¿Esta es la derecha “moderna y exitosa”?

LA CRISIS DEL RELATO HACE AGUA

Tras el triunfo electoral del macrismo comenzó a difundirse un discurso mediático sobre una derecha
“moderna y exitosa”. Los límites del marketing.
ARAM AHARONIAN – Fue el lema para el marketing y la venta de un relato para hacer creer que esta versión de la derecha tenía tintes modernos, con gente joven, exitosa en sus negocios, bien trajeada y fotogénica, que se abstenía de tener ideas propias, acostumbrada a comprarlas hechas en el supermercado del capitalismo trasnacional. Pero Mauricio Macri quemó en 30 meses buena parte de su capital político y hoy se abstiene de hablar de su reelección, mientras sus socios en la coalición Cambiemos buscan otro candidato potable que pueda seguir su camino. Si es que todavía queda camino.
El relato gustó a conservadores y neoliberales, pero también a muchos socialdemócratas europeos y los culturalmente colonizados (algunos también bien financiados) vernáculos. José Natanson, director editorial de la versión argentina de Le Monde Diplomatique, publicó un libro sobre el surgimiento y consolidación de esa “derecha moderna y exitosa” en Argentina como corolario de la desaparición lenta de un kirchnerismo que buscaba similitudes del macrismo con la dictadura militar. Sostiene que ese ascenso refleja modificaciones profundas en la sociedad y sus tendencias. Autodefinido como intelectual progresista, habla de su “admiración a la terrible eficacia del gobierno macrista”.
Lamentablemente para Natanson y su libro una vez más la realidad apareció con toda su fuerza. El relato neoliberal mostró su fragilidad para entender lo que pasaba y el promocionado “mejor equipo de los últimos 50 años” mostró una notoria ineficacia en la gestión de gobierno (no en la del enriquecimiento).
Hoy nadie duda de que el marketing político es una herramienta útil en campañas electorales y en la gestión, pero apostar solo a él y al relato edulcorado lleno de buenas intenciones, a la posverdad, la mentira repetida miles de veces y el ocultamiento y negación de hechos como articuladores de la realidad, es suicida. La realidad puede ser ocultada, pero no reemplazada por el relato.
Durán Barba sostiene que el votante promedio argentino “es un chico de 9 años, que tiene un pensamiento mágico, que solo entiende frases cortas, vacías, de buenas intenciones y deseos”, alguien que no logró desarrollar el pensamiento abstracto.
La realidad -la grave crisis, la quita a los jubilados, los ataques a la educación libre, gratuita y laica, el desempleo, la inflación, los tarifazos, la pobreza, la corrida bancaria, el endeudamiento continuo, el stand-by con el Fondo Monetario Internacional, etc.- mostró que el manual duranbárbico y el control de los medios hegemónicos de comunicación no sirven para enfrentar la crítica realidad. ¿Habrán aprendido que la política tiene primacía sobre las tramposas técnicas de marketing y manipulación mediática? La respuesta a la crisis no es comunicacional, sino económica y política, y esa tozudez por imponer imaginarios colectivos que chocan con la realidad cotidiana, solo muestran la incapacidad, debilidad y soberbia del gobierno.

Se rompe un idilio.
Hoy, el gobierno de la “derecha moderna y exitosa” hace agua. Las encuestas muestran que más del 80% de la población está en desacuerdo con volver al FMI, mientras la imagen y credibilidad de Mauricio Macri y sus ministros cae mes a mes. La crisis también amenaza con romper el idilio entre el gobierno y los medios hegemónicos, que buscan sacar aún más ventajas de un gobierno herido. Y el temor es que se rompa el blindaje mediático mantenido hasta ahora con el trasiego de fondos del Estado. Los medios vuelven a mostrar un poder omnímodo ante la debilidad del macrismo. Los otrora difusores del macrismo empiezan a saltar el cerco, inquietos por su legitimidad futura. Divisan un potencial naufragio a corto o a mediano plazo y no quieren verse como garantes solidarios, a pesar de la responsabilidad en otorgarle protección, comodidad discursiva y aire empático y confortable desde diciembre de 2015.
Mirtha Legrand dice sentirse “traicionada” y recrimina: “no está todo bien, mentira; digan la verdad”. Marcelo Longobardi señaló el “deterioro político del gobierno” y del “cuadro de situación económico complicado” y lo resposabilizó por su mala praxis. Jorge Lanata afirmó: “No hay que subestimar al público: está harto de que los medios le mientan”. Alfredo Leuco definió al gobierno como “un grupo de burócratas que no acertó nunca con las soluciones económicas y que encima les importa un carajo lo que pasa con la democracia y los sectores más vulnerables”.
Estos fuegos de artificio intentan, sigilosamente, salvar algo del incendio. En la fuga se pretende aniquilar la política, caracterizando a la crisis actual como la expresión de errores individualizables. Se busca eludir la confrontación de los guiones que esos individuos y malos actores interpretan, omitiendo el proyecto que han actuado y expresan. La disparada de quienes “abandonan el barco” viene con trampa: deslizan críticas a unos gobernantes puntuales y no a las causas que permitieron el abismo que ya se ve en el horizonte.
El rey quedó desnudo y no hay relato edulcorado que pueda disimular la crisis. Quizá con marketing y manipulación mediática se pueda construir un candidato, pero no un gobernante ni un estadista. Las multitudes ganan la calle, el mal humor social crece y cae vertiginosamente la imagen del gobierno cuya única respuesta es usar la violencia policial para reprimir, el aparato judicial para criminalizar la protesta y avanzar sobre los derechos constitucionales a fin de mantener el modelo hasta sus últimas consecuencias.

*Periodista. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).