Finalmente ocurrió

Desde hace largo tiempo esta columna viene ocupándose reiteradamente del desinterés de la Municipalidad de esta capital por el estado y mantenimiento de las veredas urbanas, muchas de las cuales -sin distinción de barrios y zonas- presentan riesgos potenciales para los peatones. Esa actitud indolente se manifiesta muy especialmente por la presencia de una gran cantidad de antiguos medidores para el consumo de agua domiciliaria, ya en desuso, que permanecen sin que nadie los retire y, para peor, muchos de ellos carecen de sus tapas con lo cual se convierten en trampas para los desprevenidos transeúntes que caminan sobre ellos.
Finalmente ocurrió lo que era de temer y sobre lo cual se venía alertando sin ninguna respuesta positiva: una persona resultó accidentada en uno de estos obstáculos, demandó al municipio por los daños sufridos y consiguió una sentencia favorable que condena a la comuna a “un pago resarcitorio por daños y perjuicios”. La instancia judicial superior, a la que apeló la Municipalidad, rechazó el recurso presentado, así como los argumentos exculpatorios que pretendían sustentarlo.
Los hechos sucedieron en el año 2009 y trascendieron ahora por la conocida parsimonia y lentitud de la burocracia judicial, pero dan una idea acabada de lo antiguo del problema y del tiempo que lleva el municipio sin encarar una tarea que es verdaderamente sencilla y de muy fácil realización. Además, puede advertirse que esta falta de reacción involucra a varias administraciones porque al día de hoy el problema persiste y ahí están las bocas abiertas de los antiguos medidores esperando el próximo pie y su consecuente demanda ante los tribunales. Con los recursos económicos que el municipio perdió en la tramitación de esta causa y, luego, en el pago de la demanda y los honorarios correspondientes se podría haber retirado muchas de estas trampas y reducido la posibilidad de un accidente y de pérdidas económicas consecuentes.