Gracias, pero gracias por el claro anticipo

MODESTO MORRAS
Bueno, tenemos que empezar explicando por qué estamos agradecidos, tan agradecidos. Todos saben que si hay un puesto que ilusiona a muchos, es el de ocupante mayor de la Casa Rosada. La Cristi, lo ha dicho ella misma o se lo dice la inflexible realidad de los números, no tiene mayor posibilidad de extender su presencia allí por otro cuatrienio. Y aunque no todavía anotados formalmente, hay infinidad de postulantes a sucederla. De la tropa propia, no se divisa alguien de segunda línea al que (o a la que) le calce bien la banda. Abundan los de cuarta y de quinta, y su pantalón o falda no da la medida. Enfrente, no faltan postulantes pero, ya lo dijo con claridad una fotografía que ilustró diarios y revistas en un acto locrero en Córdoba el primero de mayo último. Allí no se vio a gente de trabajo para justificar la ocasión del acto. Alguno fue un privilegiado hijo de adinerados, otro formó fila detrás de un interventor federal que se destacó por garrotear a verdaderos obreros, más allá y en parecida función se ve a alguien que años ha supo usar ropaje juvenil y sindical pero en rol de “derechadré” en un partido que tenía y tiene abundancia de esa estirpe. Cómo se va a poner de acuerdo ese conglomerado heterogéneo, daría lugar a una respuesta del millón de millones.
Faltó en esa nota gráfica el más mimado por la Corpo y de su prensa orientadora. Y ese hombre es el destinatario de las gracias del comienzo, por ser el único que ha mostrado bien sus cartas como un muy chambón jugador de truco, sobre qué le espera al país si en el voto lo favorecen las presidenciales de 2015. ¿Qué patas mostró esta sota? En la reciente represión del hospital Borda, muy temprano, en horas de la madrugada y desoyendo una decisión clara de la Justicia, este tipo mandó demoler los talleres del instituto pero, muy prevenido el hombre, envió también a su policía para castigar a los que protestaran o chillaran por el estropicio. La “metro” cumplió su función a maravillas: palazos y hasta balas de goma, contra todo quien objetara la demolición, fueran trabajadores del hospital, legisladores, periodistas. Ni siquiera valía “hacerse el
loco” porque también cobraba, como cobraron algunos internos del mismo neuropsiquiátrico por parte de esa bárbara tropa policial.
Gracias entonces a este buen Mauri, porque ya bien dijo cuál será su modus operandi ante cualquier atisbo de oposición. Palo y a la bolsa a todo el que grite.
Pasaron los días y llegó un fin de semana distinto. El cielo es el mismo, el suelo también. Es la misma gente de ayer pero… hay algo distinto. La gente que menos tiene, o que casi menos tiene (la más desposeída ni siquiera puede soñar con viajar, por eso el “casi”), es la víctima estos días. Más claro y directo, la población de escasos recursos, aquélla que no puede trasladarse a otro punto del país en otro medio de transporte porque carece del propio, es la reventada de hoy. Y es así, sin darle más vueltas. Los que tienen uno o varios rollroyces, o porsches, o cadilllaques u otros autos de (como gusta decir hoy) “alta gama”, o rodados menos lujosos pero aptos para recorrer las grandes distancias de un país muy extendido, pueden reírse de la lucha de los sufridos colectiveros que, mediante un paro que perjudica a otros tanto o más pobres que ellos, quieren alcanzar un trato más digno por parte de las empresas empleadoras que no les canta demasiado si éstos tienen achatado el culo en su duro asiento, o se le duermen los brazos tanto tiempo aferrados al volante.
Es un tire sin afloje y los más perjudicados, otra vez, siguen siendo los que disponen de menores recursos y dependen del transporte público. El gobierno, tan pronto a dictar la conciliación obligatoria en otros conflictos obreros que perjudican a la población, sigue haciéndose el sota. Por lo menos hasta la noche del sábado, cuando se tecleaba esta columna.
Y los sindicatos, ¿tan carentes de ideas se encuentran que no hallan una forma de presionar a sus insensibles patronos sin maltratar a los pacientes usuarios?