; reprimió a maestros y profesores cuando protestaban por la eliminación de la paritaria nacional docente, piso de negociación de salarios para todo el país; se manifestó en contra de crear nuevas universidades, avalando la imposición de aranceles para acceder a ellas; anunció la creación de tres mil jardines de infantes en todo el país, de los que solamente llegaron a concretarse tres; desatendió la más elemental infraestructura escolar al punto de que, por esa carencia, se registraran graves accidentes -uno de ellos mortal- en las escuelas.
La lista podría seguir pero alcanza con citar unas palabras infamantes para con la institución que le dio al país una base social casi incomparable: habló de «caer en la escuela pública».
Esa es la persona que ahora sale impasible a criticar al actual gobierno afirmando que «el daño causado sobre los alumnos es imperdonable y tal vez irreparable». Todo indica que esta iniciativa y otras de similar calibre forman parte de la plataforma que servirán para el lanzamiento de una futura candidatura.
Posiblemente el rasgo más singular de esta fundación resulte ser su inexistencia legal. Apenas fue dada a conocer algunos legisladores investigaron en la Inspección General de Justicia, en donde comprobaron con sorpresa que no aparecía registrada legalmente. Se sabe de otra fundación también impulsada por el PRO y de nombre pretencioso -«Cambiar es posible en Latinoamérica»- que ha solicitado su aprobación y cambio de nombre (el de Macri, por supuesto) pero no incluye a la educación entre sus objetivos.
Lo que más llama la atención en este movimiento que encabeza el expresidente y secundan algunos de sus alfiles -varios de ellos procesados por irregularidades cometidas en la función pública- es la audacia del pedido, junto con la hipocresía de semejante enunciado por parte de quienes, durante su paso por el Estado, no hicieron otra cosa que agredir a la educación pública en forma sistemática.