Escasez de inocencia en la historia del hombre

Señor Director:
Al releer mi propia nota sobre el tema Roca, mapuches y genocidio, me pregunté si no pecaba de “realismo” o mezquinaba piedad.
Mi tendencia natural es proclive a la esperanza y creo que esta tendencia es también dominante en nuestra especie. Cuando vamos hacia el pasado hallamos frecuentes testimonios de crueldad: crueldad extrema y también, en casos, innecesaria. Es posible que éste sea un rasgo del universo (de todo lo dado) como se sospecha al leer cuántos años tardará en apagarse nuestro Sol o cuando se conoce más, mediante el telescopio o la interpretación de las ondas mensajeras que surcan el espacio, lo que se comprueba no es lo piadoso sino lo implacable del acontecer. En el comportamiento humano que conocemos al reconstruir la historia de la especie hallamos frecuencia de actitudes generosas y solidarias, pero eso no tanto como actitud colectiva sino individual, lo que podría revelar que al hacerse a sí mismo, casi como un rebelde de lo natural, el hombre se esfuerza por ser menos implacable, sobre todo para con la propia especie, aunque últimamente también se manifiesta atento al daño ecológico y mejora su mirada con respecto a los irracionales.
Cuando hablamos del relato que vamos reconstruyendo sin completar, acerca de la historia del hombre, la presencia de la crueldad, de la dureza, de lo implacable, se posiciona centralmente. Tiempo después del descubrimiento de América los europeos occidentales alumbraron la leyenda del “buen salvaje”, que sería el que navegantes y colonizadores encontraron en América. Hay ecos de esta leyenda y su difusión en las grandes obras literarias, incluso en Shakespeare. Sin embargo, el mejor conocimiento de las culturas americanas disolvió esta leyenda. Ya más cerca nuestro en el tiempo, un escritor como Anatole France (en La Isla de los Pinguinos) pudo imaginar una escena del santo Mael. Contemplaba éste desde una altura, a la distancia, el trabajo de un hombre en un pedazo de tierra y se exaltaba creyéndolo una expresión de armonía con la naturaleza. Cuando aparece un guerrero y mata sin motivo aparente al campesino, apoderándose de tierra y herramientas, Mael corre desaforado hacia el lugar para advertirle su crimen al guerrero, pero entonces tercia el diablo, que lo detiene y le dice: -Calma, Mael. Gocemos de un momento que tu iglesia reverenciará, pues asistimos al nacimiento del sagrado derecho de propiedad.
En cuanto al genocidio, que es una expresión extrema de maldad, hoy la humanidad lo condena en la legislación internacional y nacional. Pero toda legislación que condena una forma de crimen, se crea porque esa forma de crimen existe y lo que la ley propone es concertar acciones para terminar con él. Lo mismo sucede con los acuerdos para proteger el ambiente natural: los venimos repitiendo desde el siglo pasado y algunos controles están surgiendo y otros están propuestos. Pero, la agresión sigue y se puede pensar que mientras haya petróleo y otros combustibles fósiles disponibles, los alternativos deberán esperar su turno, cualquiera sea el precio que la humanidad deba pagar.
Hace unas semanas, luego de bombardeos en la zona de Alepo, algún fotógrafo o alguna autoridad eligió un niño rescatado vivo de entre los escombros, lo sentó en un lugar y le tomó fotos expresivas del anonadamiento del pequeño. La foto recorrió el mundo, mientras los bombardeos seguían en Alepo y otros lugares de Siria, del mismo modo que sigue la lucha en cuanto lugar alguna potencia dice haber “pacificado” o “liberado” en estos años: Irak, Afganistán, Libia, gran parte de medio oriente, Pakistán… su ruta.
La tradición habla de matanza de inocentes y todavía tenemos un día de la inocencia. El relato hebreo y el bíblico hablan de eso y conviene tener presente que no se trata de hechos imaginarios. La imaginación no es creadora, es esclava de la experiencia.
Atentamente:
Jotavé

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