Inicio Opinion Incorregibles

Incorregibles

Con excepción de los famosos, los enfermos y fallecidos por coronavirus no tienen nombre y apellido, ni familiares, ni deudos. Son, apenas, «casos»; cifras impersonales en una planilla estadística. Es muy llamativo en el país de la televisión que se desvive por el «impacto», y en un lugar como el AMBA (Area Metropolitana Buenos Aires) que concentra más del 90 por ciento de contagios y muertes del país y que es, a la vez, la sede de los medios de comunicación más poderosos.
¿Tendrá alguna relación esta práctica periodística aséptica con la militancia anticuarentena de esa prensa? La pregunta no es ociosa. Sobre todo porque conocemos muy bien cómo cubren los medios porteños, especialmente la televisión, los acontecimientos que provocan víctimas. Cualquier accidente, enfrentamiento policial, disturbio o altercado entre vecinos tiene la virtud de atraer a las cámaras de la TV como la miel a las moscas. ¿Qué sucedió ahora? ¿De pronto ocurrió el milagro y las coberturas se volvieron «serias», «responsables», respetuosas del «horario de protección al menor»?
El aislamiento social y obligatorio lanzado por el gobierno nacional como medida sanitaria para luchar contra el Covid-19 mostró ser una medida acertada. Una simple comparación con lo que ocurre en otros países de la región y el mundo alcanza para corroborarlo. Ahí están Chile, Brasil, Perú, México o Estados Unidos, en nuestro continente; e Italia, Francia o Gran Bretaña en Europa para advertir que Argentina enfrentó la pandemia con una estrategia mucho más eficaz. La Organización Mundial de la Salud, medios de comunicación y gobernantes de otras naciones han destacado el accionar del gobierno argentino ubicándolo entre los más eficientes a la hora de reducir el número de víctimas.
Ese buen desempeño del gobierno le generó el reconocimiento de la sociedad y así fue que varias encuestas de opinión comenzaron a detectar un notable crecimiento en la buena imagen del presidente de la Nación. No hizo falta más; ese dato bastó para que las grandes corporaciones de medios se lanzaran a militar en contra de la medida que posibilitó los buenos resultados sanitarios: la cuarentena.
La campaña no ahorró en mentiras ni en manipulaciones. El gobierno nacional fue acusado de «enamorarse» de la cuarentena, de «olvidarse» de la economía, de aplicar una «infectadura» donde «mandan los infectólogos» que avasallan las «libertades individuales». Desde luego, inventaron peleas entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner y a ella, faltaba más, le imputaron las más perversas intenciones. Eso sí, ninguno de los medios -ni siquiera los más poderosos- rechazaron los ATP otorgados por el Estado para auxiliar a las empresas.
Una forma de ningunear la cuarentena es menoscabar el número de víctimas o volverlas anónimas. Sustraerles la identidad y convertirlas en un número. De ahí la ausencia de coberturas que reflejen el dolor de la pandemia en las personas en un lugar tan crítico como el AMBA.
Pero ahora tienen un problema: el crecimiento de contagios y muertes es inocultable, y la indiferencia que venían exhibiendo se hace demasiado evidente. Ya no pueden militar contra la cuarentena con tanta impunidad: es la hora de acomodar el discurso y de buscar nuevos argumentos para cargar contra el gobierno. Desde luego, la quiebra de Vicentin les vino muy bien, y ahora se entretienen acusando al presidente de avasallar la «propiedad privada».