miércoles, 18 septiembre 2019
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Grandes alegrías, algunas dudas y varias preocupaciones

LA SEMANA POLITICA

Las primarias depararon a las mayorías una gran alegría. Fueron casi un casi punto final al gobierno de Macri. Quedan varias dudas y preocupaciones: ¿cuándo concretar esa victoria y cómo será el nuevo gobierno?
SERGIO ORTIZ
El Frente de Todos de Alberto Fernández ganó a nivel nacional con 11.622.020 votos (47,65 por ciento), frente a Juntos por el Cambio de Mauricio Macri, que tuvo 7.824.996 votos (32,08 por ciento).
Después de «cortar clavos» con los código fuente de SmartMatic y la propaganda tendenciosa de la mayoría de las encuestadoras y medios concentrados de incomunicación, que sugerían sólo leve ventaja para la oposición, como expresión de deseos del macrismo, el domingo a las 23 horas ya se sabía la verdad. Las PASO fueron una verdadera paliza para el gobierno del ajuste y el FMI, con 15.5 puntos de ventaja para los Fernández, que contabilizaron casi 4 millones de votos más que el gobierno.
La explicación de ese resultado es sencilla. Al cabo de cuatro años de brutal ajuste en el empleo, salarios y jubilaciones, con altas tarifas de los servicios públicos y el transporte, una inflación en el podio mundial, y un endeudamiento externo que batió todos los récords, etc, la mayoría del electorado votó con bronca y esperanza a la vez.
Bronca contra los candidatos de la pobreza y el hambre en un país que se precia de producir alimentos para 500 millones de personas.
Y esperanza en que esa derrota del neoliberalismo abriera paso a un gobierno mejor, que sin ser ninguna maravilla al menos reparara lo más pronto posible esos desastres políticos que cayeron sobre Argentina en forma de tsunami.
La otrora mancha amarilla del PRO-Cambiemos que había coloreado el mapa del país ahora pegó un gran retroceso, limitándose a Ciudad de Buenos Aires y Córdoba. En la Madres de todas las Batallas, provincia de Buenos Aires, la diferencia a favor de los candidatos del FDT, Kicillof-Magario, fue aún más amplia que a nivel nacional pues tuvieron un apoyo del 52 por ciento frente al 34,6 de Vidal, una hada que no era buena ni siquiera para ganar elecciones.
Dos postales de la derrota fueron el Payaso Orejudo solo y abatido en Parque Norte, sin fiesta, y Durán Barba en Ezeiza tomando un vuelo afuera. Son detalles. En política lo más importante fue el descalabro que hubo en ese búnker macrista, con el presidente abatido y Elisa Carrió arengando a la tropa, para finalizar mandando a la gente a dormir.
El lunes 12 el presidente estaba aún más conmocionado en la conferencia de prensa y dijo cosas que ni siquiera un amateur diría en esas circunstancias, al punto que el miércoles en su guionado discurso de Olivos tuvo que pedir perdón. Estaba sin dormir, alegó. Diego Maradona lo hubiera explicado con más apego a la verdad: «Macri, LTA».

Lo institucional y lo real.
Según las normas legales, ahora hay que aguardar a las elecciones del 27 de octubre y si hiciera falta un balotaje la fecha es el 24 de noviembre. Y según sea el resultado, que ahora está casi cantado, el 10 de diciembre habría cambio de presidente con ceremonia en la Rosada y el Congreso.
Obviamente lo mejor sería respetar estos tiempos legales y hacer todo en regla. Para Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner también sería lo mejor porque les daría más tiempo para elaborar su programa de gobierno, que no quedó del todo claro durante la campaña. También estos casi cuatro meses serían útiles al nuevo presidente y vice para armar su equipo en el Ejecutivo y reacomodar sus bancadas en Diputados y Senadores, así como para mejorar el vínculo con los gobernadores (de todos modos en el acto de agosto en Rosario se exhibió una muy buena sintonía con ellos).
El problema es que Argentina no es Suiza, como suele decir el cronista. Al día siguiente de la derrota macrista el dólar pegó una estampida y superó los 60 pesos, con el riesgo país rozando 2.000 puntos. Las idas y vueltas del presidente agónico con su paquete de paliativos y el desencuentro a la vista con las petroleras, que desairaron su anuncio de congelamiento de combustibles por 90 días, generaron otros picos del billete verde.
Esos dos hechos pusieron un componente explosivo, mayor a la derrota electoral en sí; en primera instancia el perdidoso quiso explicar esa inestabilidad cambiaria con el peligro de regreso del peronismo.
El paquete de alivios, buscando descaradamente que lo voten quienes los repudiaron, tendrá un costo fiscal. Sacar el IVA a muchos alimentos, elevar el piso de ganancias para la cuarta categoría, hacer concesiones impositivas a los monotributistas y planes de pago en las Pymes, aumentar la AUH, convocar al Consejo del Salario para elevar el salario mínimo, etc, pega en los dientes de Macri y Nicolás Dujovne. Y pone en crisis los números del «déficit fiscal» cero que venían congeniando con el Fondo Monetario Internacional.
Al final renunció nomás Dujovne, reemplazado por Hernán Lacunza; y también se especula que el FMI no vendría en las próximas semanas a Buenos Aires, donde tiene que hacer la quinta revisión del acuerdo y liberar la entrega de 5.000 millones de dólares antes de las elecciones.
Desde ese ángulo, el repentino «populismo», bien entrecomillado, de un Macri electoralista y que sueña con dar vuelta el resultado en octubre, alimenta más inestabilidad de su propia administración y de la situación argentina.
Por otro lado, con el salto que pegó el dólar, incluso lamentablemente avalado por Alberto Fernández, quien dijo que «estaba bien», es dable esperar que la inflación de agosto y de allí en adelante volverá a aumentar en forma exponencial. Los precios en julio, antes de la debacle, crecieron «sólo» 2,2 por ciento, pero desde el próximo mes se irán «pum para arriba».
Los precios de alimentos y medicamentos van a ser más privativos aún para muchos argentinos de a pie, pues ganan sueldos magros en pesos y tendrán menos poder adquisitivo.

Quizás deba asumir antes.
Además, suponiendo que Macri tuviera voluntad de hacer respetar esos precios menores por haber sido liberados del IVA, una suposición muy ingenua, ¿quién asegura que los empresarios de esos rubros van mantener esos precios? A las petroleras hubo que dictarles un Decreto de Necesidad y Urgencia para que congelen por tres meses el precio de las naftas. ¿Lo cumplirán? ¿Alguien puede dar fe del grado de cumplimiento de monopolios como Shell, PAE, Total, Axion, Techint y de la propia YPF?
Ojalá las cosas no lleguen a ese final que parece anunciado, y en parte copiado de diciembre de 2001, helicóptero incluido. Como se dijo, lo ideal sería que este gobierno haga el menor daño posible en el cuatrimestre que le resta y que la nueva administración se prepare mejor para dirigir el país.
Pero vivimos en Argentina, con índices espantosos de pobreza y desempleo, donde cada día que pasa cierran 43 Pymes. El cálculo es simple: hasta el 10 de diciembre faltan 114 días, a 43 por jornada da que cerrarían otras 4.902 Pymes. Cada día se pierde el empleo de 663 trabajadores, en 114 días son 75.582 trabajadores desocupados más. Cada día el Banco Central le paga a los bancos 1.900 millones de pesos por las Leliq, en 114 días serían 216.600 millones de pesos.
¿Está el país en condiciones de seguir hundiéndose en semejante crisis sólo porque el CEO del Titanic aferrado a su rumbo de colisión y naufragio?
Como ya lo han planteado algunos políticos y sindicalistas, entre ellos Hugo Moyano, lo mejor sería que Macri admita que hasta aquí llegó y que renuncie. La Asamblea Legislativa, en un marco democrático e institucional, podría designar un presidente provisional y adelantar las elecciones para fines de septiembre, de modo que el 1 de octubre termine este calvario.
Quienes ganaron las PASO no quieren ese adelantamiento de los tiempos y es lógico, pero por otro lado está la desesperante realidad del pueblo, que los urge.
Para estrenar gobierno hay algunas ideas interesantes que AF expuso en campaña, como los aumentos a jubilados (ahora fueron excluidos de los paliativos macristas), medicamentos gratis para ellos, apoyo a las empresas argentinas para aumentar la oferta de trabajo y más presupuesto a la Ciencia.
Todo bien con esas iniciativas, pero aún el más fanático albertista debería admitir que no son suficientes. El país debería hacerse de dólares genuinos mediante la nacionalización del comercio exterior y con medidas contra la Patria Financiera. También amerita una suspensión de pagos de la deuda externa hasta que se pudiera lograr un arreglo favorable a Argentina.
El cronista admitió que sentía la alegría de las multitudes el domingo 11, pero a la vez está preocupado por el camino centrista y conciliador de AF. Tuvo reuniones con el gerente de Clarín, Jorge Rendo; con el dueño de Aceitera General Deheza, Roberto Urquía; con el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alberto Padoan (Vicentín); con el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín; el dueño de Café Cabrales que pedía reforma laboral, etc.
Esos encuentros son mucho más peligrosos y preocupantes que su conversación telefónica con Macri, un general sin estrellas. Esos dueños de monopolios son los comandantes del ejército que nos aniquiló en el cuatrienio. Que no se nos infiltren en nuestro Estado Mayor.