Hebe dejó muy alta la vara por si quieren detener a Cristina

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – El símbolo de Madres de Plaza de Mayo dio otra muestra de resistencia a una justicia cuanto menos insensible. Hebe de Bonafini dejó la vara bien alta, por si esa justicia y el poder de turno quieren detener a Cristina.
Las Madres son de la Plaza de Mayo porque ahí comenzaron sus rondas por la aparición con vida de los desaparecidos de la dictadura militar-cívica. Y se pusieron los pañuelos blancos, en rigor pañales, para reconocerse en una marcha a Luján, donde fueron a rogar por un milagro que no se produjo, de ver vivos a sus hijos.
Sus pañuelos son símbolo nacional e internacional de derechos humanos, pero también de perseverancia para pararse frente a las injusticias.
La del jueves fue la marcha número 1999, desde que comenzaron el 30 de abril de 1977. Las hicieron en tiempos de dictadura genocida y con gobiernos con puntos finales, obediencias debidas e indultos, y con presos políticos, como los que ya hay al cabo de siete meses de presidencia de Mauricio Macri.
Llegan puntuales, cada jueves a las 15 horas, con sol o lluvia, o con patrulleros policiales interrumpiendo el paso e incluso buscando detenerlas, como ocurrió esta semana, luego que el juez Martínez Giorgi impartió orden de detención contra Hebe. En una gambeta maradoniana, la Trafic de las Madres se subió a la vereda de Hipólito Yrigoyen y, protegida por la militancia, fue a cumplir su deber, a recordar a los desaparecidos y a reclamar al gobierno que pare la mano con los despidos.
Entre hacer eso y aceptar mansamente la orden de captura expedida en Comodoro Py -y las malas lenguas, piensan también en Balcarce 50- la señora que vive en La Plata no lo pensó ni un segundo. Fue para el lugar de culto de sus dos hijos desaparecidos (Jorge y Raúl) y los treinta mil que quiere como su prole.
Esa noche durmió en la sede de las Madres, cuando aún se mantenía el pedido de detención. Y el viernes se fue a Mar del Plata a un congreso sobre comunicación social, desafiando las reglas de aquella justicia. Ese día se supo que sus abogados habían llegado a un acuerdo con el juez, para que levantara esa orden ridícula y represiva. La mujer lo recibirá en la semana, con su pañuelo puesto, en la casa de las Madres. Recién allí dirá lo que tenga que decir en la causa “Sueños compartidos”, que durmió muchos años un sueño pesado y ahora se reactivó contra aquella.
No pudieron detenerla. No habló entonces. Dijo todo lo que tenía que decir en la Plaza y por diversos medios. Tuvo gran solidaridad. Y declarará en Madres, no en tribunales. Que el lector juzgue quién salió ganando en esta batalla jurídica y política donde el juez la citó de urgencia, cosa que no se hizo en cuatro oportunidades con Macri y cinco con Fernando de la Rúa.

Vara altísima.
Esa puja dejó muy mal parado al gobierno, donde las críticas contra la presidenta de Madres no vinieron de Macri, en Río por los Juegos Olímpicos, sino de Gabriela Michetti. Estaba furiosa contra el acto de rebeldía que los dejó en el ridículo. La justicia mostró su hilacha de clase porque quiso hacer con una mujer de 87 años lo que no hizo con dos ex presidentes con causas aún más graves.
Y qué decir del monopolio Clarín y su aliado “Gaceta Ganadera”: presentaron ese jueves y viernes a Hebe como una delincuente serial y empresaria corrupta. Dolorido por el final feliz de la historia, el amanuense de Héctor Magnetto, Jorge Lanata, clarineteó ayer que el resultado había sido como si en los ’80 hubieran ganado los “carapintadas”. Una muestra de su odio: mezclar el pañuelo blanco de las Madres con los fascistoides Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín.
Además Lanata tergiversa la historia, porque en Semana Santa de 1987 efectivamente ganaron los carapintadas, forzando las leyes del perdón. Este jueves, en cambio, perdieron los que ofendían al símbolo de los DD HH.
El macrismo cuestionó a Bonafini pero trató de poner distancia, como si la detención hubiera surgido sólo del juzgado de Martínez Giorgi. En realidad se puede suponer que el juez se tiró a la pileta porque tuvo gestos oficiales de que allí nadaría en aguas tranquilas.
Habría que ser muy iluso, por no decir analfabeto político, para suponer que el gobierno es completamente ajeno a las causas contra Milagro Sala, a la orden expedida contra Hebe y a las denuncias y citaciones contra Cristina Fernández de Kirchner.
Cuando algunas encuestas arrojaron que un 32 por ciento de los bonaerenses votaría por CFK para senadora, arreció la persecución judicial en su contra. Es que a su vez las figuras del presidente y sus ministros vienen planeando hacia abajo, humeantes, impactados por la crítica social ante los tarifazos, la recesión y los miles de despidos.
Hay que reconocerle a Bonafini un servicio extra a la causa, para su amiga Cristina. Con su victoria de 48 horas puso la vara altísima para la justicia corporativa, en particular para Claudio Bonadío. Si el juez de la servilleta quiere detener a la ex presidenta ya hay una referencia de qué lío social y político se va a armar. Si Cristina sigue libre en buena medida se lo estará debiendo a la mujer del pañuelo blanco. Esta nunca supo elegir a sus colaboradores, pecó de soberbia y pifió en política (caso de las Torres Gemelas), pero tiene bien ganado su lugar en la historia. No merecía que quisieran bajarla de allí con la policía y a los golpes.

Fracasos varios.
El desorientado presidente cree que haciendo profesión de fe pro-norteamericana va a mejorar la situación económica. Recibió con todos los honores al secretario de Estado John Kerry, quien le dispensó varios elogios en persona y ante los 200 popes de la Cámara de Comercio Americana. Con eso no se pone silenciador al Ruidazo del jueves en Buenos Aires y muchas otras ciudades.
Los fracasos gubernamentales también quedaron expuestos en su relación con los caciques sindicales. Los aduló y engordó su caja, el bien más preciado del clan, con la devolución hasta 2020 de los 29.000 millones de pesos adeudados a las obras sociales. Sin embargo eso no fue obstáculo para que las tres CGT hicieran un plenario con 147 dirigentes y difundieran un crítico documento sobre la situación económico y social. “No hay que haberse graduado en Harvard o en otra prestigiosa universidad para darse cuenta de que vamos de mal en peor”, le espetaron en uno de los párrafos entre cuestionadores e irónicos. Los CEO en el gabinete deben haberse sentido aludidos.
La justicia con el papelón del caso Bonafini también dejó mal parado al oficialismo, aunque jurara su inocencia y prescindencia. También en esta órbita, el juez Daniel Rafecas sumó otro traspié para la Daia, Amia y amigos macristas, al negarse a reabrir la mal concebida denuncia del suicidado fiscal Alberto Nisman contra la ex presidenta por “traición a la patria”. El juez, la Cámara Federal y el fiscal Javier De Luca dijeron en 2015 que eso era un disparate y lo mandaron al archivo.
Ahora, en el clima de revanchismo promovido por la alianza PRO-Cambiemos, se la quiere reabrir o bien abrir otra similar con Bonadío, una suerte de toro dispuesto a embestir al margen de los códigos contra todo lo que luzca un color kirchnerista.
Por ahora la cúpula sionista de la Daia y Amia, y la embajada que está detrás, no han recibido ningún premio sino el desconsolador “Siga participando” junto con algunas lecciones básicas de derecho que mentes envenenadas no están en condiciones de asimilar, pese a su simpleza. Por caso, el Memorándum con Irán no se puso en ejecución, luego no hubo delito. La Comisión de la Verdad, tampoco, ídem. Las tarjetas rojas de Interpol no se cayeron nunca. En fin, pero es como si Rafecas le hablara a un muro cementado de puros lamentos.

A San Cayetano rogando…
Uno de los pelotazos en contra más dolorosos lo recibió la cara de Macri cuando la justicia de La Plata habilitó el recurso de apelación del gobierno en contra de los tarifazos, pero manteniendo la prohibición de cobrar los aumentos. “Efecto devolutivo”, que le llaman en Tribunales, no “suspensivo”.
Las ordenanzas de Juan J. Aranguren deberán aguardar que la apelación llegue hasta la Corte Suprema para saber si están autorizadas o no a pegar sobre el bolsillo de la sociedad.
Siendo adverso, ese trámite judicial era esperable para el Ejecutivo. En cambio le debe haber resultado conmocionante la receta que le dictó en tono didáctico Elisa Carrió: que se anule el tarifazo, se llame a audiencia pública y luego se dicte un aumento retroactivo.
Desde el punto de vista del tiempo, capaz que la propuesta de la denunciadora serial sea más rápida que seguir el expediente en la Corte. Claro que en política sería una confesión de inutilidad e ilegalidad que se llevaría puestos a Aranguren y a algunos más. Y ese es el costo que el presidente no quiere garpar.
Mientras cavila cómo zafa de los problemas que él fabricó, hoy verá una postal durísima para la revolución de la alegría y los globos amarillos. Una multitud se reunirá en la parroquia de San Cayetano, en Liniers, y de allí irá a la Plaza de Mayo, reclamando por Pan y Trabajo. Convocan la Ctep (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) y varias organizaciones sociales y sindicales. Esos manifestantes habrán rogado primero a San Cayetano, pero con su marcha estarán dando con un mazo al presidente.