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Hay también buenas noticias

El recrudecimiento de esta nueva ola de la pandemia -con sus altos niveles de contagio y fallecimientos- es en verdad preocupante y, probablemente, no deje apreciar en su justa medida la relevancia de los nuevos cargamentos de vacunas que están llegando al país y se están distribuyendo a buen ritmo por todas las provincias argentinas.
Este esfuerzo tiene un doble mérito frente a lo que viene ocurriendo en un mundo marcado por la ideología neoliberal en donde el poder de las grandes corporaciones es mucho más decisivo que el que puedan oponer los Estados nacionales. La desigual distribución de las vacunas contra el Covid-19 exime de mayores comentarios.
Sin embargo, en lugar de destacar este logro, la prensa del desánimo, desde sus usinas porteñas, no ceja en su intento de bajarle el precio buscando convertir en negativa una noticia positiva. Tanto empeño ponen que se han vuelto expertos en ese tipo de operaciones. Y voceros no les faltan. En verdad, sorprende la cantidad de mentiras por minuto que pueden lanzarse sin atisbo de vergüenza desde la televisión corporativa «nacional».
Por ejemplo: hablar del crecimiento de contagios y muertes por coronavirus y atribuírselos, sin más, a «la política». Semejante forma de presentar las cosas -además de fomentar el discurso de la antipolítica- habla a las claras de qué clase de análisis, binario y primitivo, campea en esas propaladoras de la mala onda. No detenerse un minuto a discernir qué sector político anunció y promovió medidas tempranas de cuidado y qué otro se opuso tenazmente, incluso apelando a la judicialización del tema -sabiendo que ello implica un obstáculo que solo sirve para demorar la aplicación de medidas que requieren urgencia- muestra las intenciones que imperan en esos medios.
Un párrafo aparte merece el lobby funambulesco en favor de uno de los laboratorios farmacéuticos norteamericanos, que mostró tener en Argentina más y mejores abogados defensores que en su propio país.
El nuestro está en el lote de países que más vacunas han adquirido en el brutal mercado internacional. En los últimos días -y en los próximos- seguirán llegando aviones con sus cargamentos preciosos. Ignorar este dato de realidad u oscurecerlo con el parloteo del odio, es la forma que ha encontrado la prensa de la derecha para fomentar el malhumor y brindarle argumentos falaces a los terraplanistas.
Es cierto que las restricciones a la circulación de las personas no es un trago fácil de digerir para una buena porción de la sociedad; también lo es el hecho de que afecta no pocas actividades económicas. Pero es la única medida sanitaria, junto con la aplicación masiva de la vacuna, que ha dado resultados en todo el mundo cuando las cosas se ponen muy feas por el alto crecimiento de contagios y muertes, que es lo que está ocurriendo aquí y ahora.
Negarse a ver esta realidad es suicida; y si bien es cuestionable en el común de las personas lo es mucho más en quienes tienen responsabilidades de gobierno. No es casualidad que aquellos distritos que más se opusieron a aplicar estas disposiciones -incluso haciendo alarde de esa necedad- hoy lo están pagando muy caro con el colapso de sus sistemas sanitarios.