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¿Es la solidaridad un valor político?

PUNTO DE VISTA

PABLO TOMAS RICCI
Recientemente se dio tratamiento y aprobación en sesiones extraordinarias del Congreso a la Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva. Como se advierte a simple vista, esta serie de medidas fundamentalmente de corte económico, y tendientes a morigerar la situación de sufrimiento de los sectores más vulnerables de la sociedad, es calificada por el Poder Ejecutivo que envía el proyecto, como una norma que contiene en sí misma un sentido solidario. Recientemente he podido escuchar varias voces del «establishment» que se refieren peyorativamente a la solidaridad como valor integrante de las soluciones políticas. En el ideario liberal de estos operadores económicos, la solidaridad se identifica con el concepto de «caridad», y por lo tanto, realmente les resulta inadmisible que se incluya en una norma relativa a cuestiones económicas, mucho más si se esgrime como uno de los fundamentos de su sanción. Presentada la contienda, resulta fácil establecer que tanto la apelación a la solidaridad como la crítica a la misma, tienen anclaje en los diferentes proyectos ideológicos que cada sector estima como necesario para el mejoramiento de la sociedad.

Un valor.
La solidaridad es fundamentalmente un valor moral, que además integra la constelación de valores religiosos, humanos y de otras características. Es decir, participa como elemento de unión y cohesión social en torno a la consecución de fines o metas comunes de las sociedades, contribuyendo a compactarlas y facilitando así la consecución de los fines propuestos.
Desde mi convicción política peronista, veo a la solidaridad como un valor esencial en el modelo de sociedad que el peronismo propone. La lucha por las tres grandes banderas -Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social-, incluye en este tiempo la necesidad imperiosa de la unidad latinoamericana con la dosis de antiimperialismo que esta concepción conlleva, y de adhesión al feminismo como único movimiento antisistémico surgido de las nuevas generaciones de argentinos, y que corta transversalmente a todos los partidos y movimientos políticos. También debe tenerse presente y luchar por el mantenimiento de un ambiente sano y sustentable para las nuevas generaciones. Todas estas postulaciones de orden político tienen sin duda un correlato solidario por cuanto son propuestas que se efectúan para el conjunto de la sociedad civil, de ahora y del futuro, y porque reafirman el sistema democrático, ya que estoy convencido que la democracia es un sistema edificado sobre la virtud ciudadana, donde cada uno actúa en defensa de sus intereses y derechos, pero respetando la ley y las posturas ajenas, ya que la mentira y la traición no forman parte de los valores que fortalecen la democracia sino que por el contrario la debilitan.

«Hacer juntos».
De lo expuesto hasta acá, y siempre según mi concepción, concluyo que la solidaridad sí es un valor político, y muy importante para el fortalecimiento y sostenimiento de la democracia, sistema que se perfecciona y se supera a sí mismo mediante el interactuar virtuoso de los ciudadanos que la practican. La concepción liberal y la neoliberal se han limitado a hacer de la democracia un cascarón vacío de contenido que redunde en beneficios concretos para los ciudadanos, y de ahí que vean a la solidaridad como sinónimo de la caridad, cuando es obvio que son cosas bien distintas, ya que la caridad podría resumirse a dar lo que sobra, y la solidaridad exige no solo el dar sino el compromiso de «hacer juntos», que garantiza un producto sostenible en el tiempo y con una mucho menor intensidad de conflictos a futuro, porque parte de la decisión conjunta luego del debate libre y profundo. Por esto es frecuente encontrarnos con personas y medios hegemónicos o no tanto que apelan a intentar mostrar una determinada regulación impositiva (por ejemplo retenciones a la producción en la actividad agropecuaria, minera u otra) como sacarle a unos para darle a otros, que serían quienes no lo merecen por no trabajar para conseguir ese producto. Tremendo error: es viejo el ejemplo del profesor que demuestra que no todos en la sociedad partimos desde una misma línea, y también es conocido y lo sufrimos a diario, el prejuicio creado en la sociedad o en parte de ella, sobre la supuesta «holgazanería» de los pobres, como si prefirieran vivir de un plan en lugar de tener trabajo digno y un ingreso familiar mínimamente decoroso. Por eso suelo sostener que este país está enfermo de «insolidaridad», ya que muy pocos están dispuestos a ceder parte de su riqueza en beneficio de un desarrollo armónico de la sociedad, sin que sepamos a ciencia cierta cuánto de bien habida tiene la fortuna del que reniega de los pobres.

El otro.
Por lo expuesto reafirmo la vigencia y necesidad de la expresión que supo ser el nombre de un programa nacional de rescate de los sectores más vulnerados, cuando se decía «la patria es el otro», expresión que a mi entender resume claramente que la solidaridad es un valor político insoslayable a la hora de concretar políticas de reconstrucción de una sociedad y una economía devastada por la acción disolvente del gobierno neoliberal encabezado por Macri.