Federalismo out

La eliminación manu militari del Fondo Federal Solidario (Fofeso) da una idea cabal de la ausencia de límites en el gobierno nacional a la hora de ajustar el gasto público para cumplir con las exigencias del FMI. Poco antes había intentado cortar las asignaciones familiares pero tuvo que retroceder por la indignación que se levantó hasta en la propias filas de Cambiemos.
Con la macroeconomía crujiendo el macrismo va a tientas sin un horizonte, ni siquiera lejano, de recuperar expectativas favorables. La inflación de julio sumó 3,1% y acumula en el año 19,6%, en tanto el dólar volvió a subir luego de un breve respiro de 24 horas. En este marasmo no se conoce ninguna medida que apunte a reactivar la economía y menos a los sectores sensibles para la generación de empleo y valor agregado. Los mimados siguen siendo los mismos: la elite económico-financiera que “derrama” muy poco hacia abajo.
Este hachazo al Fofeso es una burla al federalismo y, en estos días de malaria económica, pondrá las cosas mucho más difíciles en el interior del país. Para La Pampa no tanto pues ya había dejado de recibirlo como una suerte de represalia por no haber firmado el “consenso fiscal”. Pero el resto de los Estados provinciales verán caer ahora sus presupuestos para obras de infraestructura en momentos en que no sobran recursos ni fuentes de trabajo.
Lo que el macrismo parece no advertir es que con esta decisión tan irritante debilita su frente de cara a las provincias. No es que los gobernadores no oficialistas tengan demasiados ímpetus libertarios -la excesiva dependencia económica del puerto y un pragmatismo autista imponen límites rígidos- pero estas aguas turbulentas pueden ser propicias para los -todavía- pocos que se animan a plantarse como es el caso de La Pampa. Ayer nomás, en el Senado, el macrismo tuvo un duro revés al no lograr el quórum para tratar el pedido de allanamiento del domicilio de las expresidenta Cristina Kirchner. Muchos de los senadores justicialistas que hasta el momento se mostraban dóciles a las demandas del oficialismo no se sentaron en sus bancas, lo cual puede ser un indicio de que el romance por conveniencia comenzó a enfriarse.

Murió otra mujer
Qué dirán ahora los defensores de “las dos vidas” con esta nueva muerte de una joven a causa de un aborto clandestino. La mujer murió, el “ser” que llevaba en su vientre también, y un niño de dos años se quedó huérfano de madre. Volvió a triunfar la muerte y hay que cargarla en la cuenta de los 40 senadores que votaron contra la legalización del aborto, las iglesias católica y evangélicas y los dirigentes de todos los partidos que sintieron “alivio” por esa decisión, como expresó la gobernadora de Buenos Aires.
La mujer de 34 años intentó terminar con su embarazo con perejil, una receta tan vieja como letal, y entró con un cuadro de gravedad a un hospital de San Martín, en el conurbano bonaerense. Los médicos le extirparon el útero pero ni aún así pudieron evitar que la infección invadiera todo el cuerpo y acabara con su vida.
Ocurrió a menos de una semana de que el Senado le negara a las mujeres gestantes a decidir sobre su propio cuerpo, sobre su propia vida. Todas las argumentaciones que escudaron el voto negativo quedaron hoy trituradas por la realidad. Todas las apelaciones “provida” no son más que cartón pintado frente a estos casos que piden a gritos una actualización legal para que las mujeres argentinas no sean condenadas a la muerte, como en la Edad Media, por ejercer la soberanía corporal.
Esta joven madre murió porque no pudo pagarse un aborto en una clínica y con un médico como lo hacen las mujeres con recursos económicos. Murió, como todas las que mueren, por ser pobres. Esa es la “grieta” que el Senado retrógrado, bendecido por las iglesias, se negó a cerrar.