Hay más de una lectura en el caso de Olavarría

Señor Director:
La reciente convocatoria del llamado Indio Solari, escenificada en Olavarría, ha dado lugar a una variedad de interpretaciones que no agotan el tema.
Lo que se demuestra es que éste cantautor tiene un enorme poder de convocatoria. Cada una de sus espaciadas presentaciones atrae a multitudes aptas para desatar la envidia de los políticos. Y ya que mentamos a lo político, es sabido que Indio Solari ha acentuado su definición y se configura como crítico del actual gobierno nacional. Este antecedente ha servido para que se diga, luego del luctuoso final del espectáculo, que la agencia oficial de noticias, Telam, intentó aprovecharlo, magnificándolo, como castigo gubernista a dicha definición. Por cierto que Telam, al amplificar el número de víctimas fatales, no se lució en cuanto a profesionalismo, pues se sabe que no envió un periodista a cubrir el acontecimiento y que luego tomó la más macabra versión referente al final y la instaló en el imaginario público de forma que da fundamento a la sospecha acerca de la intención mencionada y sin que la disculpa posterior mejore su caso.
Otros comentarios periodísticos han entendido que este tipo de convocatorias, con esa organización, ha agotado sus posibilidades, que la justicia hará bien en determinar responsabilidades y que la autoridad municipal, que decía haber cubierto todos los riesgos, debería aceptar las suyas a la par de la empresa que se encarga de la organización.
La suma de versiones durante la madrugada y la mañana produjeron la impresión de que nos hallábamos ante la repetición del caso Cromañón y sus antecedentes nacionales e internacionales. Cromañón tuvo efectos que se prolongaron judicialmente por años, hasta concluir en algunas condenas, precedidas por efectos políticos. Se suponía que esta tragedia pondría fin a las convocatorias en locales cerrados, pero los casos se han repetido o han variado, como los festivales de música electrónica interferidos por una concepción del negocio (bebidas y drogas) que deja un saldo de víctimas inestimables, pues solamente se toma en cuenta el número de muertes. En Olavarría la concurrencia real fue del orden de las trescientas mil personas, cantidad que supera el total de habitantes de dicha ciudad.
Más allá del tema de las responsabilidades conviene que se tome en cuenta este fenómeno que moviliza a semejantes multitudes procedentes de una diversidad de provincias. Es un fenómeno de masas que remite a antecedentes lejanos, vinculados con las supersticiones y las creencias religiosas, incluyendo las cruzadas europeas para rescatar el Santo Sepulcro cuando quedó en manos de los partidarios de otra creencia. Días pasados menté en una de mis notas la tradición del Flautista de Hamelin, cuya música atraía a todo ser viviente y hacía que se despojara de la conciencia de los riesgos y se dejase arrastrar a cualquier final, incluyendo la muerte. Algún parentesco existe entre estos acontecimientos y los actuales, a pesar del tiempo que los distancia. Se trata de fenómenos que se vienen dando desde el siglo pasado en todo el mundo occidental y se relacionan con músicos y cantautores. También se relacionan con el fenómeno hippy que arrastró a tantos jóvenes a ensayar nuevas formas de vida, configurando una propuesta que tomó la forma de una discrepancia con el estado de la sociedad, pero que no produjo las modificaciones colectivas buscadas, aunque ha dejado su huella.
Indio Solari repite el poder de convocatoria de otros músicos, en especial de los Estados Unidos. Hay quienes dicen que se trata del poder de la música, pero hay músicos y músicas de valoración permanente, convertidos en clásicos (digamos Bach, entre otros) que no produjeron movilizaciones multitudinarias. Quiero pensar que hay otro u otros factores sociales y culturales que son más determinantes que la sola música.
Atentamente:
Jotavé