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Fuerte rebelión en Ecuador contra el traidor Moreno

LUEGO DE UN PAQUETAZO DE AJUSTE ACORDADO CON EL FMI

El presidente Lenin («Kautsky») Moreno acordó un ajuste con el FMI, que aumentó los combustibles y decretó reformas laborales y previsionales. Y se incendió Ecuador.
SERGIO ORTIZ
Moreno anunció el martes 1/10 un paquete de medidas económicas acordadas con el Fondo Monetario Internacional, con el que había convenido recibir un préstamo en cuotas de 4.200 millones de dólares.
El Fondo, con Jacques de Larosiere, Horst Köhler, Michel Camdessus, Rodrigo Rato, Dominique Strauss-Khan, Christine Lagarde y ahora Kristalina Georgieva puede prestar algún dinero, a devolver puntualmente y con los intereses correspondientes. Pero impone condicionalidades muy estrictas de ajustar el gasto público, bajar los salarios y el costo laboral, abrir las economías y reformar las leyes laborales y previsionales, etc.
Semejantes recetas generan más pobreza, desocupación, recesión y pérdida de conquistas sociales, y terminan impulsando grandes resistencias que a veces se convierten en rebeliones y hasta bocetos insurreccionales.
Eso ocurrió en la Argentina de diciembre de 2001, luego del endeudamiento y renegociación que tuvo como jalones al megacanje y blindaje. Se incendió Buenos Aires y parte del país; Fernando de la Rúa no pudo mantenerse en el gobierno ni con el Estado de Sitio y 39 asesinatos, hasta que renunció y se fue en helicóptero.
No se sabe cómo será el final de la crisis en Ecuador. Lo que sí es evidente que se puso en marcha una resistencia social muy amplia y combativa, que suma a trabajadores, transportistas, jóvenes y sobre todo un componente específico: las movilizaciones de los pueblos indígenas.
Los anuncios de «Kautsky» Moreno tropezaron con la negativa total de los afectados, comenzando por los transportistas que sufrieron el 123 por ciento de aumento de los combustibles tras la quita de los subsidios estatales. El presidente hizo eso en un país petrolero, que produce más de 500.000 barriles diarios…
El argumento presidencial, copia de los usados en su momento por Mauricio Macri y otros ajustadores fondomonetaristas, fue que el Estado destinaba 60.000 millones de dólares a esos subsidios. La cifra seguramente está inflada, pero le venía bien a Moreno para decir que se terminaba la fiesta de la «zanganería», equivalente a los «choriplaneros» y otras descalificaciones utilizadas en Argentina contra los humildes.
Empezaron las marchas en las calles, sobre todo de Quito pero también en otras ciudades, con esa participación protagónica de los pueblos originarios, que bajaron de la sierra hacia Guayaquil y también fueron hacia los centros del poder en la capital. El 8/10 ingresaron a la Asamblea Nacional, pasando por encima de la represión policial y se mantuvieron allí una hora, hasta ser desalojados con gases lacrimógenos y golpes.

Paquetazo criminal.
Entre los anuncios del 1/10 figuraron: «Vacaciones para empleados públicos bajan de 30 a 15 días al año. Trabajadores de empresas públicas aportarán cada mes con un día su salario. Reformas laborales regirán para nuevos contratos. Nuevas modalidades de contratos laborales para quienes inician un emprendimiento. Nueva modalidad de contrato de reemplazo en caso de licencia de maternidad y paternidad y enfermedades catastróficas. Facilidades para teletrabajo, etcétera».
La marca registrada de esas medidas decía «FMI, Washington, DC».
A Moreno se lo llama traidor. Sería por partida doble, porque traicionó a Rafael Correa, de quien fue vicepresidente entre 2007 y 2013. Tras ganar el ballottage del 2 de abril de 2017, dijo: «Gracias Rafael por haber sido el líder con el cual el pueblo ecuatoriano recuperó su confianza, su orgullo nacional. Antes creíamos que éramos el peor país del mundo. No era cierto, aquí está la prueba. Somos un pueblo de vida, de esperanza». Ahora definió a Correa como su enemigo principal y de ser el responsable de una campaña golpista en su contra urdida junto con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El expresidente sólo apoyó la resistencia y pidió adelantar las elecciones.
La otra traición, la más importante, es al pueblo que lo votó en 2017. Dijo en esa ocasión: «Al final de mi mandato quiero poder decir que se erradicó la desnutrición infantil, la pobreza extrema, la corrupción y la falta de emprendimiento juvenil». Tras su paquetazo, la pobreza y desnutrición serán más elevadas que nunca.
El viraje de Moreno se denota en su obediencia al FMI, su cesión a Estados Unidos de una base militar en los Galápagos y sus ataques a Venezuela desde el Cartel de Lima. Un dato de color, negativo: retiró la estatua de Néstor Kirchner del edificio de la Unasur, a la que ayudó a disolver para fundar la ignota Prosur, con Macri, Sebastián Piñera, Jair Bolsonazi e Iván Duque. No es casual que estos personajes lo apoyen ahora.
Esa derechización se advierte en que los políticos de derecha han salido a defenderlo del repudio callejero. El banquero Guillermo Lasso (dueño del Banco de Guayaquil y bancos en Panamá) fue su contrincante en 2017 como candidato de CREO-Suma; ahora lo apoya en aras de «la República», con ataques contra Correa y su Alianza País. Parecida posición tiene el derechoso ex alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot.
La represión inicial no alcanzó, de modo que el 3/10 firmó otro decreto, disponiendo el «estado de excepción» por 60 días, para prohibir las manifestaciones. Como el pueblo le pasó, ahora dispuso un «toque de queda» por el mismo lapso alrededor de los edificios públicos. Por las dudas él se fugó del Palacio de Carondelet en Quito, rumbo a Guayaquil.
Según la información oficial hay un muerto (serían cuatro), 73 heridos y 570 presos. Esa represión no pudo contener la oleada, que en muchos casos hizo retroceder a contingentes policiales y militares. Ayer 9 se realizaba una huelga y manifestación nacional convocada por la Conaie indígena y el FUT de trabajadores: reclaman la vuelta atrás en el precio de naftas pero también la renuncia de Moreno y la ruptura con el FMI.
Sería bueno que Alberto Fernández y el futuro gobierno tomaran nota de las lecciones ecuatorianas para no acordar con el Fondo ni pagarle una deuda ilegítima.
Aclaración obvia. He llamado «Kautsky» a Moreno para no ofender la memoria del líder bolchevique.