domingo, 22 septiembre 2019
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¿Incompetentes o entregadores?

I – Finalmente, lo que se temía sucedió. El gobierno no puede pagar el festival de deuda al que recurrió para financiarse luego de poner en marcha una maquinaria infernal de libre drenaje de la riqueza del país hacia el extranjero y destruir el aparato productivo y el empleo. Miles de empresas cerradas, cientos de miles de empleos perdidos y una criminal libertad para que los capitales fuguen, anticipaban lo que hoy está pasando. Ninguna economía puede crecer si no protege su industria y los empleos nacionales de la importación de productos manufacturados con trabajo extranjero y menos aún si, para ocultar ese drenaje, paga tasas de interés usurarias a capitales especulativos extranjeros que solo llegan para rapiñar los dólares que se les permite fugar libremente.

II – La historia juzgará si fueron una manga de incompetentes o una banda de entregadores. En la emergencia en la que han puesto al país hoy no es lo que más importa. Urge contener el daño que pueden seguir haciendo mientras sigan con el control de los resortes de la economía que ahora usan para una desesperada campaña electoral. Las mentes afiebradas que llegaron al poder mintiendo sobre sus planes ¿pueden ser ahora confiables cuando toman medidas y hablan en tono de campaña electoral? ¿Qué es Macri? ¿Un presidente que trata de capear la tormenta en la que se metió o un candidato que está utilizando el poder en su intento desesperado de llegar al ballotage?

III – Sus aliados mediáticos, notablemente mermados por las deserciones de sus componentes «panqueques», siguen inundando la atmósfera informativa con «fake news» con las que maniobran para intentar culpar al candidato que logró casi el 50% de los votos el 11 de agosto. Esos aliados mediáticos son los que le permitieron ganar la elección de 2015 e hicieron posible el inflado de la burbuja macrista que acaba de estallar. Amplificadores de sus mentiras y cobertores de las ruinosas medidas que tomaron desde el 10 de diciembre, siguen hoy apostando a la misma receta. Intentan nuevamente engañar al electorado pero, como dijo un sabio, es inútil buscar resultados distintos haciendo lo mismo. Si tres años y medio de mentiras no pudieron torcer la voluntad popular que fue un escarmiento electoral, seguir mintiendo, ocultando y ahora externalizando las causas de la crisis no va a lograr mitigar ese urnazo en octubre.

IV – Se lo ha oído al presidente, a sus funcionarios y a sus periodistas amigos adjudicar el inicio de la crisis al resultado de la elección, esto es, adjudicando culpas a la democracia que permite elecciones que desnuden el pensamiento público mayoritario. Esas elecciones, donde habló el pueblo de la Nación, dicen sin pudor, enojaron y asustaron al «mercado». La crisis, arguyen, no es la consecuencia de sus políticas de endeudamiento, desinversión y desempleo nacional, es la consecuencia lógica de la desobediencia del pueblo a los intereses del «mercado». Pero ¿quién es el «mercado»? ¿por qué lo oponen a la voluntad popular? ¿Por qué admiten sin pudor ahora que ese mercado es, para ellos, el poder real en la Argentina al que no hay que encolerizar? Lo que desnuda la crisis es la verdadera cara del macrismo, la que asomó en el discurso del presidente la noche del domingo fatídico y el lunes subsiguiente y la que sigue repitiendo que el error de la Argentina es el voto, el poder de los ciudadanos que osa, ahora, oponerse a los planes del «mercado» y sus aliados políticos.

V – En realidad, ese discurso antidemocrático y pro mercado es, en esencia, la histórica incapacidad de las clases económicas privilegiadas de entender la dinámica de las fuerzas sociales y políticas que se desarrollaron en el país de la mano de su desarrollo económico. Pese a la desigualdad que le impusieron esas clases a la propiedad de la tierra y a la de los medios de producción, no logran digerir que esas masas lograran plasmar su poder en organizaciones sindicales, políticas y sociales en su camino hacia el cumplimiento, ni más ni menos, que del mandato constitucional de «promover el bienestar general». Por eso el odio hacia los dirigentes gremiales, políticos y sociales, está en el centro de su ofensiva mediática y judicial. Ese ninguneo de la construcción popular de la historia argentina en el que persisten es el origen de nuestro drama nacional y el que hoy les impide digerir el papel de los líderes de esas fuerzas que han logrado eludir la trampa de la división del campo popular construyendo un instrumento electoral contundente que los ha eyectado anticipadamente del poder. (LVS)