George Bush, más que un “pato rengo” parece un “pato criollo”

En EE.UU. se dice del presidente que está consumiendo su segundo mandato que es “pato rengo”, de poder menguante. Pero el texano parece “pato criollo”, el de los “dos pasos y una c.”, vista la cantidad de críticas que recibe.
EMILIO MARIN
En noviembre próximo habrá presidenciales en Estados Unidos y no está para nada asegurado que el próximo inquilino de la Casa Blanca sea republicano, del mismo palo que Bush. Si sus dos períodos hubieran sido beneficiosos para la mayoría de la población, tal continuidad partidaria habría sido casi una certeza.
Pero el senador por Arizona, John McCain, que corre con esos colores, puede perder la apuesta. Si hasta hoy está vivo y con chances no es porque sea apadrinado por el texano sino porque los dos precandidatos demócratas se están desgastando sin que se sepa aún si finalmente el candidato será el senador Barack Obama o la también senadora Hillary Clinton.
Esos dos políticos no han zanjado la interna demócrata, que se estirará hasta el 3 de junio cuando vote el último de los Estados, Montana, o incluso hasta agosto, cuando se hará la convención nacional. Esto mantuvo a McCain con posibilidades. De lo contrario todo el mundo ya habría dicho que iba derecho a una derrota, luego de la cuestionada administración Bush. Más aún, el senador no era el favorito entre los republicanos ni el bendecido por el actual presidente, lo que debe haberlo ayudado a juntar el número de delegados necesario.
Demás está decir que Bush necesitaría que en noviembre triunfase McCain, de modo de morigerar ante el tribunal de la historia las críticas a su gestión y, último pero no menos importante, lo ayudaría contar con un aliado de poder para zafar de eventuales revisiones y pleitos por estos ocho años en el Salón Oval.
Un tema que sigue siendo fuente inagotable de críticas al gobierno actual es el frente de guerra en Irak, que fue de su personal incumbencia. No sólo vienen los cuestionamientos por el lado de líderes del Tercer Mundo, la ONU y organizaciones humanitarias. Hasta Zbigniew Brzezinski, ex funcionario de Seguridad de la administración Carter, escribió en abril pasado que se trata de “una guerra que la saliente administración Bush inició deliberadamente, justificó demagógicamente y llevó adelante mal”. El hombre del apellido difícil de escribir propuso “un retiro organizado con sensatez de Irak”. Dicho sea de paso, es todo lo contrario a lo que plantea McCain, quien dijo que era partidario de dejar las tropas en el país árabe cien años si fuera preciso.
A mediados de mayo la Casa Blanca debió informar al Comité de Defensa de los Niños, dependiente de la ONU , sobre los niños que tiene detenidos en Irak. A abril de este año eran 500 los menores de edad prisioneros en ese país y 100 más en la cárcel de Bagram en Afganistán. En total admitió que 2.500 niños iraquíes pasaron por esas cárceles por períodos de un año o más, un récord internacional difícil de igualar para quien posa de representar un modelo destacado de democracia.

“El pueblo elegido”.
Como si la apertura de frentes bélicos en Afganistán e Irak no fuera suficiente en materia de muertos norteamericanos (4.000) y heridos (30.000) y de gastos (cercanos a los 900.000 millones de dólares), Bush mantiene activadas las provocaciones contra Irán.
Bajo esa política aventurera e imperial, en enero último se produjo un incidente en el Estrecho de Ormuz entre lanchas iraníes y tres barcos de la Armada estadounidense, que casi pasa a mayores. Y en abril pasado, otro tanto, cuando un barco de carga contratado por esa Armada hizo disparos contra dos lanchas de Irán a 80 kilómetros de las costas de este país.
Si esos incidentes armados se ponen en perspectiva con los discursos de Bush y autoridades israelitas durante la visita de aquél a Israel a festejar el 60º aniversario de la fundación de este Estado, se verá que es muy alto el riesgo de abrir hostilidades con el gobierno de Mahmud Ahmadinejad.
Es que el visitante aseguró el 15 de mayo ante el parlamento israelí, que “Israel es el hogar del pueblo elegido”. Un día antes, en una conferencia internacional celebrada en Jerusalén, había dicho que “EE.UU. es el mejor y más antiguo amigo de Israel en el mundo”, recordando que el entonces presidente Harry Truman fue el primero en reconocerlo a sólo 11 minutos que hubiera sido fundado.
Con ese paraguas de protección, Ehud Olmert, el premier israelí, reconfortado, dijo que ambos países unirán sus fuerzas para frenar a los iraníes en sus continuos esfuerzos por fabricar armas nucleares “que son un claro peligro y una amenaza para la estabilidad del mundo”. Lo curioso es que Israel tiene entre 200 y 300 armas atómicas e Irán ninguna. Hasta un dócil aliado como Arabia Saudita le pidió al viajero que trate igual a israelitas y palestinos.
Las amenazas de intervención norteamericana también tocan a América Latina, pues días atrás el canciller venezolano denunció que un avión norteamericano había invadido el espacio aéreo de su país. Pudo haber sido un mero error de la tripulación, como arguyó Washington, o bien una provocación urdida para que el gobierno de Hugo Chávez les diera la oportunidad de una campaña punitiva.
Por su parte el presidente de Bolivia, Evo Morales, viene alertando hace meses sobre el rol injerencista del embajador norteamericano en La Paz, Philip Goldberg, quien financia y apoya a la oposición separatista de la “Media Luna”.
Si algo le faltaba a Bush para sumar descrédito internacional fue la decisión del 6 de mayo pasado, de reanudar las ejecuciones a presos por medio de la inyección letal. Entre julio y octubre está previsto matar así a 14 presos, de los cuales 8 son de piel negra, lo que denota el racismo y discriminación de ese grupo étnico en una sociedad que supo dar fulgor al Ku Klux Klan.

Y encima, recesión.
El 2 de abril finalmente el titular del Banco Central norteamericano, Ben Bernanke, admitió ante el Comité de la Junta Económica del Congreso, que “el producto bruto interno no crecerá mucho, o nada, durante la primera mitad de 2008 e incluso podría contraerse ligeramente”. En otras palabras, confesaba que su país estaba planeando hacia abajo, hacia una cierta recesión, luego de varios meses de crisis del mercado hipotecario que impactó fuerte en el sector bancario y la industria de la construcción.
Producido el problema de las hipotecas “sub-prime”, consideradas de riesgo, el incendio se metió adentro de las estructuras bancarias. Como siempre, el gobierno norteamericano y sus similares europeos, se dedicaron a apagar las llamas y salvar a entidades bancarias, mientras los particulares afectados eran dejados a la deriva. El banco Bear Stearns, por caso, insumió en su salvataje 30.000 millones de dólares para no quebrar. En Francia auxiliaron al Societé Genérale, en Suiza hicieron otro tanto con el Credit Suisse y el UBS, mientras el Banco de Inglaterra se hizo cargo de la deuda de los créditos hipotecarios de las entidades británicas, supuestamente para evitar un mal mayor. Los bancos podrán canjear sus hipotecas de imposible cobro por un bono con respaldo del tesoro londinense, por una cifra que oscilará entre 100.000 y 200.000 millones de dólares.
De todos modos la crisis financiera instalada en EE.UU. no pudo evitar ser catalogada como la más seria desde la “Gran Depresión” de los años ’20, con traslado a la economía real y contagio en Europa.
El FMI calculó a la baja el producto bruto estadounidense para 2008 e incluso estimó que en 2009 a lo sumo crecería sólo 0,9 por ciento. Esa perspectiva implicará peores condiciones de vida para las personas que viajan en “clase turista”, y subsidios a granel, como los recibidos por los bancos, para los de “primera clase”.
Anticipándose a opiniones exitistas sobre el fin de la crisis, el director gerente del Fondo, Dominique Strauss-Khan expresó a mediados de mayo ante el parlamento europeo en Bruselas que la crisis “aún dejará sentir su peso sobre la actividad económica durante varios trimestres”.
Por supuesto que semejante desastre no tiene un solo autor. Pero seguro que Bush está entre los mayores responsables y por eso se está yendo del poder con cero prestigio. Como “pato rengo” y “pato criollo”, el de “dos pasos y una c.”.