Inicio Opinion Hora de actuar, no de discutir

Hora de actuar, no de discutir

La situación de riesgo que vive la comunidad de Miguel Riglos ante la actitud irresponsable de un productor agropecuario que está fumigando a escasos metros del pueblo desnuda un grave problema que presenta varias aristas: un sistema de producción que no repara en agredir al ambiente y a la población humana en aras del lucro inmediato, un Estado que no reacciona con la celeridad que los casos requieren, un entramado social que depende en alto grado de la economía agropecuaria y por lo tanto se siente condicionado para actuar, un funcionariado que no termina de asumir su rol de representante del pueblo y prefiere «no hacer olas»…
El equipo periodístico que envió este diario a Miguel Riglos pudo constatar in situ el clima de preocupación que se vive en el pueblo. El problema no es nuevo, ni aquí ni en todo el país en donde sobran los ejemplos de contaminación masiva de poblaciones con agroquímicos.
El productor que fumigó el 12 de septiembre violó la normativa provincial que establece un mínimo de 500 metros de distancia a un poblado para aplicaciones terrestres. Ese solo hecho debería haber bastado para que el Estado interviniera en forma inmediata ante el riesgo cierto para la salud pública. En lugar de adoptar medidas, como el caso lo requiere, se inició un debate acerca de si corresponde actuar al municipio, la Policía o la Dirección de Agricultura bajo el pretexto de la ausencia de un protocolo o de una ordenanza específica. En tanto muchos vecinos, justificadamente alarmados, comenzaron un reclamo colectivo conscientes de que el «fuerte olor» que inundó todo el pueblo significó que estuvieron respirando un producto químico potencialmente nocivo. Un niño presentó un severo cuadro bronquial y los médicos sospechan que es por contacto con agrotóxicos. Con esos hechos consumados no se puede seguir perdiendo tiempo en debates que son útiles pero en otra instancia. Ahora hay que actuar sin escudarse en procedimientos burocráticos. Hay una ley provincial que fue transgredida. ¿Qué más se necesita? Ni siquiera se tomaron muestras para conocer la sustancia empleada.
Los vecinos riglenses denunciaron que cuando se pusieron en contacto con los productores no recibieron respuestas satisfactorias. Si eso es cierto es muy difícil no hablar de la prepotencia del bolsillo. Y en un pueblo pequeño que depende de la economía agropecuaria todos sabemos lo que eso significa. Por tal razón es el Estado el que debe intervenir rápidamente, sin excusas burocráticas ni debates dilatorios sobre qué repartición debe actuar primero.
Científicos de nuestra Universidad informaron semanas atrás que las napas freáticas del norte provincial ya presentan contaminación por el alto uso de agroquímicos. El Colectivo Sanitario Pampeano viene alertando sobre esta delicada cuestión desde hace mucho tiempo. El propio Estado sancionó normas a fin de establecer distancias mínimas para fumigar y prohibir el ingreso de sustancias tóxicas a las áreas urbanas. Es decir, el problema no es nuevo, de ahí que hoy y ahora, en este caso puntual de Miguel Riglos, hay que actuar sin demora. «Hechos, no palabras», como reza el antiguo proverbio latino.