Inicio Opinion Entre la ausencia de autocrítica y falsos debates

Entre la ausencia de autocrítica y falsos debates

LA SEMANA PAMPEANA

I – La elección del representante cooperativo en Empatel mostró la otra cara de un movimiento cuyos dirigentes parecen no estar a la altura de semejante paso. La Empresa Pampeana de Telecomunicaciones nació impulsada por una idea de provincia que, luego de años de desencuentros, unió a las cooperativas y a la conducción política provincial en torno a la necesidad de hacer frente al desafío de mantener la soberanía de las telecomunicaciones en manos pampeanas. La irrupción de los grandes monopolios mediáticos en todo el país y su creciente y nefasta influencia económica y política fue suficiente motivación para que el cooperativismo pampeano mostrara, una vez más, su enorme capacidad de gestionar y reemplazar monopolios foráneos por gestión local de los servicios. Pero desde el inicio hubo dirigentes confundidos.
II – Primero fueron los que intentaron puentear a la Fepamco y pedir una participación mayor en detrimento de las entidades más chicas. Ahora son los que, en vez de entender ese lugar en Empatel como una oportunidad del movimiento de tener voz y voto en la gestión de la empresa, lo han tomado como una pelea por un cargo rentado. Que haya habido tres postulantes para ese lugar y que el movimiento haya sido incapaz de consensuar un nombre ilustra sobre la pérdida de rumbo de la que hablamos. ¿Qué cambia que sea uno u otro el que allí se siente si no lo hace a título personal sino del movimiento? ¿Qué los enfrentaba? ¿Un modelo de gestión o un interés personal o de sus entidades? La paridad de la votación no hace más que confirmar que existe en el seno del movimiento una crisis no reconocida. Emerge ahora cuando queda claro que se mira ese lugar en Empatel como un cargo rentado, una porción de poder y no el fruto de la lucha de muchos durante mucho tiempo y una oportunidad histórica de hacer de La Pampa un ejemplo de gestión cooperativa de servicios.
III – En plena pandemia, un sorpresivo homenaje a José Ignacio Rucci impulsado por un diputado provincial de origen sindical desató en la provincia una fuerte polémica interna en el frente que ganó las elecciones provinciales. También, y en no menor medida, la ocasión de recordar en la cámara de representantes de La Pampa al polémico dirigente, despertó la curiosidad y el interés que una mención parcial de la historia reciente provoca en aquellos que miran el presente como el resultado de acciones, omisiones y procesos anteriores en el tiempo. Solo la ingenuidad o la desinformación puede asumir que hacer un homenaje institucional a una figura como la de Rucci, puede leerse desde una posición neutra. Un sector del frente gobernante pampeano no tardó en expresar su perplejidad por lo extemporáneo del homenaje y contrastarlo con la figura de Agustín Tosco, el dirigente de base que confrontó con el modelo burocrático que encarnaba Rucci. Pero ¿fue esa la intención del homenaje? ¿Sólo se trató de renovar la discusión entre la burocracia y el gremialismo de base? ¿O fue un intento de reinstalar la discusión entre la derecha fascistoide peronista y el ala progresista, de izquierda, del movimiento? Qué utilidad puede tener hoy el homenaje que despierta viejos fantasmas dentro y fuera del peronismo. ¿Qué puede aportar Rucci al debate de la Argentina de hoy?
IV – De escasa formación, su llegada a la cúspide de la CGT tuvo que ver más con la necesidad de Perón de sepultar las ambiciones de una parte de la dirigencia sindical que, encarnada de la figura de Augusto Timoteo Vandor, había intentado prescindir del líder y buscar la vía de hacer un peronismo sin Perón, a la medida de los factores de poder que buscaban una salida a la crisis que su proscripción política provocó en la Argentina. Rucci, que hacía de su lealtad su única virtud, fue la forma que encontró Perón, luego del asesinato de Vandor, de que ese intento que se denominó, justamente, vandorismo, no resurgiera.
V – Hoy la realidad del país no tiene punto de comparación con aquélla coyuntura. La figura de Rucci no tiene relevancia alguna para la discusión del presente dentro del peronismo, pero sí la tiene para el antiperonismo que, años atrás, comenzó a usar su muerte, treinta y pico de años después, para atacar a un gobierno peronista. Rucci hoy es una bandera del antiperonismo. Con solo guglear la palabra Rucci, aparecen en la web decenas de citas de los diarios afines al macrismo y de su hija Claudia, diputada macrista, tratando de endilgar aquél asesinato al kirchnerismo o como un argumento válido en la discusión política actual. Que su homenaje sea impulsado en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires por el macrismo y que sus fundamentos hayan sido redactados por el diputado del Pro Mauricio Viviani no permite ingenuidades en el análisis, ni deja lugar a dudas. (LVS)