Intelectuales plantean sus contrapuestas visiones políticas

Aunque Jorge Lanata quiera convencer que la de Argentina no es una verdadera democracia, sí lo es, con todos sus
defectos. Y una prueba es la existencia de opiniones tan contrapuestas de intelectuales, que circulan sin censura.
EMILIO MARIN
Para una corriente de intelectuales y periodistas existe una caricatura de democracia. Auguran que recién en 2015, si es derrotado el actual oficialismo, se conocerá una democracia en serio. Algunos de los que sostienen esa posición alineada con Clarín, tienen programas en Todo Negativo, como Joaquín Morales Solá, quien publica los domingos en “La Nación”. Quizás esa “combinación” sea valorada por sus lectores como una prueba de que no es un empleado de un monopolio sino de un oligopolio.
El domingo Morales Solá escribió: “el discurso de Cristina Kirchner ante las Naciones Unidas no fue recogido por ningún otro presidente. Hubo votaciones simbólicas a favor de un nuevo orden financiero para las deudas soberanas. Nada más. La tensión con Washington ha llegado ya a su punto más alto. No hay regreso cuando se maltrata de esa manera a potencias mundiales. Los vecinos (Brasil, Chile, Uruguay) están tan cansados del gobierno argentino como los principales países occidentales. Washington y Berlín eligieron el camino más pragmático: no harán nada. Esperarán al próximo gobierno”.
Esperarán al próximo gobierno. Igual que él y sus patrones Magnetto-Mitre.
La columna de “Gaceta Ganadera” concluía: “Kicillof pasó por China. Un funcionario chino que lo escuchó hizo después, ante un diplomático europeo, un comentario irónico: ‘Hacía muchas décadas que no escuchábamos en Beijing un discurso maoísta’. El cristinismo y Kicillof tienen, como diría Borges, todo el pasado por delante”.
Con chismes de fuentes incomprobables, ese editorialista hace maccartismo contra el ministro, al que ya le pegaba por sus lecturas de Marx como economista. Morales Solá reclama contra el “pensamiento único”, junto con la ex maoísta Beatriz Sarlo a la que, por supuesto, no maltrata como a Axel Kicillof.

Otro por derecha.
En el mismo andarivel de derecha anda el historiador Luis Alberto Romero, columnista de “La Nación” y otros medios. Este domingo publicó en “La Voz del Interior” una nota que festejarían los caceroleros. Claro que para ello estos ciudadanos de mucho ruido y poca reflexión deberían tomarse un respiro de tantos almuerzos de Mirtha Legrand, PPT de Lanata y la seguidilla de reportajes del nuevo Blumberg, Ivo Cutzarida.
La nota se titula “Un Gobierno sin Estado” y allí Romero muestra su nula equidistancia al describir a Argentina: “todo esto se potencia durante la administración de los Kirchner, con algunas novedades. Una fue el pasaje de la prebenda y la coima tradicional a la organización de un verdadero sistema depredatorio, manejado por las autoridades políticas, que merece una denominación: cleptocracia”.
En esto el liberal Romero debe pagar copyright a un colega que también publica en “La Nación”, Emilio Cárdenas. Este autor era banquero y representaba en Buenos Aires al ahora muy conocido Banco de Nueva York (BoNY), el desplazado agente fiduciario de pago de los bonistas que no cumplió con girar a sus clientes el dinero depositado por el país. En el menemismo, el banquero lo acusó de ser una “cleptocracia”. El riojano le ofreció la representación ante las Naciones Unidas y el acusador se convirtió en instantáneo funcionario. No es creíble que el mismo derrotero emprenda Romerito, demasiado apegado a historias de pago chico y rioplatense.
En marzo de 2012 firmó con otros opositores un pronunciamiento crítico del gobierno por conmemorar el día de los ex combatientes caídos en Malvinas el 2 de abril. Pidió que se escuchara a los kelpers, que son “sujetos de derechos”, junto a Sarlo, Marcos Aguinis, Pepe Eliaschev, Santiago Kovadloff y Juan José Sebreli. Cualquier coincidencia con la embajada de Londres habría sido una casualidad si Romero no hubiera escrito en Clarín que si se quería conmemorar algo relacionado con las islas se debía hacerlo el 14 de junio, el día de la capitulación.
Aunque esos pensadores suelen ufanarse de lo independiente de su pensamiento, de ser académicos incontaminados, tienen su afiliación, con o sin carnet. El 29 de mayo del año pasado Romero publicó una columna casi partidaria, “La decadencia argentina”. La remató: “cambiar el rumbo de la larga crisis argentina es una tarea prolongada y compleja. Pero constituir en 2015 un gobierno que inicie ese camino está en el orden de lo posible”.

Carta Abierta 17.
En otro rincón, opuesto, están los intelectuales kirchneristas de Carta Abierta, encabezados por Ricardo Forster, Horacio González y Eduardo Jozami, que suelen ser frecuentemente invitados por 678.

Este fin de semana se conoció el texto de su Carta Abierta número 17: “Buitres y halcones, crítica de la economía política del capitalismo de la globalización”.
El tono es de preocupación por la situación política actual y su posible desemboque en el sentido restaurador que procuran Morales Solá y Romero. Se lee en la Carta: “hoy, luego de once años, vivimos un momento de extremo riesgo; por primera vez el bloque de los poderosos ha generado una colusión de intereses para derrotar el Proyecto nacional y popular”. Pintan cuál es el infierno tan temido: “nuevas y viejas derechas encarnan este peligro de restauración de la Argentina neoliberal”.
Además de señalar riesgos políticos, advierten sobre las provocaciones, las presiones devaluatorias y los intentos de saquear el bolsillo popular con carestías y devaluaciones.
El gobierno nacional habrá tomado nota positiva de ese pronunciamiento. A lo sumo sentirá cierta incomodidad con una propuesta de Carta Abierta que no figura en el nomenclador oficial. Los intelectuales le plantean una suerte de estatización del comercio exterior, más que justificable en este contexto de falta de divisas para el Estado. Exhortaron a “una más intensa y decisiva participación estatal en todas las esferas del comercio exterior para defender una cuestión clave para la autonomía económica: el dominio y la defensa de las reservas en divisas”.
Es una propuesta muy correcta y valiosa, pero lamentablemente el gobierno no la tiene en la agenda “light”.

Pifias y renegados.
Tratándose de intelectuales, con opiniones para todos los gustos, es lógico que cada quien tenga sus preferencia y antipatías. De las expuestas en esta nota, el cronista siente más cercanía con Carta Abierta, si bien no la integra y discrepa con su tono marcadamente kirchnerista, onda 678, aunque sin llegar a tanto.
Sabe que más allá de las opiniones políticas, algunos de los intelectuales neoliberales merecen ser escuchados o leídos, porque ciertas piezas suyas pueden ser de interés (caso del ultra reaccionario Mario Vargas Llosa y sus antológicas novelas “La guerra de fin del mundo” y “El sueño del Celta”, que leyó ávidamente, casi como un devoto del peruano).
Lo que causa cierto estupor y crítica son los giros copernicanos o cambios de dirección ideológica, que ponen de pronto a ciertos luchadores o progresistas en el mismo equipo de los represores o conservadores. Lo grafica el caso de Lanata, desde su tiempo de “progre” Página/12, hasta su conchavo con Magnetto en Canal 13, Radio Mitre y columnas Clarín.
Aumenta esa crítica cuando tales realineamientos no son ideológicos sino estimulados por jugosos contratos con esas empresas, porque entonces no serían mutaciones sinceras sino hechas a precios de mercado.
Hablando de intelectuales que reniegan de sus orígenes y de otros momentos claves de sus vidas, el fin de semana lo ilustró con el sociólogo, semiólogo y profesor emérito de la Universidad Nacional de Córdoba, Héctor Schmucler.
En un extensísimo reportaje del suplemento Temas, de La Voz del Interior (de Clarín, vale la aclaración), Schmucler contó que en los ’60 era del Partido Comunista y admirador de José Stalin, pero luego advirtió que se trataba de un “feroz dictador” y se alejó de allí junto con el grupo de José Aricó, de la revista Pasado y Presente. Luego se fue y recaló en Montoneros, con el que rompió porque consideraba que fue “una copia del stalinismo pero con otras características”. En su relato incluyó un alto como seguidor del alfonsinismo, pero sin tomar compromisos. Hoy dice le provoca mucha simpatía el UNEN, porque “es uno de los pocos lugares de acción política donde hay tanta posibilidad de discutir internamente, sin aferrarse a ideas duras preconcebidas como ocurre con algunos grupos de la izquierda”. O sea que Elisa Carrió y Pino Solanas serían tolerantes y plurales…
De Cuba asegura sin pruebas que se convirtió en una “simple dictadura de izquierda” y acusa a su comandante en jefe porque “muchos compañeros de Fidel también fueron desapareciendo”. Fue lapidario sobre el Che: “no estaba en el espíritu del Che hacer una revolución de orden libertario. Era un verdadero apasionado por el culto a la violencia y la muerte”.
El ex marxista Schmucler vino a coincidir, tardíamente, con los exiliados cubanos más fascistoides de Miami y con la oligárquica UceDe de Alvaro Alsogaray; su ex legislador cordobés Prudencio Bustos Argañaraz, del Partido Demócrata, hacía años había calificado a Guevara de “asesino serial” (La Voz del Interior, 13 de noviembre de 2007).