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Esa mirada de clase

Entre los grandes medios porteños, el interés por el patrimonio de los dirigentes políticos es inversamente proporcional al interés por el patrimonio de la elite empresarial. La doble vara funciona a todo vapor cuando se trata de enfatizar o minimizar la acumulación de bienes por parte de determinadas personas o grupos de personas. La mirada de clase es tan ostensible que de nada sirven las apelaciones al «periodismo independiente» con las que fatigan a sus audiencias.
En los últimos días se nos presentó un nuevo ejemplo. En titulares destacados tanto Clarín como La Nación y los numerosos satélites de ambas galaxias mediáticas le dieron amplia cobertura a la declaración jurada de bienes del diputado nacional Máximo Kirchner, con profusión de datos sobre la evolución patrimonial. Con algunas notorias excepciones, ese interés no se trasladó al resto de los legisladores ni a los integrantes de los otros poderes del Estado; el referente de La Cámpora poco menos que monopolizó la mirada escrutadora del «periodismo serio».
¿Cuál es el pecado cometido por el legislador para despertar este caso evidente de «discriminación positiva» periodística? No hace falta demasiada lucidez para advertirlo: en primer lugar, ser hijo de Néstor y Cristina Kirchner, el matrimonio más aborrecido por la prensa corporativa, y heredero de los bienes de ambos. Y en segundo lugar, ser uno de los autores -junto con Carlos Heller- del mal llamado impuesto a las grandes fortunas, una iniciativa que desató la furia de la derecha política y mediática.
La cruzada para torpedear esa contribución por única vez que afecta a menos de diez mil personas -el 0,02 por ciento de la población- que tienen un patrimonio superior a los 200 millones de pesos, alcanzó ribetes humorísticos. Como se sabe, lo recaudado por ese mecanismo -similar a los que se están implementando en otros países- se destinará a reparar el severo daño socioeconómico que viene provocando la pandemia de coronavirus. Pero ni siquiera esa finalidad más que justificada le pone freno al griterío desaforado del macrismo y sus aliados mediáticos. Algunos no se avergüenzan de decir que el límite es «muy bajo» y que afectará a «demasiadas» personas; otros alegan que el gobierno «persigue» y «hostiga» a los ricos, y no faltan los que sin sonrojarse dicen que afectará a las Pymes…
No extraña demasiado entonces que, entre tantas insensateces, se hayan encarnizado con el diputado Kirchner como si fuera el único dirigente acaudalado -por lo cual deberá abonar él también la contribución de su propia autoría- y se olviden de tantos otros que incluso lo superan en capital.
Otros medios sin tanto nivel de crispación y arbitrariedad -este diario entre ellos- publicaron las declaraciones juradas de varios legisladores. Esa forma de presentar el tema, más cercana a la práctica periodística rigurosa y leal con las audiencias, permite ver que no son pocos los adinerados y, detalle nada menor, pertenecen a casi todos los espacios políticos.
Como suele advertir Alejandro Dolina: la realidad es compleja y multicolor, por lo tanto debemos estar alertas ante los que la presentan como binaria y en blanco y negro.