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Escritor domesticado por el neoliberalismo

Con un desparpajo tan grande como su desconocimiento de las circunstancias que comenta, el escritor Mario Vargas Llosa se ha permitido recientemente el empleo de una serie de calificativos para con nuestro país tan agraviantes como equivocados.
En su opinión los argentinos somos «suicidas» y hasta «desastrosos en (nuestras) concepciones políticas», y se permitió augurar resultados «catastróficos» bajo la gestión del actual gobierno.
Las razones de semejantes dislates radican en un más que exagerado elogio al gobierno de Mauricio Macri, cuya derrota en las recientes elecciones «lamenta profundamente». Para completar opina que el gradualismo aplicado «fue un error» y que el equipo macrista «era magnífico».
Lo que desconcierta es que quien formulara juicios tan temerarios es uno de los escritores más destacados de la lengua castellana, recientemente distinguido con el Premio Nobel de Literatura, que implica una consagración mundial en la materia; se puede convenir entonces en que una crítica con semejante pedigrí, al margen de ser o no compartida, se lee y considera en todo el mundo.
Sin embargo, si tenemos en cuenta la siempre vigente expresión de Ortega y Gaset -«yo soy yo y mi circunstancias»-, el caso de Vargas Llosa ofrece otras aristas de análisis muy dignas de ser tenidas en cuenta. En principio este escritor, cuyos méritos literarios son innegables, ha protagonizado una suerte de deriva política desde sus iniciales defensas del socialismo como sistema de vida (idea que compartió con otros grandes escritores de su generación) hasta su actual militancia en el conservadurismo neoliberal que lo llevó a ser capaz del pronunciamiento señalado y de otros del mismo tenor.
Qué pudo sucederle a este hombre para caer en semejante mutación ideológica es algo difícil de adivinar. Se puede pensar acaso que el acceso a la fama y a los halagos que conlleva, obtenidos por sus habilidades de escritor, le dieron pie e impulso para militar decididamente entre las huestes que antes denostara. La nueva postura le fue largamente recompensada por los poderosos círculos sociales que lo promueven y también lo utilizan: giras frecuentes por el mundo, una casa lujosa en Madrid, el acompañamiento de una guardia de seguridad en determinadas ocasiones, su casamiento con una de las estrella de la elite europea y el un tanto ridículo título de marqués con el que lo obsequió la corona española. Con semejantes atuendos y lisonjas imposible que no apoyara a Mauricio Macri y su gobierno, aún faltando a la verdad.
Algunas voces quizás puedan objetar que, más allá de sus desafinadas declaraciones, este personaje pertenece a un mundo muy lejano a nuestra provincia, como para justificar el comentario. Sin embargo tales objeciones son parcialmente válidas. Mario Vargas Llosa es vastamente conocido entre los lectores pampeanos, que no son pocos y su trayectoria -como la de cualquier personaje público- completa su perfil. Además, y no es un dato para desmerecer, se da la circunstancia de que la provincia posee una universitaria pública en donde la literatura ocupa un campo de estudio privilegiado en cuyo abordaje los autores no pueden ser solo referencias laterales o descontextualizadas.