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Inflación récord

Si es cierto que «la inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar», como sostuvo Mauricio Macri, su gobierno quedó aplazado y con una nota muy baja. El Indice de Precios al Consumidor alcanzó nada menos que el 53,8 por ciento en 2019, el nivel más alto desde 1991, totalizando en los últimos cuatro años un 300 por ciento.
Con semejante fracaso debería esperarse ahora que tanto los dirigentes macristas, hoy enrolados en una furiosa oposición al gobierno del Frente de Todos, como los economistas neoliberales que aplaudieron y le dieron sustento «científico» a Cambiemos, se llamen a silencio. En verdad el desmesurado aumento de los precios que nunca pudieron -ni quisieron- controlar fue la mayor trituradora de salarios que pergeñaron para lograr el principal objetivo nunca declarado de su gobierno: bajar el «costo» laboral. El resultado fue dramático. Cuando Macri llegó a la Casa Rosada el salario promedio argentino medido en dólares era el más alto de Sudamérica. Cuando la abandonó el último 10 de diciembre el salario argentino se había hundido hasta los últimos puestos de la tabla. Neoliberalismo puro y duro.
Con este dato estadístico se demuele otra de las grandes mentiras con las que se pavimentó la llegada del macrismo al poder. No fue la única, pero sí una de las más resonantes y de las que contó con mayor apoyo de la prensa porteña. En la campaña electoral de 2015 el marketing macrista saturaba los medios y las redes asegurando que combatir la inflación «no sería un problema». También decía que bajar la inflación ayudaría a lograr «pobreza cero», otra de las grandes promesas electorales. Cuatro años después la ilusión quedó destrozada. La inflación fue la más alta en tres décadas y la pobreza subió a niveles de escándalo: más del 40 por ciento de la población, aunque entre los niños hasta 17 años superó el 50 por ciento.
El macrismo se fue del gobierno sin cumplir una sola promesa y sin lograr siquiera un indicador económico positivo. Eso sí: los bancos, las energéticas, las mineras y los agroexportadores acumularon ganancias como nunca. La generosidad de Macri se agotó con los más ricos; para el resto de la sociedad no hubo ni limosnas.

Depredadores
El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires realizó una denuncia impactante. Bajo el gobierno de María Eugenia Vidal el laboratorio del Estado dejó de fabricar la vacuna contra el sarampión y hoy es necesario gastar centenares de millones de pesos para importar ese insumo vital para la salud pública ante el retorno de brotes de esa temible enfermedad.
Días atrás, en la localidad bonaerense de Melchor Romero, se encontraron en un depósito nada menos que 160 mil dosis de vacunas vencidas, y poco antes el ministro de Salud de la Nación había denunciado que en el Puerto de Buenos Aires había retenidas, sin causa que lo justifique, 12 millones de dosis de distintas vacunas.
Es muy difícil encontrar una expresión para calificar estos hechos. Lo que queda de manifiesto es que el gobierno anterior no tenía entre sus prioridades el bienestar de la población ni la preservación de la salud pública. Es imposible justificar tamaña indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La interrupción, o la cobertura deficitaria, de campañas de vacunación habla por sí sola de un gobierno que aplicó a rajatabla una ideología -el neoliberalismo- a cualquier precio. A la hora de «achicar el gasto público», uno de los objetivos sacrosantos del catecismo ortodoxo, no se fijaron límites y llegaron al extremo que relatan estas noticias ominosas.
Ya no quedan dudas de que se trató de un gobierno depredador que, con tal de asegurar altísimos niveles de ganancias a la elite económica, no dudó en aplicar un modelo que llegó a niveles de crueldad nunca vistos en gobiernos electivos desde la recuperación de la democracia.