Indignación moral de algunos jueces

La denuncia del juez Luis Carzoglio por los “aprietes” que viene recibiendo es de una gravedad extrema y no registra antecedentes en la historia de nuestro país. A su vez revela el nivel de degradación al que está siendo sometido el Poder Judicial por parte del gobierno de Cambiemos mediante una estrategia de interferencias que no reconoce límites. Los jueces y fiscales son acosados y, llegado el caso, removidos con una facilidad pasmosa con el objetivo de lograr funcionarios dóciles y con miedo al dedo ejecutor de la Casa Rosada.
Hubo cámaras que fueron descabezadas por sus sentencias contrarias a la voluntad del Ejecutivo. Hasta la procuradora General de la Nación fue sacada de su cargo mediante un juego de presiones con el invalorable apoyo de los medios oficialistas, en tanto varios jueces y fiscales fueron corridos de sus cargos mediante maniobras abusivas, muchas de ellas pergeñadas desde el Consejo de la Magistratura convertido hoy en un tribunal de la Inquisición.
El juez de Avellaneda convocó a los medios para “desenmascarar” una “campaña de prensa” y mencionó expresamente al Grupo Clarín y La Nación como sus principales ejecutores. Luego señaló a varios periodistas -Majul, Feinmann, Ventura y Lanata- como responsables del “apriete” que viene sufriendo en su tarea. Como se dijo, no se recuerda nada siquiera parecido a estas imputaciones que abiertamente formuló el magistrado ante tantos micrófonos y cámaras.
Pero también apuntó contra otras dependencias del Poder Judicial, como la Procuración General bonaerense y la fiscalía de Cámara de Lomas de Zamora por su actitud cómplice con los belicosos medios macristas. Se sabe que jueces y fiscales, a cambio de inmunidad y buen trato informativos, abastecen a encumbrados periodistas de información reservada que luego utilizan profusamente en sus campañas destinadas a destruir la imagen pública de quienes caen en sus miras.
Lo más llamativo -y esperanzador- es que otros dos jueces -Víctor Violini, del tribunal de Casación Penal bonaerense y el camarista Juan Ramos Padilla-, con apenas horas de diferencia, también se animaron a hablar del tema y coincidieron con su colega Carzoglio en cuanto a los denominados “carpetazos” y las operaciones de la prensa porteña. Resulta evidente que estos magistrados, hartos de los manoseos del macrismo en complicidad con el llamado “periodismo de guerra”, se decidieron a hacer públicas estas denuncias que revelan el estado de descomposición al que ha sido arrastrado el Poder Judicial en nuestro país.
El uso de la Justicia como instrumento para perseguir a dirigentes opositores -lawfare, como se lo denomina- está alcanzando niveles de escándalo tanto en nuestro país como en la región. Este proceso no puede llevarse a cabo sin una profunda degradación del desenvolvimiento del aparato judicial. Y es precisamente esta consecuencia la que hoy ponen de manifiesto estos magistrados.
Se sabe que muchos integrantes del Poder Judicial no avalan este proceso de descomposición pero hasta ahora el malestar solo se manifestaba en conversaciones privadas. El miedo a enemistarse con un gobierno con tanto nivel de prepotencia que, a su vez, tiene a su disposición un ejército de periodistas tan agresivos como inescrupulosos, actuaba como poderoso silenciador de este estado de indignación que solo se expresaba en forma subterránea.
Es de esperar que esta saludable muestra de indignación moral, este cansancio ante tanto silencio cómplice que exhibieron estos tres jueces, se vuelva contagioso y muchos otros magistrados se animen a denunciar este oprobioso sistema de colonización del Poder Judicial que el gobierno y los medios están llevando a cabo. Se trata, nada menos, que de la salud de uno de los tres poderes del Estado, aquel que puede decidir sobre la libertad y los bienes de los ciudadanos.