Falta de respeto por la cultura y la historia

Las habas que, según el manido dicho, se cuecen en cualquier lugar del mundo, han vuelto a revalidarse en dos lugares tan distantes y culturalmente distintos como lo son una iglesia de la ciudad española de Santiago de Compostela y un monolito recordatorio en Santa Rosa. En ambos lugares el denominador común del hecho es la falta de respeto, no ya por un orden establecido cualquiera sino por valores de la cultura y la historia.
En la ciudad española, un templo milenario sufrió la pintada de una de esas frases crípticas, o no tanto, que suelen ser propias de algunas culturas modernas. El agravio no respetó la condición milenaria de la iglesia ni la fuente turística que representa, esto, claro, sin contar la ofensa a la fe de los creyentes. A estar por las noticias, las autoridades peninsulares han tomado muy en serio el sucedido, enfocándolo bajo dos aspectos: uno meramente policial, que como tal se está investigando, y el otro impulsado por el Ministerio de Turismo de España, ya que esa clase de monumentos son parte y representan una formidable fuente de ingresos en España, que recibe decenas de millones de visitantes extranjeros anuales. Ambos organismos han tomado cartas en el asunto y, si los encuentran, escarmentarán duramente a los autores.
El espejo pampeano de aquel agravio es quizás menos trascendente pero igualmente doloroso. Tiempo atrás, este diario denunció a través de formas escritas y gráficas las irrespetuosas pintadas que había sufrido el monolito recordatorio de los caídos en Malvinas. Allí, manos que siguen siendo anónimas, habían cubierto el monumento de frases más o menos entendibles o reducidas a la comprensión de una minoría “moderna”, para colmo escritas en idioma inglés.
La denuncia periodística hizo que casi de inmediato las autoridades y organismos relacionados -ex combatientes- tomaran cartas en el tema y restauraran el recordatorio. La reparación duró apenas unos meses y hoy cualquier pasante puede preguntarse cuál es el sentido de ese monolito pintarrajeado o bien, si lo conoce, reflexionar sobre hasta dónde llega el sentido del reconocimiento para con quienes, por más que se tratara de una gesta indebida y oportunista, igualmente dieron sus vidas por la patria y es la comunidad santarroseña la que les brinda un homenaje.
Ya es extenso el tiempo transcurrido desde que los medios de difusión -este diario entre ellos-han llamado la atención sobre estas acciones, tan estúpidas como vandálicas, que se extienden -también- a residencias particulares y edificios públicos, aún en áreas céntricas, como lo puede advertir cualquier persona que preste una mínima atención. Sin embargo, parecería que la acción de las autoridades -si la hubo- no ha sido efectiva, ya que no hay noticias de que hayan habido demoras o detenciones al respecto. Los autores de esos escarnios para con una manifestación surgida del reconocimiento de la sociedad toda no son, ciertamente, rebeldes con alguna causa valedera. Merecen el castigo que por una parte les haga comprender que hay respetos y memorias que deben mantenerse vigentes, y también que sirvan de escarmiento definitivo.