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Integración es más que oficina de venta

PUNTO DE VISTA

Nelson Nicoletti (*)
Finalmente las ocultas, pero no secretas, intenciones de Bolsonaro quedaron expuestas en la aceleración de las negociaciones en nombre del Mercosur con países (Corea del Sur, Canadá, China) que buscan acuerdos rápidos y ventajosos a costa de las contradicciones de los integrantes de nuestro bloque regional.
Así quedó claro días atrás cuando en la mesa de negociaciones nuestro país advirtió que participará pero en forma más lenta y cuidando los intereses de Argentina, atento a la crisis agravada por la pandemia. Esta nueva circunstancia exige aún más que antes cuidar el trabajo y el capital argentino. El diario porteño BAE, que adhiere «hacia un capitalismo nacional», escribió estos días que «la sensibilidad (amenazas) respecto de Corea del Sur tiene relación con la industria electrónica y la automotriz; en tanto que con Canadá hay que poner la lupa en el capítulo de los servicios. Con Singapur no hay problemas con los aranceles que son cero en general pero sus cadenas de valor tienen relación con China y otras naciones asiáticas, y merecen un estudio. La negociación con India es muy compleja, especialmente en los sectores textil y medicamentos».
Cuando algunos operadores anunciaron que la actitud argentina ponía en peligro el Mercosur, omitieron decir que algunos están avanzando hace bastante, y más precisamente desde la llegada de Bolsonaro, procurando forzar la marcha para arribar a acuerdos comerciales que no tienen ventajas simétricas para todos los socios. De allí que Argentina anunció que quiere hacer foco en esto y diferenciarse de los intereses de los demás países del Mercosur que circunstancialmente están a favor de acordar con Corea del Sur, avanzar con Canadá y China. Nuestro país está obligado a defender el trabajo de argentinos. Las increíbles trampas envenenadas que dejó Macri en el capítulo de la relación de Argentina con el mundo incluye siempre haber privilegiado el poder financiero y la intermediación parasitaria por sobre la industria y al trabajo de nuestra gente.
¿Cómo es posible que siempre debamos ceder tan perniciosamente en nuestros derechos? Pero aún es más grave: todo esto está referido solamente a la cuestión del tráfico comercial, reducida a una transacción mercantil, propio de un capitalismo descerebrado. No pueden quedar fuera de consideración los valores e ideales que hicieron grande la causa de América Latina, unida y solidaria, compensando con generosidad las desigualdades propias de una sociedad tan atrozmente atacada por el salvajismo capitalista. La integración de nuestros pueblos no se construye con oficinas de compra y venta, ni «saladitas» de escritorios, sino compartiendo una misma mirada para hacer progresar a nuestras naciones y mejorar la vida de sus habitantes.

(*) Parlamentario del Parlasur por La Pampa (PJ).