Inicio Opinion En vez de combatir el Covid-19, Trump agrede a Venezuela

En vez de combatir el Covid-19, Trump agrede a Venezuela

EL MAGNATE ES UNA GRAVE AMENAZA A LA PAZ MUNDIAL

Donald Trump es un peligro para la paz mundial. En vez de luchar en EEUU contra el coronavirus, bloquea, hace denuncias falsas y maniobras militares contra Venezuela.
SERGIO ORTIZ
El presidente norteamericano viene acumulando razones para que su población decida prescindir de sus servicios en las elecciones de noviembre próximo. Está bien que la crisis estadounidense y mundial detonada por el coronavirus, que hace estragos en la salud y la economía en ambas esferas, no es de su exclusiva y entera responsabilidad, pero una grandísima parte es suya.
En materia sanitaria subestimó y no adoptó las medidas de prevención que China, e incluso Argentina, venían tomando, que se demostraron eficaces y necesarias para morigerar la pandemia.
Las consecuencias están a la vista. Hasta ayer 8 de abril en Estados Unidos se sabía de 401.145 contagios y 12.837 fallecidos. Nueva York es donde más casos se reportan. En todo el país hubo 1.942 muertos en un sólo día, al iniciarse la semana.
Las perspectivas son sombrías. Voces calificadas de la medicina, admitidas a regañadientes y desde el anonimato gubernamental, estiman que al final de la pandemia habrá entre 100.000 y 240.000 muertos en USA. Quienes peor la están pasando son los numerosos miembros de la comunidad afroamericana y los pobres de cualquier color y etnia. Al 1 de abril 10 millones de personas desocupadas habían pedido un subsidio por desempleo.
Se suponía entonces que desde la Casa Blanca deberían salir consultas y órdenes con la búsqueda de soluciones a esta enfermedad como la prioridad para la administración. Error. Míster Trump está concentrado en agredir a Venezuela, destituir a su presidente constitucional Nicolás Maduro y eliminarlo físicamente a él y otros altos funcionarios.

La escalada.
El 25 de marzo pasado fue incautado en Colombia un lote muy importante de armas y explosivos, resultando detenido un exgeneral venezolano residente en aquel país, Clíver Alcalá, opositor acérrimo a Maduro. El apresado admitió que esas armas se habían adquirido por orden de Juan Guaidó, el «presidente encargado» y algunos miembros del gobierno de Iván Duque. El plan era atacar a Venezuela y deponer a Maduro. Era muy clara la relación del grupo criminal con EEUU, quien designó a Guaidó como seudo mandatario sin mayor éxito hasta el momento.
Al día siguiente de las detenciones, Trump y el Secretario de Justicia, William Barr, junto a fiscales de Florida y Nueva York, denunciaron al presidente bolivariano como jefe de un cartel de narcoterrorismo y pusieron precio a su cabeza: 15 millones de dólares a quien proporcione información para detenerlo. Otra docena de funcionarios también tienen orden de detención. La falaz acusación fue que habrían liberado la frontera colombo-venezolana a carteles narcoterroristas, incluyendo en tan baja calificación a dirigentes de las FARC, como Iván Márquez y Jesús Santrich.
El propósito era que el mundo, en vez de investigar el caso Alcalá, confeso adquirente de armas para un golpe de Estado proyanqui en Caracas, justificara la persecución criminal contra Maduro.
El agredido se defendió política y diplomáticamente en muy buena forma. Acusó de maccartismo y falsedad la acusación en su contra. Dijo que Trump no estaba luchando contra el Covid-19. Y también contragolpeó: el lugar de paso de la droga hacia EEUU no es Venezuela sino Colombia y el Pacífico, más otros países centroamericanos.
No conforme con montar esa farsa, Trump, el secretario de Defensa, Mark Esper, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, anunciaron el 1 de abril que frente a las costas de Venezuela realizarían el ejercicio anti-drogas y anti-terrorismo más importante de la historia. Participarán barcos, aviones y helicópteros, con efectivos del Comando Sur y otros países, entre ellos el Reino Unido.
Es otra maniobra de provocación contra un país que no fue reportado como plaza de producción de narcóticos por los organismos internacionales. Ya quedó dicho que la droga llega al mercado consumidor estadounidense desde Colombia y el Pacífico, no desde Venezuela y el Caribe.
El 31 de marzo el encargado del caso Venezuela del Departamento de Estado, el neofascista Elliott Abrams, publicó el plan norteamericano: debían renunciar Maduro y Guaidó, conformarse un Consejo de Estado como gobierno de transición, y marchar a nuevas elecciones previa deposición del más alto tribunal de justicia venezolana y del Consejo Nacional Electoral.
Traducido: el gobierno bolivariano completo debía disolverse, incluyendo la justicia, y del otro lado el títere Guaidó seguiría como «presidente» de la Asamblea Nacional. Y así sí, habría democracia para Venezuela.
El gobierno afectado recogió el guante y respondió que de ninguna manera aceptaría eso, equivalente a un golpe de Estado. Maduro puso en marcha un Consejo de Estado con la vicepresidenta Delcy Rodríguez y otros diputados, incluso de la oposición menos violenta. Será un organismo complementario de su gobierno, no como quería Trump y supuestos 22 países aliados.
Si ya era grave que desde tiempos de Barack Obama, 2015, se sancionara a Venezuela con la falsedad de ser un peligro para la seguridad de EE UU, fue más negativo que su sucesor profundizara sanciones al petróleo, finanzas y funcionarios bolivarianos. Ese bloqueo, históricamente aplicado contra Cuba, se ejecuta también contra Caracas y ni siquiera se relaja en este tiempo de pandemia, cuando se necesita importar medicinas y equipos. Cero humanidad de Trump, pero no caben sorpresas. Si no se preocupa por la salud de los norteamericanos, ¿por qué lo haría por los venezolanos?
No es la primera vez que el Comando Sur amenaza militarmente a Venezuela. Si bien esa invasión no se debe desdeñar por completo, remember Panamá en diciembre de 1989 contra Manuel Noriega, en principio el cronista cree que no habrá pronto desembarco. No porque le falten ganas ni armas a Trump sino porque el costo político y humano sería muy alto para él. Venezuela no es Barbados ni Panamá. Sus Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas FANB y sus millones de milicianos armados opondrían dura resistencia y habría miles de bajas de los invasores. Maduro ya le aclaró a los agresores que «la furia bolivariana está lista y preparada», esperándolos.
Más bien parece una amenaza imperial con fines políticos: presionar a Maduro a rendirse y retirarse bajo ese chantaje, dando lugar al plan de Abrams. Eso no tiene la menor chance. Hoy Maduro está con mucha fuerza y autoridad, con más respaldo popular por su desempeño eficaz y humanista contra el Covid-19. También en eso son dos modelos contrapuestos, el multimillonario de las Torres y el exconductor del Metro de Caracas.