Eva Giberti se pregunta qué es lo que nos pasa

Señor Director:
He notado que cada vez mis apuntes de noticias sobre femicidios ocupan un espacio mayor.
Esto me lleva a preguntarme y preguntar qué pasa o qué nos está pasando. Lo que sucede es que en lo que va del año, cada mes hay más casos. Al cambiar el qué pasa por qué nos está pasando estoy tratando de decir que ya hay que admitir que no son hechos ajenos de los cuales podamos distraer la atención, sino que también son propios: me (nos) conciernen y me (nos) interpelan.
Leo a Eva Giberti, quien también inicia su columna diciendo “¿Qué es lo que pasa?”. Y dice que “nunca se vio algo semejante, muertes todos los días, femicidios por doquier, asaltos y violaciones contra niñas y adolescentes, sin mesura, con crueldades infinitas”… , para cambiar la pregunta: “qué nos está sucediendo”.
Esta mujer de reconocidos méritos científicos analiza el dicho “qué nos está sucediendo” para concluir que ese “nos” indica que asumimos ser también objeto de eso qué nos pasa.. Su análisis admite: a) que ese nos podrá referirse a que eso también nos podría suceder a nosotros, a la vez que no condenamos las muertes: es “algo” que sucede como si no tuviésemos que ver con los hechos que parece que se nos vienen encima sorpresivamente. En tal caso, la pregunta tiene un sentido escapista. Incluso el nos abarca a los femicidas como a cualquiera de nosotros, pero “ellos son los que matan”, a “nosotras nos matan”. Eso que sucede ocurre más allá de nosotros. “Esa es la trampa porque los hechos acaecen en este mundo y a esta sociedad que nosotros compaginamos. Se nos vienen encima sin que tengamos algo que ver”.
Concluye Giberti diciendo que hemos ingresado en una nueva época que no alcanzamos a reconocer como tal, que se alteró el paradigma que habla del cuidado del otro y de los derechos humanos, se ingresa en una época que convoca los avances del género mujer y los precios que “los otros” están dispuestos a cobrar. ¿O es casual que los reincidentes reincidan porque los avala una justicia que se origina en un “nosotros legal”. Así los jueces resultan ser los facilitadores: se sienten parte del “nosotros” pero están más cerca de “los otros” por su complicidad con la modalidad patriarcal que sustentan. Sostiene que el ¿Qué nos pasa? es una de las tantas trampas semánticas que componemos para quedar bien con nosotros mismos, como si tomáramos conciencia de algo. Que la conciencia que vale (para tales jueces) es la que reconoce nuestra sociedad, la de nosotras donde habitan ellos y eso es lo que nos está matando, porque el nuevo paradigma determinante no es permanecer en el mundo sino morir según códigos ancestrales concentrados en el poder.
Está claro que Giberti hace un análisis desde su ciencia, pero sintiéndose ella lo que es, una mujer. Y que todos venimos a contribuir a esa matanza en la medida en que seguimos compartiendo los códigos (en todo o en parte) que establecieron la diferenciación social entre hembra y macho. En no poca medida todos, pues, seríamos cada femicida.
En mis análisis del tema me he remitido a la historia, al relato referente a la presencia de nuestra especie en el planeta. Los códigos son siempre una creación de la especie cuando asume los cambios que resultan de las circunstancias de su marcha para la ocupación del planeta. La aceptación plena de cada uno de estos cambios lleva su tiempo, en siglos o en milenios. Todo código es un intento por acelerar el proceso, pero siempre cuesta ganar su reconocimiento. Los nuevos cambios que demanda la actual configuración real de la sociedad necesitan ser acelerados, para que los vigentes queden desnudos, visibles y hagan hasta innecesaria la ley y los códigos. Ya se lo ha hecho con los derechos humanos, convertidos en ley global por las Naciones Unidas desde su creación. Pero no vemos que los derechos humanos sean aún acatados. Y oímos que se llega a calificarlos de “curro”, oponiéndose a su avance.
Atentamente:
Jotavé