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Esta sí que es la pesada herencia

La ciudad volvió a ser conmovida por otro asentamiento de familias sin techo. Como en el Nuevo Salitral, otra ocupación está en marcha en terrenos municipales aledaños al barrio Santa María de Las Pampas por lo cual no cabe duda de que estamos ante la mayor reacción social de este tipo en la historia de la ciudad. El combustible que anima esta acción es el mismo: la necesidad de conseguir un techo propio por parte de quienes viven hacinados entre varias familias que comparten una misma vivienda o los que ya no pueden afrontar un alquiler por la trituración del salario que nos legó el macrismo.
Pero hay un tercer elemento que juega en forma decisiva: el corte drástico de los recursos del Fonavi para La Pampa resuelto por el gobierno nacional porque, según dijo un funcionario: «ustedes no tienen villas miserias». Pues bien, ahora también las tenemos por obra y gracia de una política de exclusión y de Estado ausente para cumplir con su función primordial que es promover el bienestar general, como lo ordena la Constitución. Esto lo saben los santarroseños que ven alejarse la posibilidad de acceder a la vivienda propia; de ahí esta forma desesperada de pasar a la acción.
Provocado el daño ya no queda más alternativa que intervenir de inmediato sobre la emergencia. Y aquí le cabe tanta responsabilidad al Estado municipal como al provincial. Estamos en julio y son muchas las familias viviendo en condiciones de extrema precariedad bajo un frío intenso.
Es lícito que los gobernantes locales se enojen y denuncien la deserción insensible -e inadmisible- del gobierno nacional como proveedor esencial de los fondos destinados a la vivienda. Por primera vez en cuatro décadas sucede esta calamidad y debe exponerse con energía. Pero ahora la urgencia exige acciones más que palabras. En el interior se está llevando a cabo el plan «Mi casa», una positiva experiencia de labor conjunta entre las comunas y la Provincia que ya ha logrado levantar cerca de medio millar de unidades. Un esquema similar, adaptado a los requerimientos de Santa Rosa, podría implementarse aquí. Incluso han trascendido voces que se manifestaron en favor de la autoconstrucción, un sistema que -bajo el nombre Esfuerzo Propio y Ayuda Mutua (EPAM)- ya fue probado en nuestro medio con buenos resultados.
En tanto, y para añadir dificultades a un panorama ya de por sí difícil, aparece un factor que impone una complicación adicional: esta larga transición de varios meses en la que conviven autoridades en ejercicio y otras electas tanto a nivel municipal como provincial. La imprescindible colaboración entre la comuna y el Centro Cívico se torna más compleja pues las medidas a adoptar -que requieren urgencia- van a afectar indefectiblemente a las administraciones entrantes en diciembre, por lo tanto las consultas no pueden obviarse y ahí aparece el riesgo de caer en una suerte de «doble comando».
Pero nadie puede hacerse el distraído ni especular sobre réditos o perjuicios políticos en este duro trance que atraviesa la ciudad. Quien no lo entienda no está a la altura de la circunstancias. Esta es la herencia más pesada que reciben los santarroseños de los CEOs del macrismo.