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¿Hacia dónde va la economía mundial?

INCERTIDUMBRE EN EL DEBATE SOBRE EL FUTURO

Mientras unos analistas plantean que la economía global marcha hacia un estancamiento de largo plazo
otros sostienen que son coletazos de corto alcance.
EDUARDO LUCITA*
Los analistas de la economía mundial se dividen entre los que proyectan una recesión y los que piensan que será una desaceleración controlada. Por debajo subyace otro debate, ¿se marcha a un estancamiento de larga duración o por el contrario se están prefigurando las condiciones para una nueva ola expansiva?
La dinámica del capitalismo como sistema se sostiene en su capacidad de innovación y en lograr mejoras permanentes de la productividad del trabajo. A partir de los primeros años de la década del setenta esas mejoras se han desacelerado. Esto ha sido un fenómeno mundial, sobre todo en EE.UU. Si hasta el 2010 la productividad del trabajo crecía a razón de 2.5% anual, desde entonces y hasta 2017 solo lo hizo 0,6 % anual.

Crecimiento débil.
A pesar de esos mediocres avances el capital, a nivel global, se las arregló entre 1970 y 2010 para sostener la tasa de beneficios y restablecer la rentabilidad global del sistema. Esto fue posible porque a partir de la crisis mundial de los años setenta el capital lanzó un proceso de reestructuración de sus espacios productivos y de servicios (relocalización y concentración de empresas, modelo productivo tecnocéntrico) acompañado de una fuerte ofensiva sobre el trabajo (caída estructural de los salarios, cambios en las condiciones de trabajo, incorporación de nuevas tecnologías, inversiones de capital intensivo).
Sin embargo, a pesar de este sostenimiento de la tasa de ganancias el crecimiento de la economía mundial ha sido muy débil. Si hasta la crisis del 2008 crecía en promedio a razón de 5,5% anual sobre todo por la contribución de los llamados países emergentes, a partir de entonces lo hace al 3,7%, con una mejora en la economía de los EE.UU. Este crecimiento ha redundado en una fuerte concentración de la riqueza y en un aumento de las desigualdades sociales en todo el mundo.

Dos visiones.
Sobre la base de ese estancamiento de la productividad; de que asistimos a un período prolongado de demanda insuficiente; de que la economía global se muestra incapaz de dar un fuerte empuje a los salarios y al empleo es que no pocos analistas están planteando que la economía mundial marcha a un estancamiento de largo plazo. De alguna forma recuperan las tesis del estancamiento estructural que enunciara a fines de la década del treinta el discípulo de Keynes, Alvin Hansen y recuperara unos años atrás el exsecretario del Tesoro de EE.UU., Lawrence Summers.
Por el contrario hay quienes sostienen que en realidad se trata del fin del súper ciclo de endeudamiento al que asistimos en los últimos tiempos. Los países centrales están absorbiendo la expansión monetaria a la que se vieron obligados para conjurar la crisis del 2008 (EE.UU. sube las tasas de interés y el Banco Central Europeo reduce la compra de bonos y retira el dinero barato que liberó por la crisis). Computan además que el débil comportamiento de la economía global no impidió el avance tecnológico (inteligencia artificial, internet, robótica de nueva generación) y la conectividad global del sistema. Se estarían prefigurando así las posibilidades de una nueva onda expansiva.

La coyuntura.
En 2018 la incertidumbre dominó la economía mundial que mostró un deterioro de las relaciones comerciales, alta volatilidad de los mercados y suba de las tasas de interés a los que hay que sumarle la desaceleración china y los problemas en Europa incluyendo el resurgimiento de los nacionalismos ultraderechistas.
El FMI calculó que en 2018 el PBI mundial creció un 3,7%, un porcentual menor al del período anterior al 2008 (5,5%) pero superior al registrado en los años posteriores a la crisis. Esto es más notorio en los países avanzados (2,4% frente a un 3% anterior).
Sin embargo, según detalla el analista internacional Jorge Castro, «el producto norteamericano creció 3,5% en 2018 en condiciones de pleno empleo -3,7 de desocupación, la menor en tres décadas- con un aumento del salario real de 3,2% (el mayor en 10 años), una inflación de 1,8% y una recuperación de la productividad del 2,5%». No es ajeno a este cuadro el hecho de que los recortes impositivos decididos por la administración Trump redundaron en una repatriación de capitales de 7 billones de dólares que, según el analista mencionado, parte fue a Wall Street pero otra parte a inversiones productivas.
A pesar de la importancia de la economía norteamericana la economía mundial se está debilitando. El FMI recalculó a la baja sus estimaciones para este año a 3,5%, y a 2,5% para EE.UU., ya que ocurre «a una velocidad mayor a la esperada». La OCDE asegura que «la expansión global ha llegado a su cúspide», mientras que la OMC acaba de pronosticar que «los intercambios globales continuarán contrayéndose en el primer semestre de este año». De hecho Alemania y Japón redujeron sus tasas de crecimiento en estos meses y China, que ha tenido el crecimiento más débil de los últimos nueve años, se está desacelerando más de lo previsto.

¿Recesión en EE.UU.?
¿Cuánto pesa en esta situación el conflicto EE.UU.-China, que no es solo una disputa comercial con suba de aranceles por ambas partes que ha afectado los intercambios, sino que encierra un carácter estratégico por quién controlara la cuarta revolución industrial en curso? Una nueva escalada arancelaria como amenazara Donald Trump si no se llega a un acuerdo que los satisfaga empujaría la economía directamente a la recesión, sin embargo hay indicios de un posible acuerdo, luego de la tregua alcanzada en Buenos Aires durante la reunión del G20, que debería resolverse el próximo 1 de marzo.
Pero no es solo la disputa EE.UU.-China lo que está pesando, también hay indicadores económicos que evidenciarían la posibilidad de una recesión en EE.UU. con su consiguiente impacto global. La propia reunión de Davos concluyó con la convicción de que «la economía global no está a punto de quebrar pero los riesgos aumentan». De esto nos ocuparemos en el próximo artículo.

*Integrante de EDI (Economistas de Izquierda).