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Evolución en gustos musicales

PUNTO DE VISTA

JOSE VERDUN
Un par de semanas atrás, expresando su admiración por la obra de la musicóloga y cantora Leda Valladares, un músico de la joven generación nutrida en el rock decía: «Hay algo que es clave: no me avergüenza decir que muchos nos acercamos al folklore a partir de versiones que ha hecho Chancha Vía Circuito o Tremor. Para los que crecimos en grandes ciudades, el folklore era música de viejos o algo aburrido. En los últimos años empezó a cambiar un poco eso, pero los chicos de la ciudad escuchaban rock».
La afirmación sorprende y llama a meditar sobre la evolución de los gustos musicales y, si se quiere, la colonización cultural. Poco más de una generación atrás los jóvenes de la misma edad de quien hiciera aquella declaración, consideraban al folklore argentino, especialmente el de raíz norteña, uno de sus paradigmas musicales. No es ninguna exageración; hubo un momento en la década de los setenta que en Buenos Aires prácticamente se agotó la existencia de guitarras en venta a causa del entusiasmo por cantar aquellas canciones que traían un idioma musical y poético nuevos y renovaban un género anquilosado en su tradición.
¿Qué pudo haber ocurrido dentro del llamado (y tan controvertido) «ser nacional» para que gente de edad similar dejara de sentirse espiritualmente integrada a una música surgida de lo más hondo de su país? Seguramente que muchas cosas, desde los desgobiernos nacionales hasta una formidable colonización cultural que -aunque muchos no lo admitan- comenzaba desde la música y la palabra, pasando por la moral y las costumbres. También, claro, por la desnacionalización de los medios de difusión, las empresas grabadoras especialmente.
Desde luego, no puede decirse que todo haya sido malo: por el contrario: en muchos aspectos, musicales incluidos, hubo cambios que pueden ser bienvenidos por su propia índole y otros, simplemente, por el devenir histórico. La propia Leda Valladares, destinataria de estos elogios, decía hacia 1990, en un reportaje que se le efectuara en este diario, que las nuevas tendencias musicales, al margen de su calidad, avanzaban sobre el mundo, y ponía como ejemplo a Francia que, pese a su enorme tradición cultural, también se veía afectada y mucho.
Las declaraciones del joven músico parecen evidenciar que una sincera búsqueda de las raíces culturales siempre da resultados originales.