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¿Es democrática la derecha argentina?

El acto opositor del sábado en la porteña Plaza de Mayo, con su macabra exhibición de bolsas mortuorias, viene confirmar lo que sostienen no pocos analistas políticos: la derecha argentina, al igual que lo que ocurre en otros países del mundo, ha virado sin tapujos hacia la ultraderecha. El año de la pandemia la dejó expuesta en toda su desnudez. Primero, sus dirigentes convocaron a movilizaciones para protestar contra las medidas de aislamiento social sin reparar en el alto riesgo de contagio masivo; y después salieron a boicotear todos y cada uno de los actos del gobierno tendientes a proteger a la población. En esa campaña de hostigamiento no dudaron en mentir con descaro sobre la eficacia y la seguridad de las vacunas, y llegaron al extremo de calificar a una de ellas como «veneno» y a proponer o divulgar «remedios» contra el virus consistentes en sustancias tóxicas.
Es difícil encontrar un ejemplo parecido en otras latitudes de una alianza de fuerzas opositoras que pusieran tanto empeño en torpedear las medidas sanitarias del gobierno destinadas a afrontar la pandemia.
La reciente exhibición de los ataúdes de plástico, que portaban nombres de referentes políticos y defensores de los derechos humanos, debe reconocerse que no es novedosa. Semanas atrás tuvo lugar en dos ciudades del interior: Córdoba y Bariloche, actos convocados por los mismos espacios opositores en los cuales se exhibieron grandes muñecos ahorcados que simbolizaban al presidente y la vicepresidenta de la Nación. En uno de ellos, los que participaban de semejante manifestación vestían atuendos y máscaras idénticos a los que usan los miembros del Ku Klux Klan, la organización de extrema derecha norteamericana.
Estas violentas expresiones públicas no hacen más que reactualizar las inquietudes de siempre: ¿es democrática la derecha argentina, hoy devenida en ultraderecha, o apenas se ha resignado a aceptar a regañadientes las nuevas reglas del juego político tras la finalización de la última dictadura militar en 1983?
Estas manifestaciones que comentamos, así como algunas acciones del último gobierno macrista como la maquinaria de espionaje ilegal y la exaltación de la violencia en los recordados casos Maldonado, Rafael Nahuel y Chocobar, entre otros, son harto elocuentes. En los comienzos de la pandemia, el actual jefe del gobierno nacional hizo público el llamado telefónico que recibió de su antecesor cuestionando la cuarentena sanitaria. «Que mueran los que tengan que morir», fueron las palabras que el ex presidente usó para expresarle a su sucesor lo que creía conveniente hacer a fin de no afectar a la economía. La elección de priorizar los resultados económicos por sobre el cuidado de la salud y la vida de las personas no sorprendió demasiado conociendo al autor de la frase, y dejó bien claro su ubicación en el extremo derecho del arco político-ideológico.
Hay quienes podrán alegar que los autores de este mensaje que exalta a la muerte en el país de los 30 mil desaparecidos son minoritarios, pero lo cierto es que ninguno de los dirigentes que convocaron al acto elevó su repudio. Ese silencio habla por sí solo.