Fin del calvario

El calvario de las cooperativas eléctricas pampeanas tiene fecha de vencimiento. El gobierno nacional anunció que el Pacto Federal Eléctrico no será renovado el año que viene con lo cual la situación económica de las entidades solidarias pampeanas dejará de depender de los humores de los funcionarios encargados de otorgar los subsidios que compensaban el congelamiento tarifario de este año. Claro que lo que es una buena noticia para las cooperativas no lo es para los usuarios que deberán afrontar el aumento del valor de la energía que se va a venir y que se estima en poco menos del 30 por ciento.
El propósito del Pacto Federal Eléctrico no es objetable: evitar la suba de un insumo clave para la economía y los hogares del país cuando, en los primeros meses de este año, la abrupta devaluación de enero incrementó los precios de bienes y servicios en forma inmediata. Pero en nuestra provincia, esa saludable medida de protección económica para los usuarios se tradujo en una madeja burocrática que terminó afectando a las cooperativas que prestan el servicio de distribución. Estas últimas quedaron ubicadas en un incómodo lugar entre las inexplicables demoras del gobierno nacional para enviar los subsidios que compensen el esfuerzo económico de las entidades solidarias, y el gobierno provincial que les exige el pago al organismo mayorista: la Administración Provincial de Energía.
Lo que resultó desconcertante es ver cómo los subsidios -que no son pocos ni insignificantes- que aporta el gobierno nacional a infinidad de empresas privadas con fines de lucro de las más variadas actividades, se vienen abonando con un mecanismo expeditivo y aceitado, y las cooperativas pampeanas, entidades populares por excelencia, debieron padecer el destrato del funcionariado nacional que puso trabas burocráticas inexplicables para cobrar lo que legítimamente les corresponde por el esfuerzo nada menor de mantener el precio de la tarifa eléctrica en un año con fuertes aumentos de insumos y salarios.