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Hidrovía: se vence la concesión

En los despachos del gobierno nacional se decide por estas horas buena parte del futuro político, económico y geopolítico de la Argentina, porque este viernes 30 de abril vence la concesión del río Paraná y sus puertos que el gobierno Carlos Menem entregara a consorcios extranjeros y luego varios gobiernos posteriores prorrogaran. No se trata de una mera aquiescencia política del aprovechamiento del río más importante del país (y uno de los más caudalosos del mundo) sino de la cesión de un camino fluvial, más conocido como hidrovía, por el que sale la mayoría de la producción agropecuaria del país.
La hidrovía del Paraná tiene características estratégicas: es la puerta obligada y más económica de los países mediterráneos y regiones productivas de América del Sur y la futura y fantástica posibilidad de unirse por la vía fluvial a las otras dos mayores cuencas del subcontinente: la del Amazonas y la del Orinoco. También posee zonas oscuras: es la principal entrada del contrabando y la droga al país.
Ante el anuncio de la nueva licitación y adjudicación, hay posibilidades ciertas de que se renueve la concesión a empresas extranjeras, alternativa deseada y buscada por enormes intereses económicos y geopolíticos. En tanto algunos analistas divulgaron datos asombrosos: debidamente ordenada y administrada en manos del Estado, las utilidades que genera la hidrovía del Paraná en muy pocos años alcanzaría para pagar la deuda externa dejada por el macrismo.
Esta es la realidad insólita resultante de la entrega de los recursos fundamentales del país con el argumento de que el Estado es «ineficaz», en este caso específico referido al trasporte fluvial. En la concepción neoliberal, el emprendimiento respalda la visión que otorga a la Argentina un papel de productora de materias primas, básicamente granos y carne, y dependiente de tecnología industrial extranjera.
Otro de los aspectos relevantes es el impacto ecológico que tendrán sobre un área muy extensa las grandes obras proyectadas sobre el Paraná para posibilitar el acceso de buques de gran calado en puertos a los que actualmente no llegan.
Pero es en el terreno de lo político en donde se juega el partido más importante. En los últimos meses varias voces se escucharon alertando sobre la necesidad de recuperar para el Estado nacional y los provinciales, el manejo de esta poderosa herramienta de comunicación y desarrollo. La pregunta que muchos se formulan es si el gobierno elegirá esta alternativa o cederá a la fuertes presiones, ocultas o evidentes, que se están ejerciendo para que el complejo de la hidrovía continúe en manos de las grandes compañías privadas. Si así fuera quedaría en una posición incómoda frente a amplios sectores que lo respaldan con la esperanza de que se ponga un freno al descontrol y el abuso de las enormes empresas que obtienen enormes ganancias por la ausencia, y deficiencia, de controles del Estado.
La trascendencia de la adjudicación del tramo argentino de la hidrovía del Paraná supera en importancia a cualquier acto que el gobierno haya realizado desde el momento de su asunción, tan cargada de esperanzas en cuanto al desarrollo del país.