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¿Habrá un ejercicio de memoria y autocrítica?

A la «reconstrucción de la Patria» que reclaman tantos referentes políticos y sociales habría que añadir algunas reflexiones acerca de las circunstancias, que hoy parecen haber sido dejadas de lado, vinculadas con la irrupción y el crecimiento de esa expresión política que todos llamamos macrismo. Se trata de un conjunto de señales -pero también de evidencias- que muchos prefirieron ignorar en su momento a la hora de decidir el sufragio. Porque a pesar del reciente cachetazo que una mayoría del electorado argentino le acaba de propinar a la derecha y el neoliberalismo, no se puede negar la ingenuidad y falta de memoria que prevaleció durante los pasos políticos iniciales de la fuerza que hoy está en el gobierno.
En esos años muchos prefirieron echar al olvido una seria acusación -y doble condena- de contrabando de autopartes que había recaído sobre el entonces candidato al gobierno de la CABA. Tampoco se tuvieron en cuenta las actitudes autoritarias y sospechosas alianzas que desplegara a su paso por el club de fútbol más popular del país. Más tarde, y ya postulado para ocupar la Casa Rosada, sus conocidas operaciones de espionaje telefónico contra opositores políticos no conmovieron a una mayoría del electorado. La clase media que le dio el triunfo electoral ¿no supo entender un mensaje tan directo y riesgoso plasmado en aquella frase: «el salario es un costo más»? No se trataba de meros indicios sino de gestos sustantivos que definían una personalidad y una postura ideológica que chocaban de frente contra el estado de bienestar.
Resulta pertinente demandarle a los protagonistas de un gobierno que provocó tanto daño social el reconocimiento de sus responsabilidades; pero al mismo tiempo -para no quedarse solo en la superficie del problema y profundizar en las razones últimas- también correspondería hacer lo propio con el conjunto de la sociedad. Porque el pueblo argentino, pecando de excesiva ingenuidad o complacencia, prefirió ignorar olímpicamente los antecedentes mencionados y muchos otros también.
El alienante dispositivo comunicacional del macrismo mostró ser eficaz en el logro del objetivo buscado; y fue capaz de seducir a buena parte de las clases medias y bajas, llevándolas al convencimiento de que las privaciones de hoy serían el prólogo de un mejor mañana. Eso sí, ese mañana fue permanentemente corrido hacia adelante desde un cercano «segundo semestre» pletórico de «brotes verdes» a una promesa de eventuales «inversiones» que nunca se materializaron. Tarde advirtieron los jubilados -después de haber acompañado con su voto- que «la luz al final del túnel» que se les anunciaba correspondía en realidad a algo que avanzaba en contra de su bienestar, degradándolo.
También es cierto que este avatar, ideado por think tanks (tanques de pensamiento o laboratorios de ideas), contó con el apoyo explícito de una prensa cómplice y no fue confrontado con suficiente energía por las organizaciones sociales defensoras de los intereses populares como, por ejemplo, la CGT que acompañó largamente al gobierno y miró para otro lado cuando debió oponerse con mayor determinación a la destrucción masiva de fuentes de empleo. Lo mismo correspondería decir de no pocos dirigentes políticos que defendieron el tránsito por «la ancha avenida del medio» y después maniobraron convenientemente para ubicarse entre los triunfantes opositores de hoy.
Sin embargo, como se dijo al comienzo, ni la pretendida ingenuidad ni el desconocimiento deberían eximir de la necesidad de un análisis crítico preventivo. El olvido suele ser un mal que persigue a los pueblos y posibilita la repetición de experiencias políticas dolorosas. La llegada del neoliberalismo al poder, por tercera vez en nuestro país, es un ejemplo cabal. El caos y la destrucción que deja a su paso obliga, aunque duela, al ejercicio de la memoria y la autocrítica.