Habitan sitios informales y son también personas

Señor Director:
Una organización social que se denomina Techo ha dado a conocer, en un informe, los resultados principales de su Relevamiento de Sitios Informales, realizado en 2016.
Estima que en dichos sitios habita alto porcentaje de la población total del país. Un sitio informal es un asentamiento, a veces nada reciente (uno de ellos ya va para el siglo). Se caracteriza por la carencia de servicios.
De lo relevado por Techo, el 98 por ciento de dichas poblaciones carece de cloacas, el 95 no tiene agua potable y el 72,6 no está incluido en la red eléctrica. También es muy frecuente que se hallen instaladas en lugares próximos a factores de riesgo, o sea donde, por la vecindad con basurales u otros factores peligrosos, no es aconsejable tener la morada permanente.
El trabajo de campo fue realizado en lugares de la metrópoli (CABA), provincia de Buenos Aires, Córdoba, Neuquén, Gran Corrientes, Alto Valle de Río Negro, parte de Salta, área metropolitana de Rosario, San Miguel de Tucumán, Gran Resistencia y áreas misioneras. El total, fueron estudiados 2432 asentamientos donde viven alrededor de 650.685 familias. Esta nómina incluye asentamientos, villas y barrios populares. Solamente el 2,3% de esos lugares poblados reúne más de 1.500 familias, o sea que la mayoría suman cantidades menores. La media de antigüedad de 28 años, de lo que se infiere que el proceso comenzó a acentuarse hace poco menos de un cuarto de siglo.
Este último dato muestra gran coincidencia con el acrecentamiento de la población urbana en detrimento de la rural. Antes, desde la segunda década del siglo veinte, se acrecentaron las migraciones internas y luego llegaron los migrantes procedentes de países vecinos: Paraguay, Bolivia, Chile y Uruguay. Estos ríos de personas que dejaban sus lugares tradicionales de residencia se orientaban de modo muy predominante hacia Rosario, Córdoba y Buenos Aires: tal fue la ruta principal desde el norte y el noroeste.

Riesgos
Un estudio reciente, centrado en las villas de emergencia de población más caudalosa, hacía notar que residir en las condiciones mencionadas (sin cloacas, agua corriente y energía eléctrica) afecta especialmente a los niños, o sea a las edades de crecimiento, puesto que, además, esas familias tienen ingresos muy limitados. Una residencia prolongada en dichas condiciones se traduciría en menor capacidad corporal y también cognitiva (para adquirir y aprovechar el conocimiento).
Los asentamientos llamados villas miseria, informales con numerosa población y de una larga permanencia en el sitio, son lo observado cuando se habla de dichos efectos posibles, que pueden ser mirados como prejuiciosos dada la tendencia de muchas personas a referirse a los villeros descalificándolos para su recuperación.
La inferencia que permite este enfoque de los asentamientos “informales” es que tal modo de vivir no solamente da cuenta de la pobreza y la desigualdad de las opciones actuales para dichas personas (cuya importancia numérica es muy significativa). Lo que se estaría demostrando al mismo tiempo es que vivir prolongadamente en tales condiciones es asimismo un factor que genera las desigualdades: que las crea, y que éstas son las de mayor incidencia para todo intento de superación.

Rojas
Desde ahora, las calles de las ciudades de cierta importancia poblacional no solamente mostrarán las actuales estrellas amarillas, pintadas en cada lugar donde alguien murió en accidentes de tránsito.
Gente de la ciudad de Mar del Plata ha comenzado a pintar estrellas rojas en el pavimento: una por cada femicidio local.
De seguir como vamos, tanto en accidentes fatales de tránsito como en cuanto al asesinato de mujeres por motivos de género, un día podremos hablar de otro cielo… solo que las nuevas estrellas no serán plateadas ni titilarán.
Atentamente:
Jotavé

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