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Fútbol y política

En la conciencia colectiva de todas las sociedades siempre laten y perduran ideas o sentimientos que son entrañables y que hasta llegan a otorgar identidad a los pueblos. La sociedad argentina no es una excepción y no resulta arriesgado decir que la «causa Malvinas» es una de esas pasiones colectivas. Ya sea por el propio devenir histórico, con su carga de ofensa por la usurpación, o por la constante prédica de las instituciones -la escuela pública, especialmente-, las islas son un mojón de solidez inoxidable en la conciencia de quienes habitamos este país.
En similares coordenadas emocionales, y sin pretender abusar de la sociología, se puede inscribir al fútbol, una pasión mundial, y a la vez deporte-espectáculo, que moviliza sumas de dinero fabulosas. Participando de ambos sentimientos, desde luego, se encuentran los ingleses, inventores de ese juego y ocupantes coloniales de Malvinas.
No se trata de una afirmación forzada. Si se sigue la línea histórica se verán los hitos de las Invasiones Inglesas, la deuda casi eterna que contrajo el gobierno de Rivadavia con la Baring Brothers, la batalla de la Vuelta de Obligado, el ominoso Pacto Roca-Runciman, el oscuro negocio de los ferrocarriles o el improvisado y fatídico desembarco militar en las islas orquestado por la última dictadura militar para ganar oxígeno político en su etapa postrera de descomposición. Semejante cadena de sucesos de alto impacto no hizo más que darle sustento a la tirria popular de los argentinos contra «la rubia Albión», como solían llamarla los comentaristas más rebuscados.
Los ya legendarios goles convertidos a los ingleses por Ernesto Grillo primero, y Diego Maradona después, revalidan la especulación ensayada arriba: en la cuestión Malvinas el desquite pasa por el fútbol, al menos por ahora.
En los días que corren las circunstancias han provocado no poca sorpresa al hacer coincidir ambos sentimientos. No se trata ya de los papelones que protagonizó la administración Macri al respecto sino de algo más simple y profundo: el diseño de una nueva camiseta para el seleccionado nacional de fútbol, en honor a los 200 años de la independencia de Argentina. La casaca, más allá de su estética llamativa, porta en su diseño un mensaje inconcebible: tiene en relieve el escudo de la Asociación del Fútbol Argentino y el mapa del país… ¡escrito en inglés! Así, entre la ridiculez y la vergüenza, Puerto Deseado aparece como Port Desiree, el Atlántico Sur como South Atlantic y el Estrecho como Magellan Strait. Y, por supuesto, las Islas Malvinas como Falkland Islands.
Tamaña grosería levantó una ola de indignación en las redes sociales, que descargó altas cuotas de ira contra quienes, en su supina incompetencia, no fueron capaces de prever semejante burrada. Hasta ahora nadie ha salido a hacerse responsable de este grotesco que trasciende las fronteras deportivas y agravia no solamente el orgullo sino también la postura diplomática de los argentinos.
Se sabe que el diseño corrió por cuenta de una firma española pero ¿no hubo siquiera un connacional que lo advirtiera? Si hasta podría pensarse que hay una burla implícita en el diseño de una camiseta argentina realizado por una empresa española que resalta el contenido en idioma inglés.
¿Se atreverá algún dirigente, y algún jugador, a presentarse en público con semejante adefesio?