miércoles, 13 noviembre 2019
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Industricidio y represión

Aunque a primera vista parezca que se trata de un error, el título de esta columna fue escrito adrede. Hay una explicación, no muy difícil de entender. La seguridad ciudadana no es un término independiente del desarrollo económico. Hay sólidos lazos que unen ambos factores y muchos casos para ilustrar al respecto. Noruega y Honduras; Suecia y Guatemala; Austria y Etiopía son binomios que reflejan un antagonismo brutal en la materia. Si una sociedad alcanza altos niveles de desarrollo y bienestar va a encontrar caminos mucho más sencillos para lograr reducir sustancialmente la inseguridad. En sentido contrario, si la pobreza, el desempleo y la marginalidad se extienden en una sociedad, crecerán también los índices de inseguridad pública. Ejemplos como los mencionados son muy claros al respecto.
En las últimas horas compitieron en los medios de comunicación dos informaciones. Una referida a la persistente caída de la actividad industrial y de la construcción durante un período prolongado y con guarismos dramáticos. La otra vinculada a una medida del Ministerio de Seguridad de la Nación: la intensificación de los mecanismos de vigilancia en los trenes del Gran Buenos Aires con una clara tendencia discriminatoria.
Los trenes del conurbano son, como es bien sabido, el transporte de las clases más humildes. Que en sus vagones, por lo general atestados de gente que viaja en procura de su sustento, gendarmes, prefectos y policías tengan ahora carta libre para exigir la presentación del documento de toda persona que porte rostro sospechoso, no hace más que ratificar el sesgo represivo y discriminador de este gobierno de CEOs que hoy está en retirada. Hasta el último día de gestión, el macrismo seguirá mostrando los dientes de su ideología de clase, imponiendo un sistema de requisa que nunca aplicaría en aeropuertos o en barrios privados. Para reforzar esta tendencia ahí están las expresiones del candidato a vicepresidente del oficialismo nacional proponiendo «dinamitar» y «volar por el aire» las villas de emergencia.
Algunos pocos datos pueden contribuir a mejorar la comprensión de este estado de cosas del que hablamos. Según un informe del Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA) en base a datos del Indec, desde que asumió el gobierno de Mauricio Macri hasta la mitad de este año cerraron sus puertas 21.644 Pymes y los despidos en la industria sumaron más de 145 mil. En el último año la actividad industrial cayó 6,4 por ciento con rubros como la fabricación de automóviles que se derrumbaron el 27 por ciento, de motocicletas el 20 por ciento y muebles el 16 por ciento.
Frente a este gigantesco industricidio el mejor «remedio» que encuentra este gobierno no es estimular la producción y el trabajo sino la represión, aplicando medidas de hostigamiento ciudadano que no se veían desde antes del retorno de la democracia en 1983 cuando nadie podía asomarse a la calle sin portar su documento.
Hoy es más evidente que nunca que este gobierno neoliberal es el que más aporta a la inseguridad -laboral, económica, personal- de los argentinos