En la vereda de enfrente

Sin proponérselo y quizás sin importarle demasiado, el gobierno nacional se instaló en un lugar de abierta confrontación con la gran mayoría de la sociedad al decidir dar batalla en el ámbito judicial para despejar el camino hacia el brutal tarifazo en el gas natural.
Jueces federales de todo el país y dos cámaras suspendieron la aplicación de los siderales aumentos porque atentan contra el derecho de los consumidores a pagar tarifas razonables y porque no se llevaron a cabo las audiencias públicas de rigor. El macrismo, en lugar de recapacitar y adaptarse a ese nuevo escenario adverso, redobló la apuesta y lanzó una ofensiva en el campo judicial a fin de imponer sus medidas. Nada le importaron las masivas demostraciones de rechazo que se ven en todo el país y que repudian este verdadero saqueo de los bolsillos de trabajadores y jubilados.
Algunas encuestas ya dicen que el mayor peso de estos desmesurados aumentos se descargan sobre las espaldas de las clases media y media-baja. Como sus integrantes no reúnen las exigencias para solicitar la tarifa social, deben pagar la totalidad de los incrementos. De ahí la reacción masiva traducida en innumerables amparos presentados en los tribunales de todo el país.
Es una dura lección para esas franjas sociales que hoy son las principales perjudicadas y que aportaron una buena porción de los votos que recibió el macrismo. Seducidas por el marketing y las promesas de “cambiar lo que está mal y mejorar lo que está bien” contribuyeron con un caudal electoral significativo para instalar en el gobierno, por primera vez, a una fuerza de la derecha empresarial. Los prejuicios contra los sectores populares y los desvelos “aspiracionales” de estas capas medias que se desviven por sentirse cerca de las clases altas, hicieron el resto. Hoy, la ardua realidad que impuso el macrismo les muestra que una cosa es pertenecer a la casta de los pudientes y otra muy distinta, emularlos.
Esta confrontación entre una iniciativa que pretende imponer el macrismo y la resistencia que despierta, instala en la arena política una clara división; una “grieta” para usar un término caro al macrismo. No es otra cosa que la lucha de intereses contrapuestos que siempre está presente entre las minorías poderosas y las mayorías populares. Por razones estratégicas, las elites y sus voceros más importantes: los grandes medios de comunicación, no hablan o disimulan la presencia de estas relaciones conflictivas. Los sectores más conservadores de los partidos populares (peronismo y radicalismo) también hacen su valiosa contribución para disfrazar esta dura realidad que caracteriza a toda sociedad dividida en clases. Sin embargo, en ocasiones el conflicto de intereses no puede ser disimulado y aflora con su feo rostro en el escenario político. Por lo general ocurre cuando están en juego poderosos intereses económicos y la apropiación de la riqueza que genera el conjunto de la sociedad.
Esa puja por la distribución del ingreso está en la base del conflicto social, y sus diferentes formas de resolución es lo que mejor define la línea política e ideológica de un gobierno. De ahí el trato despectivo del macrismo y los grandes medios de comunicación aliados contra el “populismo” y su “fiesta de consumo irresponsable”. Las clases altas quieren la exclusividad del consumo y que el resto se conforme apenas con lo imprescindible para vivir. Esta insensibilidad para aplicar un aumento tarifario tan descomunal lo muestra con claridad. Como también su política de bajar los salarios para “reducir el costo argentino”.
Al insistir con tales medidas, el macrismo se pone en la vereda de enfrente de las grandes mayorías y a la vez contribuye -con una dolorosa pedagogía- a revelar su pertenencia de clase y sus objetivos.

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