Gustar efedrina en USA y explotar en Bangladesh

Cuando entraba en sus momentos finales el mundial de fútbol de Estados Unidos, en 1994, la noticia del doping de Maradona y la exclusión del astro del equipo argentino, confirmó el “efecto mariposa” de la teoría del caos. Una tumultuosa manifestación en la capital de Bangla Desh, en Asia, al norte de la India, recorrió las calles para dejar constancia de su protesta por la sanción al astro. En cambio, en la Argentina hubo otras sensaciones: pena, congoja, bronca con blancos variables y, más que nada, sentimiento de frustración.
Aquella fue la primera vez que se oyó hablar de la efedrina, sustancia que en estos días ha subido a las primeras planas de los medios argentinos por haber trascendido detalles de su contrabando hacia México y por un triple crimen sin esclarecimiento.
La reacción de los bengalíes (de la masa, incluyendo el lumpen, probablemente) ha sido analizado desde entonces, junto con muchos otros efectos de los sucesos de la vida del ídolo popular, surgido del fútbol. En una de las reuniones más recientes de Café, Cultura, Nación, el excelente programa propiciado por la secretaría de Cultura, se escucharon opiniones de gente del fútbol, tanto acerca de Maradona como del significado sociocultural de ese deporte.

Mitos de la pobreza
En la reunión se partió de esta pregunta: ¿por qué Maradona llegó a ser, en el mundo, una especie de símbolo máximo de la Argentina? Pablo Alabarces aportó estas opiniones: -porque era el número 10, que es la calificación máxima (en deportes y educación); el 10 concentra la significación que hasta puede hacer que un individuo sea mirado como superior a lo humano. Un Médico de Frontera, argentino, contó que en una ocasión, en África, se encontró entre dos fuegos y que, en peligro de muerte, se le ocurrió gritar ¡Maradona!, ¡Maradona! Los dos grupos cesaron el fuego y lo dejaron alejarse. Lo habían reconocido como argentino (¿cómo el médico argentino?), lo que significa que no sólo sabían de Maradona sino que lo reconocían como un ser ante el que hay que adoptar otra conducta.
¿Cómo se construye el héroe? Se dijo en el Café que hay que partir de la “ética del pobre”: el reconocimiento al hombre que se abre camino, se impone, gracias al mérito, la picardía, la habilidad corporal. Los famosos goles a Gran Bretaña fueron, cada uno de ellos, la expresión de esos “valores”: picardía en uno, habilidad en el otro. La trampa de tocar la pelota con la mano se lee como una picardía, no como una falta. Es así desde hace mucho: tradición hispana e iberoamericana del pícaro (el malandro de los brasileños). Para la moral anglosajona, aquel gol fue una incorrección, pero los de Escocia acaban de mostrar que, para ellos, Maradona simplemente se valió de lo necesario para derrotar a los ingleses (como sueñan hacerlo los escoceses). Cuando Maradona lideró el Nápoles, del sur pobre, y derrotó a los poderosos equipos del norte rico, confirmó su condición de héroe de los postergados. En Estados Unidos, para algunos fue derrotado por la CIA, no por su adicción. Maradona enfrentaba a la gran potencia. Cuando fue al Vaticano y criticó la suntuosidad y lujo, desafiaba al poder eclesiástico, lo mismo que cuando se enfrenta con los dirigentes de la FIFA.

El ídolo está en espera
Según éstas y otras apreciaciones que se escucharon en el Café, el ídolo de las masas, sobre todo las más empobrecidas, se hace por sí mismo, pero a partir de que es notado, descubierto o advertido, la masa interviene en su construcción, según su modelo ideal. Resulta, al cabo, un producto colectivo y perdura o puede perdurar más allá de que el personaje siga siendo valioso o defeccione. O desaparezca.
En el Café se dijo también que Maradona puede haber sido el último de estos héroes, por lo menos de los que nacen en el magma futbolístico. Es que han cambiado muchas cosas. La tribuna va perdiendo presencia desde que la televisión es preferida por muchos para ver los partidos. La misma tribuna es otra cosa -dijo Juan Pablo Varsky- desde que la hinchada de Ríver expulsó de allí a los pungas, que antes tenían en ella su escenario. Luego, esos hinchas reclamaron beneficios y otros hinchas salieron a disputarles esa canonjía.
JOTAVE