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¿Habrá un Sabin para el coronavirus?

LA SEMANA PAMPEANA

I – En la semana los pampeanos pudieron comprobar que el tiempo, como predijo Albert Einstein, puede acelerarse. En solo un par de días, los tiempos que la pandemia del coronavirus le impuso a la sociedad se aceleraron y lo que parecía en este alejado rincón del mundo que llegaría en un lejano futuro se convirtió de buenas a primeras en un presente urgente. La primera impresión que se tiene es que los casos que se han detectado en el país no ameritarían la enorme maquinaria de prevención que se puso en marcha. Un par de muertos (ambos con antecedentes que los ubicaban en la población de riesgo), y unas pocas decenas de infectados, no son cifras para comparar, por ejemplo, con los saldos anuales de enfermedades más comunes como la gripe o la neumonía que afectan a centenares de miles y matan miles.

II – Pero el coronavirus tiene más prensa. Sea porque surgió en China en medio de la guerra comercial, porque afecta a las personas que manejan el mundo y se mueven de país en país por los aeropuertos, o porque, en un mundo desarrollado cuya población envejece, una enfermedad que los tiene como víctimas, era lógico que disparara alarmas y mecanismos de defensa desde la cúspide del poder donde la fauna política tiene más de 60 años. Lo que está claro es que, en la Argentina, no son los pobres los portadores, sino la clase media y la clase alta que trae el virus de sus viajes por el mundo. Aquí, los portadores no son los que tienen más alto riesgo sino los que el virus atrape con insuficiencias inmunológicas o respiratoria. Por eso las medidas de cuarentena y de aislamiento están dirigidas a evitar que la enfermedad se expanda. Si eso sucede, los sistemas de salud pueden colapsar por la cantidad de personas que necesitarán respiradores. La Pampa ya anunció que comprará más y que los distribuirá también las terapias de los establecimientos privados.

III – Si las medidas dan resultado, lo más seguro es que la pandemia pase y que lo peor que deje no sean la cantidad de muertos, sino sus consecuencias en una economía. Aquí en La Pampa ya hay actividades que lo sufren de lleno. Los cotos de caza, especializados en brindar servicios a contingentes extranjeros que pagan en dólares, se paralizaron. Las empresas de turismo que hacían de la venta de viajes al exterior uno de sus modelos de negocios más exitosos han sido impactadas de lleno también.

IV – Al momento de escribir estas columnas, las autoridades provinciales había tomado una serie de medidas de restricción de los encuentros urbanos de multitudes. Pero aún no se había decidido, en consonancia con la decisión nacional, la suspensión de las clases en las escuelas. El motivo es que no es la población infantil ni la adolescente un grupo etario de riesgo. Para los que hoy integran los que sí los son, esto es, los mayores de 60 años, esta característica de la enfermedad le quita el dramatismo con el que vivieron, hace poco más de medio siglo la poliomielitis, un virus que también se trasmitía por vía aérea pero con consecuencias devastadoras para la población infantil a la que mataba o dejaba con secuelas gravísimas. Son hoy los mayores de 60 un grupo doblemente castigado en la historia de las epidemias que más afectaron la población y a la opinión pública argentina. Fueron las víctimas de niños de la polio y hoy lo son, ya mayores, del coronavirus. Las medidas que se tomaron para combatir a la polio, hasta que se probaron con éxitos las vacunas Sabin y Salk, remedan las que hoy intentan aislar a las personas que pueden transmitirlas.

V – La diferencia es que el coronavirus se da en una sociedad occidental que ha sido tomada de rehén por las grandes corporaciones. La diferencia es que, hace poco más de medio siglo, los esfuerzos de Sabin por librar a la humanidad de la polio fueron hechos con un espíritu humanitario desprovisto absolutamente de afán de lucro, Tanto que el sabio de origen judío renunció a beneficiarse económicamente por su extraordinario descubrimiento. Hoy el coronavirus sorprende a la humanidad en las garras de un neoliberalismo rapaz que ha hecho de la salud uno de sus objetos de lucro más descarados. Mientras la China socialista construye hospitales públicos de dimensiones colosales en tiempo record y atiende gratis a su población, en el mundo occidental la carrera por lucrar con la enfermedad abre líneas de investigación privada en una carrera por la vacuna porque será, esperan los capitales privados que las financian, más negocio que el fracking, las criptomonedas o la venta de armas. (LVS)