Hay íntima relación en el acontecer político mundial

Señor Director:
Parece que ya no es tiempo de pensar la política en términos de nación o país y ni siquiera de región. Nunca hubo una separación total, sobre todo en la parte del mundo que llamamos occidente a partir de la modernidad, pero en nuestro tiempo esta correlación se ha acentuado y tiende a extenderse a toda la ecúmene.
A partir de esta observación se ha podido inferir que ya tiene una forma de existencia real la llamada globalización. Lo veo así aunque esto no significa que hayamos avanzado hacia un gobierno mundial, pero sí -pienso-hacia un poder no formal que está a cargo de mucha parte de la riqueza concentrada en manos de una minoría y que tendría una radicación real en los paraísos fiscales. Esto mismo se ha exteriorizado en la reciente presidencial de los Estados Unidos, donde triunfó un potentado que tuvo respaldo millonario de otros potentados, al tiempo que la candidata derrotada tenía el apoyo del sector financiero más concentrado, en particular Wall Street. Desde este punto de vista, la elección fue un combate entre dos líneas de lo que, en el fondo, es expresión de un mismo poder, una de las cuales se impuso, sorpresiva y con amplitud, porque desarrolló su campaña atrayendo el apoyo de una gran parte de las víctimas del poder financiero norteamericano.
Sigo atentamente el acontecer de ese gran país desde hace muchos años. Conté hace poco la impresión que tuve al ver una película que se centraba en la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, cuando fue candidata a vicepresidenta en la fórmula republicana, en 2008 (contra la candidatura Obama de los demócratas). Ya estaba en desarrollo la etapa final de la elección reciente y noté una gran similitud entre el discurso de la Palin y el de Trump. Había el mismo desenfado e igual apelación a los resentimientos que se han desarrollado en ese país. Por una parte, el de la población europea inicial, que nunca aceptó la inmigración caudalosa que siguió a la independencia. Si aceptó la entrada de esclavos africanos fue porque ingresaban en esa condición de inferioridad. Recuérdese que hubo allí una guerra civil muy importante para poner final a la esclavitud. Y tómese en cuenta la resistencia, que aún dura, a ciertos avances de la ciencia (teoría de la evolución). Más recientemente, desde comienzos de siglo y, en particular, desde la crisis económica mundial de 2008, muchas industrias de norteamericanos se trasladaron fuera del país buscando la baratura de la mano de obra (y también mano de obra esclava), hecho que provocó una caída de la oferta laboral en los Estados Unidos y el consiguiente resentimiento de los desplazados. También el sector obrero sufre el efecto de la robotización, que disminuye la demanda laboral y la condiciona para el futuro. Así se instalaron dos grandes resentimientos: el de los “blancos” originarios que nunca aceptaron la igualdad con el negro y el de estos sectores laborales.
Ahora se reconoce que esos dos factores (el discurso de Trump y los viejos y nuevos resentimientos) han sido determinantes de la sorpresa electoral. Dichos factores se han estado reforzando ante la cuantiosa inmigración recibida por USA y acrecentada por vía ilegal, especialmente desde el sur de América a través de México. Los migrantes ilegales han sido bien recibidos por un sector empresario porque proveen mano de obra barata. Lo que se expresa en la elección del martes 8 es esta realidad y el aprovechamiento por Trump del discurso Sarah Palin, ahora mencionada como posible integrante del equipo de gobierno del electo presidente.
El resultado contrarió todas las encuestas, en coincidencia temporal con hechos que expresan el mismo fenómeno: el Brexit del Reino Unido y el avance en Europa de los partidos de extrema derecha, con mucho parecido al fascismo. También la elección nuestra de 2015 fue una sorpresa con varios de los mismos ingredientes.
Atentamente:
Jotavé

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