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Entretener no es lo mismo que informar

El cuatrienio macrista no solamente se caracterizó por la depredación social y económica que ocasionó su gobierno sino también por la instalación de un clima de mediocridad general en el cual descollaron muchos medios de comunicación, especialmente los televisivos.
Un ejemplo cabal es lo que viene sucediendo en la mayoría de los noticieros de la televisión porteña. Dejando de lado su escaso apego al federalismo (del interior solo se acuerdan cuando hay noticias de alto impacto o catastróficas) son varios los que han perdido el sentido del equilibrio informativo que en otros tiempos supo caracterizar en términos generales al periodismo argentino. El paradigma de esta carencia está representado por uno de los canales que, en el segmento informativo del mediodía, no sólo hace centro en las noticias más truculentas sino que le dedica espacios excesivos -que pueden alcanzar diez o quince minutos sobre un total de media hora- con trasmisión en directo y secuencias repetidas hasta el hartazgo. Es cierto que las noticias policiales siempre han sido atractivas para el gran público pero su promoción sensacionalista en nada contribuye a la tarea de informar al soberano, que es lo que esos medios siempre proclaman.
Algo parecido sucede con la información que proviene del exterior. Salvo que el acontecimiento sea muy resonante los directores de los informativos parecen haber perdido el sentido de la ubicación del contexto y la secuencia de hechos que caracterizan al desarrollo de tales sucesos. A menudo el televidente se encuentra de pronto frente a noticias de aparición súbita, sin antecedentes que permiten entenderlas. Por su importancia fulguran un par de días y luego se apagan, sin continuidad en las coberturas que expliquen las consecuencias que tuvieron.
Otro aspecto que ilustra este panorama en los espacios televisivos son los informes sobre el clima. Inmunes a los avances científicos y técnicos las emisoras de TV nacionales siguen utilizando dibujos de nubecitas que dejan caer gotas, soles radiantes anunciando el buen tiempo o arbolitos que se inclinan si se anticipan vientos. Esa concepción infantil de la predicción temporal es a menudo inexacta e incompleta ya que, como se dijo, para varios de esos informativos solamente existe la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. El hecho causaría risa si no fuera porque, a la luz de los avances tecnológicos, resulta penoso ver y comparar lo que realizan las emisoras extranjeras que pueden verse aquí. Sus informes tienen magníficas caracterizaciones del tiempo por estar basadas en imágenes satelitales actualizadas al día y hora de la emisión. La televisión española, por caso, en su pronóstico no solamente cubre la Península (con un nivel de detalle más que notable) sino que también abarca todo el continente americano, aunque con mayor énfasis en el hemisferio norte ¿Por qué la Argentina que tiene -o tenía hasta el advenimiento del macrismo- una avanzada tecnología satelital, no puede hacer lo mismo?
Todo indica que no hay demasiado interés, lo cual viene a confirmar que para casi toda la TV argentina lo importante no es informar sino entretener.