Interés por el voto en EE.UU. y por todo voto

Señor Director:
El próximo martes se votará en los Estados Unidos para renovar el poder ejecutivo y parte del legislativo.
Al promediar la semana se vivió una oleada de inquietud en la economía mundial, con caídas de importancia en las bolsas. Este fenómeno fue atribuido al avance de la candidatura republicana (Donald Trump), pisándole los talones a la demócrata (Hillary Clinton). El actual presidente, Barack Obama, salió a participar activamente en la campaña y esto se leyó como señal de que no se descontaba la victoria.
Entre la Clinton y Obama existe la relación de militar en el mismo partido. Además, Obama fue el primer afroamericano que llegó a la presidencia, en tanto Hillary podría ser la primera mujer que llega a ese cargo. Si esta posibilidad se cumple, los Estados Unidos podrían presentar ante el mundo la imagen de una gran potencia que confirma su vocación principista, en lo relacionado con la igualdad (razas, sexos). La experiencia con Obama no puede decirse que haya sido espectacular. No pudo cumplir algunos de sus compromisos trascedentes en política interior y tampoco en lo que algunos esperaban de él en política exterior. Para quienes han seguido la trayectoria de los Clinton y la de Hillary, en sus años de primera dama y en el desempeño posterior de la jefatura de las relaciones exteriores, no esperan que ella promueva cambios mayores en lo internacional ni en lo interno.
La política interior de Obama fue posible en tanto no colisionara con lo que algunos llaman el “círculo rojo”, el poder informal pero real, que limita de hecho los poderes formales. Permitió conocer la realidad del poder informal, representativo de tradiciones muy arraigadas en parte de la población, como el culto de las armas de fuego. Este poder en la sombra desde hace tiempo expresa a un mundo de negocios y finanzas que hace el juego actual de condicionar al estado nacional al mismo tiempo que se desliga de obligaciones respecto de lo nacional, como lo revela la existencia de los llamados paraísos fiscales, que ya canalizan una parte sustancial de las riquezas acumuladas en el mundo. La política que el gobierno de USA apoya y hasta conduce en el exterior, como se puede visualizar en Venezuela, pero también en toda nuestra región, tendiente a fortalecer a los grupos ligados al mundo de las finanzas que luchan por conquistar el dominio del Estado, es la misma que condiciona o limita el poder del gobierno formal en la primera potencia. Este es un tema que, entre otros significados, permite sospechar que la democracia vive hoy una de sus crisis más profundas, en la que el pueblo no es tan soberano como se proclama institucionalmente. De Obama se esperaba más y creo que puede decirse que respondió en la medida de lo posible, aunque ignoro en qué medida con respecto a su propio ideario. De Hillary se espera menos, incluso en el tema de los derechos femeninos. El tiempo lo dirá, pues también en la realidad mundial operan fuerzas que recelan del poder informal y estiman que el capitalismo ha entrado en una fase crítica, de consecuencias por ahora imprevisibles. Por ejemplo, el ascenso social de la mujer se produce por el juego de procesos sociales que tienen su propia dinámica.
En cuanto al candidato Trump puede ganar al haber aplicado hasta con desenfado el método que ensayó la gobernadora de Alaska, cuando fue candidata a vicepresidenta de la nación: el desenfado de decir lo que mucha gente dice y mucha gente cree, pero que las convenciones vigentes vedan con la advertencia de que “eso no se dice”. Esa mujer carecía de formación general, pero tenía desenvoltura y cuando vio que atenerse a las convenciones la condenada a la derrota, apeló a excitar ese fondo irreverente y, por lo común, reaccionario, que es el modo no convencional de creer y querer de mucha parte del padrón. En aquella ocasión (2008) venció Obama. Se verá si Hilary repite ese resultado.
Atentamente:
Jotavé

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