Ingleses, dirigentes de la CGT y Macri, fieles a su naturaleza

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Por supuesto que la gente y las entidades que integra pueden cambiar. Y eso está bueno, cuando el cambio es para mejor. Pero también es cierto que hay personajes y organizaciones que son fieles a su naturaleza de clase.
De los ingleses se pueden decir muchas cosas pero no que no mantengan una misma línea, por caso sobre nuestras Malvinas, para ellos tienen otro nombre que el cronista no quiere repetir.
Pueden pasar primeros ministros laboristas, conservadores o mixtos, hombres o mujeres como David Cameron y ahora Theresa May, con la horrible reina de las últimas décadas, etc, pero a despecho de esos vaivenes, su política malvinera se mantiene inalterable.
Londres considera que esas islas son suyas, más luego de su recuperación militar sellada el 14 de junio de 1982, y no aceptan ni siquiera hablar de dialogar sobre soberanía. En el tiempo transcurrido desde la rendición incondicional del general Mario B. Menéndez, han buscado explorar y explotar prácticamente la riqueza petrolera de mares circundantes así como la pesca.
Y como reaseguro de que los argentinos no podrán nunca más acercarse como aquel 2 de abril de 1982 a Puerto Argentino, han modernizado su base militar en Mount Pleasant. Allí tienen acantonados a 1.500 efectivos, con aviones, artillería y barcos. Y en forma puntual, hacen ejercicios militares que incluyen el uso de misiles, como lo repetirán desde el 19 al 28 de octubre próximo, según informó nuestro Servicio de Hidrografía Naval, por los riesgos que conlleva para la navegación. La entidad, con buen criterio, acusó en su comunicado que aquella es una actividad de quienes ocupan ilegítimamente una parte de nuestro territorio.
Y hasta la cancillería, desmalvinizadora hasta el tuétano, citó de urgencia al embajador británico en Buenos Aires, Mark Kent, para criticar los ejercicios. Eso le cupo al vicecanciller Carlos Foradori, debido a que Susana Malcorra está en Roma secundando a Mauricio Macri en su periplo vaticano. Luego la canciller hizo desde Italia declaraciones cuestionando la actitud británica.
“Tarde piaste” se podría decir de la ocupante del Palacio San Martín y también de su segundo, porque un día antes habían sido denunciados penalmente por el Centro de Ex Combatientes de Malvinas (Cecim) de La Plata, a raíz de sus actitudes pro-británicas de septiembre pasado. En esa ocasión habían firmado un comunicado conjunto con el vicecanciller Alan Duncan comprometiéndose a remover diez obstáculos para mejorar las relaciones bilaterales en hidrocarburos, pesca, navegación, etc, sin discutir lo que debía ser asunto candente para nuestra parte: soberanía de las islas.
Parafraseando al desairado ministro Pugliese frente a los capitanes de la industria de los años ’80, Malcorra podría decir que a los ingleses les habló con el corazón y le contestaron con un misil. Aspirante a la secretaría general de la ONU debería saber que el imperialismo británico no cederá por las buenas a Malvinas. Está en su naturaleza, como en la del escorpión.

CGT sin paro.
En la CGT no hay una línea tan marcada e inalterable como en el Foreing Office. Hay allí tendencias muy fuertes a la burocratización y abandono de los intereses de los trabajadores, sobre todo desde el vandorismo en adelante, pero ese curso suele ser resistido por las bases y otros sectores de trabajadores que, en ciertos momentos históricos, logran abrir un cauce diferente.
Un caso muy notorio fue la CGT de los Argentinos en 1968, con el gráfico Raimundo Ongaro y sus regionales combativas como la de Córdoba, con Agustín Tosco y Atilio López, que venía de la CGT “legalista”. Sin embargo, esos “desvíos” combativos no fueron la ley sino la excepción. Luego con los aparatos, los fraudes, la violencia, la ayuda patronal y el concurso de la fuerza estatal -y no sólo las disposiciones del ministerio de Trabajo-, se lograba que las aguas volvieran a tributar al molino de Azopardo 802.
Recientemente se hizo allí el congreso de unificación y asumió un triunvirato que tomó una pose antimacrista y hasta en un congreso confederal votó la realización de un paro general, aunque sin ponerle fecha.
Por la gravedad de la situación gremial, económica y social, donde los estudios y estadísticas hablan de 178.000 despidos en la gestión Macri, en su mayor parte de la parte privada, aunque también 66.000 de la Nación y provincias, todas las suposiciones creían que se venía el anunciado paro.
No fue así, a pesar que cada semana mostraba mayores elementos recesivos y de consecuente caída de fuentes laborales e ingresos para los asalariados formales e informales. Para el FMI, fuente de insospechado antimacrismo, la Argentina terminará el 2016 con una caída del PBI del 1,5 por ciento. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) en su más reciente informe empeoró la nota porque afirmó que el retroceso del producto sería del 1,8 por ciento, el doble de negativo que el promedio de toda la región.
En esos días en que los obreros de Expofrut, Arcor, Renault, Fiat y tantas otras empresas recibían noticias negativas de despidos y suspensiones, crecía la expectativa de un paro general de la CGT para que el ajuste frenara o al menos moderara su filo.
No fue así. El día clave fue el miércoles, cuando los dirigentes sindicales mencionados se reunieron con el ministro de Trabajo y el vicejefe de Gabinete, llegando a ciertos acuerdos. Éstos prometieron pagar un bono de mil pesos a jubilados que cobren la mínima y a los que perciben la Asignación Universal. Y que los salarios de hasta 30.000 pesos no pagarían el impuesto a las ganancias del medio aguinaldo; tendrían una eximición de 15.000 pesos quienes cobren sueldos de hasta 55.000 pesos en bruto. Con eso más la promesa de citar a una mesa de producción y trabajo para ver si los patrones privados aceptarían pagar ese bono, los cegetistas guardaron el paro bajo siete llaves.
Esa agachada sindical encrespó las aguas del debate interno y crecen las posibilidades de que la protesta gremial se dé lo mismo, aunque limitada a las dos CTA y gremios de la CGT, sin llegar a la envergadura de un paro total. Como el triunvirato tampoco es macrista, no se puede descartar que en algún momento pegue alguna voltereta porque el gobierno lo dejó pagando…

Otros que no cambian.
Macri no cambia su orientación favorable a la inversión extranjera y monopólica de capitales nacionales asociados a aquéllos, como se pudo apreciar en el inicio de las obras del soterramiento del Sarmiento. Es una obra entregada a Iecsa, la empresa de su primo hermano Angelo Calcaterra, en un contrato por 45.000 millones de pesos, individualmente la más importante de la actual administración.
Ese feeling con el gran capital se refrescó en el coloquio de Idea en Mar del Plata, adonde fue el mandatario a presumir que su gobierno ha logrado promesas de inversión por 48.000 millones de dólares, que aún están verdes por su ausencia práctica. Son anuncios que sirven para el marketing, del mismo modo como el presidente acudió a Roma e hizo propaganda ante el Papa sobre los planes que supuestamente tiene para mitigar la pobreza. La otra cara de esa realidad son las 6.000 empresas que han cerrado, que no son las grandes que se dan cita en aquel coloquio en la Feliz.
La total falta de sensibilidad tuvo otra vez de portavoz al ministro, Esteban Bullrich, refiriéndose a la juventud con poco acceso a la educación. Declaró que la plata de la asignación universal se la gastan en balas, superando la marca del ex senador Ernesto Sanz en aquello de que el dinero de la AUH se iba en Buenos Aires “por la canaleta de la droga y el juego”.
Bullrich es ministro de Educación pero viene manejándose como un borracho al volante, embistiendo lo que se le pone delante. En Río Negro había levantado polvareda tras asegurar que los planes del gobierno nacional en la Patagonia implicaban “una Campaña del Desierto pero sin espadas, con educación”.
Hasta ahora Francisco venía tomando distancias con el rostro tan poco amable del ajuste, alentando las quejas de los trabajadores informales agrupados en la Ctep. Según Macri, al salir de la entrevista de ayer, el Papa elogió los esfuerzos sociales realizados por su gobierno en Buenos Aires, especialmente por parte de la gobernadora María E. Vidal y la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley. Antes de dar esos elogios por ciertos habría que esperar un poco de tiempo. Pueden ser reales o ser expresiones de deseos vaticanos, ante la realidad dolorosa de 1.4 millón de nuevos pobres generados por el actual gobierno.
Otro tema que no tiene visos de mejorar y que venía de mucho antes -no es una factura a pasar al macrismo-, es la situación de las mujeres. A pocos días del 31° Encuentro Nacional de Rosario, donde 70.000 mujeres debatieron en talleres su problemática y la del país, y donde no faltó la represión policial, se dieron otros casos de femicidios, como el de Lucía Pérez de 16 años, violada y asesinada en Mar del Plata.
Por eso numerosos colectivos de mujeres han convocado a una jornada nacional de protesta el 19 de octubre, de 13 a 14 horas, con cese de actividades en los trabajos, ruidazo, cuelgue de banderas y salida a la puerta de los lugares de trabajo y/o estudio. Difícilmente Juliana Awada y mujeres VIP como ella sean de la partida.

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