miércoles, 27 octubre 2021
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Inflación: embestida del poder económico

El salto de la inflación en marzo superó todas las expectativas. La marca del 4,8% fue más alta incluso que los pronósticos de las consultoras privadas que por lo general son hostiles al gobierno y se nota en sus vaticinios (como también se notaba durante el macrismo, aunque en aquellos años con predicciones siempre favorables).
Este aumento en los precios minoristas es el más alto desde septiembre de 2019 cuando midió 5,9% por el salto del dólar tras las PASO de ese año. Además, es el sexto mes consecutivo que mide por encima del 3%, y en los últimos doce meses sumó un 42,6%. En el primer trimestre la inflación acumula un 13% lo cual torna cada vez más difícil la meta anual del 29% que planteó el gobierno.
Cuando se pretende buscar las causas de semejante nivel inflacionario aparecen las dificultades. Las tarifas se encuentran planchadas desde el inicio de la pandemia; el dólar no ha tenido movimientos significativos; lo mismo sucede con los salarios que, salvo excepciones, se siguen hundiendo, y por lo tanto los niveles de consumo están muy lejos de ser explosivos, con lo cual, es imposible encontrar razones que justifiquen tamaño aumento en los precios.
Un conocido economista no ortodoxo destacó que desde noviembre el promedio de los cortes de la carne subió un 50%. Ningún costo justifica ese aumento, por lo tanto «esto es especulación», reconoció. Es cierto que la exportación y la suba de los precios internacionales de los alimentos -la carne entre ellos- es un factor a tener en cuenta, pero los aumentos desmesurados en los precios no solo afectan la canasta alimentaria sino todos los rubros. En todo caso, lo que muestra esta situación es que el gobierno deberá implementar sin demora mecanismos para despegar los precios internacionales de los locales. Ya se escuchó a un funcionario hablar de retenciones, palabra que provoca escozor en el sector agropecuario el cual, a pesar de que tiene todos sus costos en pesos (impuestos, tarifas, salarios, etc.), pretende cobrar sus productos a valor dólar a los propios argentinos.
Es sabido que las formadoras de precios son las pocas pero grandes empresas que tienen posición dominante de mercado en cada segmento de la actividad económica. Esa elite está nucleada en la Asociación Empresaria Argentina, una cofradía que se jacta de facturar -entre todas sus firmas integrantes- 54.000 millones de dólares al año y exportar por 9.600 millones. Constituye un poderoso lobby económico -y, por lo tanto, político- y mantiene muy estrechos lazos, por identidad de clase, con el macrismo al que siempre apoyó con fuertes aportes monetarios en las campañas electorales.
La derecha cuenta con herramientas para desgastar a un gobierno que no tolera, entre ellas el poder económico. Es ingenuo, o suicida, ignorar la presencia de esta mano invisible detrás de la salvaje escalada de los precios que no se puede justificar, como se dijo, por el dólar, ni por las tarifas, ni por los salarios, ni por el consumo.
El poder político tiene también instrumentos para enfrentar esa prepotencia. Pero debe hacerlo con determinación y firmeza cuando los gestos amistosos, como ya se vio, fueron ignorados.