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Indecisiones y certezas electorales

PRAGMATISMO A LA CARTA

En un año atípico los tiempos se aceleraron, finalmente se acabó la diversión y el pragmatismo se impuso. La avenida del medio quedó reducida y la polarización vuelve a dominar el escenario electoral.
EDUARDO LUCITA*
Cuando esta nota llegue a los lectores las principales incógnitas se habrán develado. Se conocerán las alianzas que competirán y los principales casilleros (candidaturas) ya estarán cubiertos. Se pone fin así al dantesco espectáculo que ofrecían los candidatos buscando ofrecerse al mejor postor. No obstante la «rosca» continuará diez días más.
La designación de Miguel Pichetto para integrar la formula con Mauricio Macri (Juntos por el Cambio) impulsada por el Círculo Rojo sacudió las redes tanto como cuando se anunció el regreso al redil de Aníbal Fernández. Sin embargo hay una diferencia no menor: en aquel momento la bolsa y los mercados se derrumbaron, ahora explotaron de alegría. Nadie duda ya de por quién apuestan el establischment y los especuladores.
Desde que Cristina Fernández primereara anunciando las fórmulas Fernández-Fernández a nivel nacional y Kicillof-Magario en provincia de Buenos Aires, todo tomó nuevo ritmo. A pocas horas del cierre el libro de pases Sergio Massa y Alberto Fernández se tomaron el cafecito pendiente y se selló el acuerdo UC-PJ-FR, Frente Todos. La oleada de pragmatismo alcanzó también a Consenso 19 y Alternativa Federal, Roberto Lavagna-Juan Manuel Urtubey será la fórmula de Consenso Federal 2030. La izquierda anticapitalista también sintió el sacudón, llegaron a un inédito acuerdo FIT-MST, al cual se suman grupos menores, para conformar el Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad. Un dato de realismo frente al achicamiento de los espacios políticos.

Un año fuera de norma.
Que este es un año atípico lo demuestra que se ha roto la regla que estipulaba que en los años pares la economía ajustaba y en lo impares (elecciones) se expandía. Este 2019 es todo lo contrario. La economía está en plena recesión, los salarios y jubilaciones han perdido poder adquisitivo, la desocupación y la pobreza están en alza, la deuda interna y externa acumula intereses sobre intereses que consumen buena parte del presupuesto nacional. No se registra en los últimos años un oficialismo que ingrese a un proceso electoral con la economía tan deteriorada y con un futuro que no muestra otra cosa que un agravamiento de las condiciones del presente.
La contrapartida es que no se recuerda un momento en que el capital encontrara tantas dificultades para seleccionar a quienes lo representarán en el ejercicio del poder político y en la administración de los asuntos del Estado. Estas dificultades se mostraron en que los candidatos del peronismo no K giraban sobre sí mismos, como si se hubieran autonomizado de la situación real. Así no se tiene memoria de un candidato que pudiera negociar con varios espacios distintos al mismo tiempo. Massa por ejemplo negociaba con la alianza UC-PJ, hacía lo mismo con AF para ser el presidenciable de esa alianza mientras que en paralelo auscultaba un acuerdo con Cambiemos para habilitar una colectora que le sumara votos y garantizara el triunfo oficialista en la estratégica provincia de Buenos Aires. Otros integrantes de AF como Pichetto y Urtubey analizaban presentarse con candidaturas propias, sumarse a Cambiemos o apoyarlo en un balotaje, en tanto que Roberto Lavagna, candidato original del establishment, daba tantas idas y vueltas que finalmente no lograba consensuar con nadie. Mientras que en el oficialismo la UCR levantó el tono y amagó con varias alternativas para finalmente conformarse con nada. Para terminar el Círculo Rojo puso orden en este desasosiego.

Todo al dólar.
Desde que se conociera la fórmula F-F las miradas convergen en las primarias que tendrán lugar en agosto. ¿Qué pasará el día después de las PASO? Es la duda que desvela a muchos.
La mayoría de las encuestas -si es que puede confiarse algo en ellas- arrojan que la fórmula de la ahora alianza Frente de Todos superaría por varios puntos a la de Juntos por el Cambio, la duda es por cuánto. No faltan quiénes auguran que si la diferencia es por arriba de los cinco puntos se produciría una nueva desvalorización de la ya desvalorizada moneda nacional. Los fondos de inversión desarmarían sus posiciones en pesos y se volcarían al dólar, que además se refugiarían en los más seguros bonos del tesoro norteamericano. Vuelo a la calidad que le dicen.
Sucede que el oficialismo confía todas sus posibilidades de reelección a que se mantenga la «pax cambiaria», la verdadera apuesta es mantener a raya al dólar, a costa de estratosféricas tasas de interés que hunden la actividad económica. Transgrediendo sus propias convicciones -ante la certeza de que la economía no se recuperará como pensaban hasta hace poco- ha recurrido a ciertos anabólicos: Productos Esenciales (variable muy acotada de Precios Cuidados); congelamiento de tarifas (solo hasta fin de año); créditos Anses (más de 2 millones en pocos días); Plan Ahora 12 (reedición del anterior); reducción de impuestos a las automotrices (para reducir stock), todo para evitar que el consumo siga cayendo, hasta que vengan las paritarias. No mucho más.

Algunas certezas.
En medio de tanta incertidumbre hay al menos alguna certeza. La principal y casi excluyente, punto de apoyo del gobierno de Macri, es la administración Trump. Fue el presidente estadounidense quién presionó para que el FMI concediera el préstamo más grande de su historia primero y luego para que los tecnoburócratas del Fondo aceptaran -pasando sobre los reglamentos internos- que el Banco Central vendiera dólares del préstamo para mantener la cotización. Trump manifestó también todo su apoyo político a la candidatura de Macri, como lo hicieron después los presidentes de Brasil y Colombia. Es de suponer que también influyó sobre el Círculo Rojo.
Una última certeza de la que los principales candidatos tomaron nota: el FMI ya ha anunciado su voluntad de ofrecer un plan de facilidades extendidas, esto es reprogramar los pagos para la devolución de su préstamo. Sabe mejor que nadie que esa deuda, como la que se tiene con acreedores privados, es impagable. No en vano todos prenden velas a la gobernabilidad.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).