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Esquivando el bulto

La negativa de la oposición a pronunciarse, en el Concejo Deliberante santarroseño, sobre un agravio cometido contra el gobierno nacional abre interrogantes sobre su compromiso con la convivencia política. El rechazo a considerar la iniciativa en el recinto para demorarla en comisión, como la ausencia de un proyecto propio referido a un tema tan urgente, habla de una evaluación muy liviana acerca de la gravedad del tema. Y de la necesidad de responder sin dilaciones una ofensiva que buscó sacar rédito político de un caso policial. Lo que sorprende es que, incluso figuras nacionales de los espacios políticos que firmaron el documento injuriante, habían expresado su desacuerdo, algunos con términos muy severos. De ahí que la negativa en bloque de todo el arco opositor local sorprenda doblemente.
¿Se ha convertido Santa Rosa en la sede del núcleo más intransigente de la oposición nacional? ¿Desembarcaron aquí las ideas más retrógradas que campean en buena parte de Juntos por el Cambio y que promovieron un pronunciamiento que atenta contra la convivencia democrática? Las pintadas insultantes que aparecieron en una localidad del sur pampeano, nada menos que en la sede de la municipalidad y en la unidad básica, ¿no revisten importancia para los ediles opositores santarroseños?
Esconderse en un trámite burocrático para no tratar un pronunciamiento que acusa, sin pruebas, al gobierno nacional de estar involucrado en un homicidio, no es un acto para reivindicar. El uso del odio como instrumento de la política debería ser condenado sin vacilaciones. Frente a estas prácticas antidemocráticas no debería haber concesiones, sobre todo en un país tan acosado por arengas cargadas de violencia y odio. El extremo de utilizar un muerto con fines políticos no es nuevo. Hoy se reitera la estrategia que se empleó con el suicidio de un fiscal hace cinco años. Y esa traumática experiencia pareciera que es asumida con indiferencia por la oposición local, al evadir su responsabilidad, con la premura que el caso exige, de condenar semejante acto de agresión.