domingo, 22 septiembre 2019
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Esquirlas antes del amanecer

LA RELACION CON BRASIL

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en la antesala del período electoral, había sido enfático en su apoyo a la reelección del presidente Mauricio Macri. Contrariamente a lo esperable, tras el resultado de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), donde Fernández obtuvo el 47,1% de los votos, 15 puntos por encima del actual mandatario, el ultraderechista no moderó el tono en relación al ganador.

«Como Venezuela».
Primero, en un discurso el lunes, Bolsonaro arengó a los habitantes de Rio Grande do Sul, un estado fronterizo del que dijo que, de confirmarse el triunfo de Fernández, podría convertirse en un destino para los argentinos, que comenzarían a «huir» de su país, equiparando la situación con la de Roraima, en el norte amazónico, donde se establecieron decenas de miles de venezolanos que escapan de la crisis política, económica y humanitaria que sufre su país. Fernández respondió sin bajar el tono. Cuando le consultaron por las declaraciones del brasileño, sostuvo que «es un racista, un misógino, y un violento», y aprovechó también para demostrar su apoyo al líder del Partido de los Trabajadores (PT), y ex mandatario de Brasil, Lula Da Silva, hoy preso en Curitiba. «Lo que le pediría al presidente Bolsonaro es que lo deje a Lula libre y que se someta a elecciones con él en libertad».
Un día después, en el estado nordestino de Piauí, Bolsonaro redobló la apuesta. «Vean lo que pasa en Argentina, está sumergida en el caos, comenzó a transitar el rumbo de Venezuela porque en las elecciones primarias delincuentes de izquierda comenzaron a volver al poder», aseguró.
Lo que durante la campaña parecía un intercambio verbal, en el que el presidente brasileño actuaba al límite de la diplomacia, hoy asoma como el primer problema internacional que debe enfrentar quien aún no es siquiera presidente electo, ya que al tono extremadamente agresivo de Bolsonaro, se agregaron amenazas del hombre fuerte del área económica, el ministro Paulo Guedes, quien puso en duda la continuidad del Mercosur, además de repetir, literalmente, el guión del sector del oficialismo que desconoce las posibilidades de Alberto Fernández de ocupar plenamente su rol como presidente.
«El Mercosur es un vehículo para que abramos la economía y si (Cristina Fernández de) Kirchner entra y quiere cerrar la economía, nosotros salimos del Mercosur; vamos a abrir la economía de cualquier forma», aseguró el funcionario, uno de los principales articuladores del acuerdo con los países europeos. Muy distinta a la postura de acercamiento que mantuvo con Macri en junio pasado, cuando, de visita en el país, sugirió que la Argentina y Brasil podían adoptar una moneda común.
Las declaraciones de Guedes y Bolsonaro no pueden tomarse de manera liviana, por el peso de Brasil, porque recuperan internas existentes en el país vecino y porque dejan abiertos dos frentes que Alberto deberá enfrentar incluso antes de asumir, si llegara a convertirse en presidente electo.

Demasiado ruido.
La comparación entre Argentina y Venezuela no tiene, a nivel internacional, el mismo peso que, como un casi grotesco eslogan de campaña tiene a nivel interno. Argentina integra hoy el Grupo de Lima junto a otros doce países, entre ellos Brasil, Chile, Perú y Paraguay, que consensuaron una postura de presión sobre el gobierno de Maduro, a quien sindican como dictador, al tiempo que reconocieron la autoproclamación de Juan Guaidó como Presidente, refrendado por la Asamblea Nacional. Esta posición, que acercó a Macri con su par brasileño, podría cambiar con una gestión de Fernández, quien se mostró más cercano a las posiciones de México o Uruguay.

El primer desafío.
Las amenazas y declaraciones agresivas, injuriantes o degradantes pueden ser respondidas o ignoradas por el candidato Alberto Fernández de acuerdo a la conveniencia de la campaña, pero su persistencia, tono y el hecho de que no vengan exclusivamente de las necesidades de arenga del presidente brasileño, sino que obedezcan a un esfuerzo concertado para dañar una relación que en Argentina se considera estratégica. Es posible que, de resultar electo en octubre, Fernández deba atender la relación con Brasil incluso antes de asumir, y con mayor urgencia que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
La posibilidad de establecer relaciones fluidas con la burocracia estable de la cancillería brasileña, los militares, sectores empresariales y de la sociedad civil, la posibilidad de coincidir con algunos o todos estos sectores en cuestiones claves como la actuación en la región, la relación con China, el acuerdo con la Unión Europea o la colaboración existente en materia nuclear serán claves para encarrilar un vínculo en el que la diplomacia presidencial aparece compleja. Alberto Fernández deberá pensar también como responder ante una agresión que, si fuera presidente de los argentinos, lo sería contra su investidura, debiendo elegir entre los riesgos de la escalada y los que conlleva la pasividad. (Por Martín Schapiro y Leticia Martínez/cenital.com).