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Furia en ascenso en el Grupo Clarín

TODO NEGRO

Por Diego Genoud
Amigo como pocos de los medios y los periodistas hasta que llegó a presidente, Alberto Fernández confirmó que crece su fastidio con las empresas de comunicación que exhiben cada día su poder de fuego. «Hay posiciones muy extremas, muy irracionales que vienen de la oposición. Creo que algunos medios están muy enojados con nosotros por otros motivos y no dicen la verdad, la tergiversan de acuerdo a sus necesidades empresariales», dijo y habló de posturas que «no ayudan a la democracia» y la «maltratan».
Al lado del Presidente, admiten que ve un tratamiento de los temas muy poco objetivo en un «país quebrado» y con la «economía destrozada» por la herencia de Macri y la pandemia. Afirman que no se toma en cuenta que la situación sanitaria es de extrema gravedad, dicen que en otros países el sistema de salud voló por los aires y cuestionan a periodistas del prime time que llamaron a desoír la cuarentena desde el primer momento. El enojo en Olivos es con los tres tanques de la comunicación, el Grupo Clarín, Infobae y La Nación, pero, sobre todo, con el holding de Héctor Magnetto por las dimensiones de su estructura, una cadena nacional del desánimo en circunstancias más dramáticas y contra el Alberto que abandonó el discurso empresario del panelista y volvió al útero materno del kirchnerismo.
La tensión va en ascenso. Para los medios que apostaron a la aventura de Macri en el poder, Fernández es rehén de su vicepresidenta y no tiene un plan de salida para la crisis. Más aún, la cifra de muertos a causa del Covid-19 y la caída en las encuestas, según dicen, confirman que la postura crítica que asumieron de entrada era acertada. Dos directivos de empresas coincidieron en decir que a Fernández lo ven «mal enfocado» y señalan que no se entiende la agenda de la reforma judicial y los traslados de los jueces, más propias de «un país sin preocupaciones».
La polarización no impide que la balanza esté desequilibrada. Como voz oficialista, sólo C5N está a la altura del poder de fuego opositor que dispara en los horarios más vistos de TN, LN+ y A24. Desde la señal del Grupo Clarín admiten en su lenguaje que hay programas que están gobernados por la rabia antikirchnerista, pero insisten en que la pantalla muestra diversidad. En TN remarcan que perdieron audiencia con A24 y LN+, que dan batalla con voces que se paran a la derecha de todo. «No somos lo suficientemente talibanes», afirma un gerente del Grupo y suena a lamento. Sin embargo, en Clarín niegan que hayan cambiado después del decreto que declaró a las telcos servicio público.
La posición que va de la crítica a la agresividad contrasta con la infinita paciencia en los años traumáticos del endeudamiento vertiginoso, la inflación récord, la devaluación permanente y el cierre de empresas que marcaron el experimento del macrismo.
Viejos amigos del ahora presidente que militan en Clarín ven traicionada la promesa de ir al centro que aparece cada vez más difusa por la crisis; otros fingen que la mafia de Comodoro Py hizo justicia bajo la doctrina Irurzun y buscan impedir que la vicepresidenta salga del encierro judicial. Tal vez, haya quienes apuesten a forzar una crisis mayor con el anhelo de diluir el fracaso de Macri o de manera temeraria, sin ver que pueden ser arrastrados por la situación. En paralelo a esas obsesiones, las empresas de comunicación ejercen hasta donde pueden su poder de veto y persiguen beneficios para el sector privado.

Sin tregua.
Al Presidente lo recibió intacta la estructura de medios que militó por Macri y las mismas caras que abonaron la lluvia de inversiones y el fin del populismo hoy lo proyectan en el prime time camino al chavismo.
Aunque el borrador del contrato social incluía al amigo «Héctor», el Presidente no pudo todavía sellar una tregua con esa maquinaria que cambió de nombres para enfrentar al kirchnerismo y quedó tildada en modo batalla. El fracaso de Fernández como mediador con el Grupo se adjudica a factores opuestos a los dos lados de la polarización. Consultado por Letra P, un íntimo colaborador de AF dejó una frase de lo más gráfica: «Él fue con una bandera blanca y se la agujerearon a tiros». El funcionario afirmó que a la comandancia del Grupo «se le nubla la inteligencia por el odio» a CFK y actúan como si ella fuera presidenta. En Olivos, dicen que Magnetto perdió la ductilidad, no advierte el matiz y está dispuesto a «quemar las naves» y perder dinero en la confrontación, en una conducta «irresponsable y suicida». Sea la crisis o sea el rencor, la falta de un entendimiento con el gran empresariado mediático muestra al oficialismo cada día a la defensiva. Salvo un giro imprevisto que siente a las partes para un armisticio, la tensión irá en ascenso con un cuadro social de lo más sensible y habrá que llegar a las elecciones de medio término para saber quién gana. Si es que no pierden todos. (Extractado de Letra P)